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Reportaje:

Del mus a Internet

El centro Buztintegi de Legazpi se convierte en modelo de renovación de los hogares de jubilados

Atrás quedó para ellos la típica estampa de un grupo de abuelos jugando al mus o al dominó. Los integrantes de la junta directiva de la Asociación de Jubilados y Pensionistas Buztintegi de Legazpi (Guipúzcoa), presidida por Victoriano Arrazola, se han zambullido en un proceso de renovación del centro. Quieren hacer de él un espacio abierto a la sociedad, un lugar donde sus socios puedan aprender, pero también impulsar ideas para enseñar y comunicarse con las nuevas generaciones. Un lugar donde se gesten acciones solidarias con los mayores dependientes. Un lugar, en definitiva, donde la llamada tercera edad, que el próximo año rondará el 20% de la población de Euskadi, adquiera un papel de primera.

Un premio de 15.000 euros reconoce la filosofía y actividades de la asociación

Para llevar a la práctica esta filosofía, para dar forma a una nueva postal en la que no faltan Internet, el teatro o las clases de euskera, Buztintegi está inmersa en un amplio programa de actividades. No es el único centro empeñado en modernizarse. Hay más. Pero sí es la asociación que ha diseñado y puesto en marcha un proyecto que esta semana ha recibido los 15.000 euros del primer premio del concurso Solidarios 2003, convocado hace un año por la Diputación de Guipúzcoa y el Consejo de Personas Mayores precisamente para impulsar la reconversión de los hogares de jubilados de este territorio.

Este premio es un acicate moral y económico para Buztintegi. Un empujón para seguir con sus múltiples actividades, entre las que figuran las clases de cultura general. En ellas se imparten matemáticas para la vida cotidiana, lengua y escritura, noción del medio y conocimiento del cuerpo. A estas clases se suman las de informática.

El presidente de la asociación echa la vista atrás para justificar estos contenidos formativos. Y explica que la tradición industrial de Legazpi no requirió en el pasado trabajadores con excesiva formación. Esos trabajadores son ahora los abuelos socios de Buztintegi, entre quienes no falta alguno que recuerda que con sólo ocho años tuvo que ponerse a cuidar rebaños o que se pregunta para qué quiere aprender a estas alturas informática. "No tenemos ningún titulado entre nuestros socios, salvo un par de maestras viudas de empleados manuales", apunta Arrazola, quien ha repartido su vida profesional como administrativo entre Patricio Etxeberria y Caja Laboral.

El euskera también forma parte del proyecto de Buztintegi. Ya hay un grupo de socios euskaldunes que acude a clases de alfabetización. Tras resolver cuestiones económicas, la asociación confía en poder poner en marcha este mes un grupo de iniciación, dando así respuesta a los alumnos que están en lista de espera. "La mitad de nuestros socios son castellanoparlantes con nietos euskaldunes. Es preciso romper esa distancia, posibilitar que los abuelos puedan intercambiar unas palabras en euskera con sus nietos", comenta Arrazola, alumno del curso de alfabetización.

Acude también a gimnasia. Y el próximo día 11 estrenará la tertulia literaria. Él y sus compañeros, algunos aún sin jubilar, comentarán la obra Caperucita en Manhattan, de la escritora Carmen Martín Gaite. Este grupo de lectura, compuesto por una veintena de hombres y mujeres, tiene entre sus proyectos de futuro publicar una o dos veces al año una revista de información general.

No faltan en Buztintegi las clases para ejercitar la memoria. Ni un grupo de teatro, que este año está mejorando sus dotes sobre las tablas acudiendo a un taller. O un coro, que además de ensayar recibe clases de solfeo y modulación de la voz.

Pero la asociación no se olvida de los mayores imposibilitados para ir al centro. Un grupo de voluntarios acude cada día a la residencia de ancianos para hacer más llevadera la estancia de las personas dependientes. Tampoco despista las relaciones con los jóvenes. Algunos socios visitan de vez en cuando la ikastola para charlar con los niños y contarles cómo era antes Legazpi, que alberga a 8.785 habitantes. Y, por supuesto, el centro no duda en abrir sus puertas a colectivos que precisen de su colaboración.

Xabier Jauregialzo, el ordenanza del centro, es testigo de sus nuevos aires. "Como en otros hogares de jubilados, antes el catalizador era el bar. Según se han ido potenciando diferentes actividades, eso ha cambiado, le hacen competencia", asegura, aunque precisa que son los nuevos socios los más animados. Buztintegi cuenta con 1.150 socios, de los que 300 participan en una u otra actividad. La junta directiva, formada por seis hombres y cuatro mujeres, aspira a, poco a poco, ir aumentando esta cifra.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de febrero de 2004