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"Sumamos 125 años"

"Jack y Diane, entre los dos sumamos 125 años", lanzó Diane Keaton desde el escenario. Sentado en una de las mesas del hotel Beverly Hilton, tras sus gafas oscuras, Jack Nicholson, su compañero en la comedia Something's gotta give, toda una oda al amor maduro, esbozó un gesto de rechazo. "La gente después de los 50 sigue teniendo impulsos sensuales. El amor es posible para los mayores", increpó la que fuera musa de Woody Allen. Fue uno de los pocos momentos de humor de la noche.

La gala de los Globos de Oro, conocida como la "fiesta del año", solía ser una ceremonia más desenfadada que los Oscar. Pero en los últimos años, las limitaciones de la retransmisión en directo y la obsesión por acumular premios han ido desluciendo el evento.

El único en recordar tiempos más atrevidos fue Michael Douglas, que al recibir el premio Cecil B. DeMile por su labor cinematográfica, 36 años después de su padre, Kirk Douglas, agradeció a Sharon Stone los "nueve días" que pasaron en la cama en 1991, rodando Instinto básico. Antonio Banderas, candidato a mejor actor por la miniserie And starring Pancho Villa as himself, acudió con su mujer, Melanie Griffith, y su hija Estela, de siete años.

Banderas y Pacino

Banderas, como él mismo había anticipado, perdió frente a Al Pacino, que se llevó el galardón por su papel en Angels in America, la serie de HBO que se llevó todos los premios en su categoría. Basada en la popular obra de teatro de Tony Kushner sobre el sida en Estados Unidos en los años de la presidencia de Ronald Reagan, y dirigida por Mike Nichols, consiguió además los globos a la mejor actriz, Meryl Streep, y a los mejores actores secundarios, Jeffrey Wright y Mary Louise Parker.

Sarah Jessica Parker volvió a ganar por la ya mítica serie Sex and the city. The office, de la BBC, sorprendió al llevarse los premios a la mejor serie cómica y al mejor actor, Ricky Gervais. "No soy de aquí", dijo Gervais completamente sorprendido, "vengo de ese pequeño país llamado Inglaterra. Antes que vosotros, solíamos dominar el mundo".

Aparte de los premios, la otra nota dominante de la ceremonia fueron los escotes. En una palabra: abismales. Hubo el casi transparente de Nicole Kidman en una creación plateada de Dior, el de Jennifer Aniston, negro y sencillo en Valentino, y por supuesto el de Jennifer López. Kidman apenas se cruzó con su ex marido, Tom Cruise, que acudió a la gala no con Penélope Cruz, sino con su madre.

Los vestidos fueron tan reveladores que una de las galardonadas, Mary Louise Parker, lo incluyó en su discurso de agradecimiento. "Una amiga apostó conmigo a que no me atrevía a felicitar a mi hijo recién nacido por haberme dado un escote tan estupendo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 27 de enero de 2004