Reportaje:

La escalera oculta

Unas obras en la Academia de Bellas Artes de San Fernando hacen aflorar vestigios neoclásicos casi desconocidos en Madrid

Las recientes obras realizadas en el interior y en la fachada del señero palacio de Goyeneche, en la calle de Alcalá, 13, sede de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, han culminado con dos sorpresas. La primera, el cambio completo del aspecto exterior de este edificio construido por José Benito de Churriguera en 1724 y reformado en su fachada cinco décadas después por Diego, hermano de Juan de Villanueva, arquitecto del Museo del Prado. La segunda noticia grata ha sido el hallazgo de un filón de módulos arquitectónicos casi desconocidos en Madrid, descubiertos en su primer sótano, entre los que se cuenta una escalera de caracol que llevaba siglos oculta.

La fachada del palacio de Goyeneche, un prócer navarro afecto al primer Borbón, Felipe V, no había sido tratada de manera amplia hasta ahora.

Mostraba un aspecto lúgubre, oscurecido y muy dañado por los humos del centro urbano. Ahora, desde hace apenas unas semanas, estrena una superficie delicadamente limpia que resalta en la calle de Alcalá, junto al edificio del Casino de Madrid, con una iluminación a base de bombillas de bajo voltaje situadas a modo de pomos sobre sus balcones y ventanales. "Con ellas se obtiene el máximo esplendor", dice Emmanuela Gambini. Esta arquitecta italiana, con un empuje que sus allegados consideran imparable, "ha puesto patas arriba la Academia", según confiesa uno de ellos. "Pero ha valido la pena", añade. Desde las cinco de la tarde, la nueva iluminación alumbra la magna fachada hasta la medianoche. Su porte, sus perfiles y contrastes han quedado recobrados, al igual que su rica ornamentación, que muestra estampada una refulgente heráldica. "Ahora resalta más aún su bugnato, el almohadillado que marca la forma de la piedra sobre la llaga de la juntura y que da su empaque a los edificios construidos al modo neoclásico italiano", explica Gambini con orgullo. Dentro del palacio, han sido remozados por completo dos bellos patios de sobrios ventanales, cuyos muros han sido ahora pintados con tonalidades y colores suaves, propios de la decoración mural del siglo XVIII. Esta obra ha sido financiada por la Comunidad de Madrid con 125.000 euros. Las obras en la Biblioteca ha culminado el archivo de 60.000 riquísimos volúmenes que la Academia posee. "Ahora contamos con métodos de depósito y acceso con precauciones térmicas e ignífugas de gran seguridad, más otras antiparasitarias a base del encapsulado al nitrógeno de libros y documentos, para aniquilar todo tipo de insecto", explica Gambini. Esta obra ha costado algo más de 282.000 euros.

"Pero lo más importante de cuanto hemos emprendido es que hemos rescatado la auténtica tectónica del edificio, sellada bajo antiguas reformas". Emmanuela Gambini muestra toda una tipología de tubulados arcos y de anchas bóvedas encañona-das que dibujan la trama de una muy poderosa nervatura de los cimientos del edificio. Las más definidas se encuentran bajo la magna escalinata por las que se accede al primer entresuelo del edificio de la calle de Alcalá. Son de generosas dimensiones, con una practicidad evidente, provista de una lógica extraordinaria a la hora de concebir un edificio neoclásico de sus características y sus circuitos interiores.

Especial atención le merece a Emmanuela Gambini el descubrimiento de la escalera de caracol que permanecía completamente oculta en el extremo de la sala de modelado y que ahora queda integrada en el nuevo esquema interno del edificio, mucho más parecido a su distribución original, adaptado a la nueva lógica.

"Todo lo descubierto nos permite cerciorarnos de la destreza y de la grandiosidad de Churriguera, su sabio empleo de los recursos y la rica combinatoria elemental que aquí aplica. Muestra tanta maestría", señala, "como para permitir aquí una escuela viva de arquitectura en la que estudiar los métodos de construcción del siglo XVIII", subraya la arquitecta.

El monto total de las obras se aproxima a los 300 millones de pesetas si bien, tras las reformas acometidas, sus mentores académicos confían en convertir, en verdad, el museo de la Academia de Bellas Artes de San Fernando en el segundo museo de arte clásico de Madrid, con sus goyas, zurbaranes, riberas y archimboldos, entre otras joyas. Además, la Real Academia de San Fernando posee piezas escultóricas espléndidas, algunas de ellas procedentes de las traídas a España por orden del pintor Diego Velázquez, en pleno siglo XVII, después de que la ex reina de Suecia, Cristina, adquiriera las mejores antigüedades clásicas halladas en el subsuelo de la capital del Tíber. El aposentador y agente artístico del rey Felipe IV, pugnó allí por procurárselas para la Corte de Madrid.

De igual modo, cuenta la Academia con las únicas copias de las puertas del Batisterio de Florencia, genial obra de Ghiberti. Por ello, era preciso acomodar las magníficas colecciones en la planta sótano y en otras, de ahí la razón de las obras ahora culminadas.

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