'La llamada de lo salvaje'
Buck, el perro del juez Miller, lleva una existencia tranquila en una espaciosa hacienda del valle de Santa Clara, en las tierras soleadas del sur de California. Ignora que mucho más al norte se ha desatado la fiebre del oro. Miles de personas recorren las orillas heladas del río Yukón a la búsqueda del metal que les hará libres y ricos. El destino del animal queda unido para siempre a ese mundo de hombres huraños, supervivientes a mil penurias, cuando un empleado del juez secuestra a Buck para venderlo a un tratante de perros y pagar así sus deudas de juego.
No será sólo un cambio de amo y territorio. La nueva situación desencadena una transformación profunda en el carácter del perro. Buck abandonará todo sentimiento de altruismo o lealtad a cualquier idea que no sea su propia supervivencia. Tras contar cómo Buck olvida sus remilgos y empieza a robar la comida de otros perros más débiles, London recuerda que "en las tierras del norte, bajo la ley del garrote y el colmillo, el que tuviera aquellas cosas en cuenta era un necio y mientras las respetase no podría prosperar".
En este ambiente hostil y despiadado, tan lejos de la civilización, Buck va acercándose inexorablemente a su naturaleza profunda. El perro termina respondiendo a la llamada de lo salvaje "y cuando, todavía en las noches frías y silenciosas, alzaba el hocico hacia una estrella y lanzaba un aullido largo y alobunado, en él revivían sus antepasados, ya muertos y convertidos en polvo, apuntando a una estrella y aullando durante siglos hasta su existencia presente".
Jack London nació en San Francisco en 1876. Su infancia estuvo marcada por la pobreza. Con 14 años empezó a trabajar como marino y luego desempeñó diversos oficios antes de dedicarse a la literatura. La llamada de lo salvaje, publicado en 1903, le hizó ganar gran popularidad. En 1916 murió en Glen Ellen, California.
- 'La llamada de lo salvaje', de Jack London, podrá adquirirse el miércoles por 1 euro al comprar EL PAÍS.
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