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CARTAS AL DIRECTOR

Respuesta sobre las escuelas de idiomas

En relación a la carta de 23 de febrero de un lector de Valencia y como profesora en una Escuela Oficial de Idiomas me veo en la necesidad de aclarar algunas inexactitudes e incongruencias de dicha carta. Es cierto que las EE OO II desempeñan, desde su creación hace más de un siglo, un papel importantísimo en el fomento de la enseñanza de idiomas. Es una modalidad de enseñanza accesible a todos los ciudadanos, puesto que se integra en el sistema público de enseñanza.

Sin embargo, no es exacto que se exija, como condición de acceso, el bachillerato: a los 14 años -edad mínima- un alumno en condiciones normales cursa el segundo ciclo de secundaria, y a un adulto se le exige únicamente el graduado escolar. Son precisamente estas mínimas exigencias académicas, junto a otras características, como la casi gratuidad de esta enseñanza las que la convierten en accesible para una mayoría de ciudadanos.

Pretender equipararla a una diplomatura y, no digamos ya, a una licenciatura (a la que se accede con el bachillerato y la prueba de acceso a la universidad superada) refleja un desconocimiento total de lo que implican unos estudios universitarios. Hacerlo sería equiparar esta modalidad de enseñanza que requiere la asistencia a cuatro horas y media de clases a la semana durante los cinco cursos (lo que equivale a un curso aproximadamente de una filología) y un examen obligatorio por curso (en el que se evalúan únicamente conocimientos lingüísticos) con lo exigido para la licenciatura de cualquier filología: el número de horas de clases, las diferentes asignaturas que se cursan (aparte del idioma correspondiente, materias relacionadas con la cultura y la literatura de ese idioma y con su evolución a través del tiempo, otras materias complementarias e incluso un segundo idioma), exámenes que superar, trabajos de investigación y estancias casi obligadas en el extranjero.

El título de la Escuela Oficial de Idiomas sirve para lo que tiene que servir: como un elemento nada despreciable en un currículum, como mérito indiscutible para acceder a otros estudios o al mundo laboral.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 1 de marzo de 2004