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De Mattos novela el 'Evangelio' en 'La puerta de la Misericordia'

El autor uruguayo traza una extensa aproximación a la figura de Cristo

Ha tardado un año en redactar las 750 páginas de esta novela sobre la figura siempre controvertida y misteriosa de Cristo, pero Tomás de Mattos (Montevideo, Uruguay, 1947) asegura que ha estado escribiendo La puerta de la Misericordia (Alfaguara) toda su existencia. "Realmente creo que ésta es la novela de mi vida", afirma el escritor, abogado y creyente atraído por un personaje "más humano que divino".

Más que los pasos de varios autores contemporáneos que han escrito sobre Jesucristo, desde Saramago a Kazantzakis o Robert Graves, De Mattos ha querido seguir la senda de Dostoievski. "Los escritores del siglo XX se han acercado a este tema desde la falta de creencia; a mí, la visión que más me interesa es la del escritor ruso, que quiso hacer un libro sobre Cristo, pero no lo logró y dejó varias notas que después Nicolás Berdaiev publicó en El espíritu de

Dostoievski", asegura.

"En este libro, el autor de Crimen y castigo defiende que esta vida no es un valle de lágrimas, sino una forja de corazones", según defiende el autor de A la sombra del paraíso en un banco de la Residencia de Estudiantes de Madrid. "Se acerca a su figura procurando enfrentar gozo y dolor, y encontrar la gelidez de su sufrimiento".

En ese equilibrio se ha querido mantener el autor de La puerta de la Misericordia con un libro extenso que, según él, "se ha vendido muy bien en Uruguay y ha creado controversia después de que venciéramos los obstáculos de su longitud, primero, y de su temática, después". Sobre la longitud tuvieron que probar varias cosas. "La primera edición pesaba 1,3 kilos, algo que en la segunda logramos reducir a 1,1", asegura orgulloso. Las páginas las sirve De Mattos en 180 capítulos: "Quiero que sea una larga escalera con peldaños cómodos y algún rellano". En ellas, se dibuja a un Jesús más inmerso en Getsemaní que en el monte de los Olivos. "Sí, porque allí duda, se revela diferente a su padre y elige su destino", afirma. De todas formas, no ha tratado de escandalizar a nadie. "Mis fuentes son los Evangelios, tanto los apócrifos como los ortodoxos", confiesa. Y su intención, un tanto apostólica: "Acercar a los creyentes y no creyentes a esta figura cuya clave es el concepto de buena voluntad".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 21 de enero de 2004