Urnas con cerveza y peluqueros

Un turista que visite Vladivostok notará la presencia de chinos, la nieve en las aceras que nadie limpia y que el suave sol preprimaveral derrite un poco durante el día para amanecer convertidas en una peligrosa pista de patinaje, pero difícilmente se enterará de que el próximo domingo se celebran elecciones presidenciales.

En el centro de la ciudad no hay ni un solo cartel electoral. La ausencia de pancartas que llamen a votar por el presidente Vladímir Putin es comprensible: desde un principio, el líder ruso dijo que no haría propaganda electoral directa a su favor. Le basta la gran cobertura que la televisión y los periódicos dan a sus entrevistas, reuniones y "visitas de trabajo" a las regiones rusas. Putin también ha renunciado a utilizar los espacios que las televisiones están obligadas a dar gratis a los candidatos para hacer propaganda, así como participar en los debates.

La campaña de Putin no tiene nada que ver con la que realiza un presidente que lucha por la reelección: no sólo mantiene en estricto secreto sus viajes, sino que tampoco participa en mítines. Lo que no se puede entender es que los otros candidatos tampoco pongan carteles en la ciudad. No quieren gastar dinero en una batalla que está perdida. A pesar de la ausencia de propaganda electoral, los habitantes de Vladivostok acudirán en su mayoría a las urnas. Y ello por una razón sencillísima: las generosas cantinas que se organizarán en los colegios electorales. Allí, el pan costará 5 rublos en lugar de 15, y la cerveza se venderá a mitad de precio. Además, distribuirán cupones para poder ir a la peluquería a cortarse el pelo gratis y, para los jóvenes, entradas gratis a las discotecas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 08 de marzo de 2004.

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