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Los delitos se estancan en Barcelona y los detenidos disminuyen en más del 11%

Los jueces encarcelan más personas, aumentan las expulsiones y la policía pone más efectivos

Problema más o menos controlado. Las cifras oficiales de la justicia señalan que, por primera vez en los últimos cinco años, los delitos se estancan en la ciudad de Barcelona y, lo que es más importante, las detenciones de supuestos delincuentes han bajado de manera significativa. En concreto, el 11,4% de enero a noviembre de este año, un periodo en el que la policía arrestó a 13.490 personas, frente a las 15.228 detenciones realizadas en los 11 primeros meses de 2002.

¿Cómo se explica la contención de las denuncias y la disminución de los detenidos? Un portavoz policial asegura que, básicamente, porque los jueces dictan más órdenes de prisión contra esos delincuentes habituales, algunos de los cuales pueden ser detenidos hasta 20 y 30 ocasiones por pequeños delitos a lo largo del año. La saturación que vive la cárcel Modelo de Barcelona corrobora esa idea, hasta el punto de que este año ha aumentado la población reclusa en más de 500 presos preventivos. Es decir, a la espera de juicio.

Joaquim Bayo, el juez decano de Barcelona, aporta otro dato, como es que con la entrada en vigor, la pasada primavera, de los llamados juicios inmediatos, una parte de los detenidos sale de la comisaría con la citación para el juicio y se les evita ser puestos a disposición del juzgado de guardia. Además, la ley permite que se pueda celebrar el juicio contra él si no se presenta.

La cifra de detenidos de este año es muy similar a la que había al iniciarse diciembre de 2000 (13.277 personas), cuando la pequeña delincuencia no se había convertido todavía en un problema de primer orden para el Ayuntamiento de Barcelona y la Delegación del Gobierno.

Clos y García-Valdecasas

La actuación conjunta que a partir de entonces emprendieron Joan Clos y Julia García-Valdecasas parece que empieza a reflejarse ahora en las cifras oficiales. En esa tarea siempre contaron con el apoyo de la Fiscalía de Cataluña y de los cuerpos policiales, que debatieron estas cuestiones en las juntas locales de seguridad. De allí salieron propuestas que pedían la persecución de la multirreincidencia, presentadas en su día al ministro del Interior de turno y que con el tiempo han acabado en el Código Penal.

En concreto, desde el pasado septiembre está vigente un artículo que prevé que cuando una persona cometa cuatro faltas se le podrá acusar ya de delito, lo que supondrá una persecución de centenares y centenares de hurtos que ahora quedaban prácticamente impunes. Los efectos de esta reforma no se perciben aún en la estadística oficial, asegura el juez decano, aunque sí podrían empezar a notarse el próximo año.

Esa reducción de la cifra de detenidos que pasan a disposición del juez de guardia se traduce también en el número de diligencias de guardia. Es decir, las denuncias por delitos y faltas, si bien en muchas ocasiones un mismo hecho puede generar dos o tres diligencias. En los primeros 11 meses de este año se han tramitado 272.725 diligencias, prácticamente las mismas que en el mismo periodo del año anterior (272.820). Hasta entonces, las diligencias de guardia tampoco habían parado de aumentar: fueron 263.738 en 2001; 245.843 el año anterior y 233.014 en 1999, según las cifras facilitadas por el juzgado decano de Barcelona.

Fuentes policiales aseguran también que la contención de la delincuencia durante este año tampoco es ajena a la expulsión de España de algunos inmigrantes que acumulaban decenas de causas por robos con fuerza ni a la creación de dos grupos especializados en la persecución de los hurtos."La presión provoca dispersión", afirma un portavoz policial para explicar que La Rambla ha dejado de ser el escenario principal de los hurtos y robos (con y sin fuerza) que se cometen en la ciudad de Barcelona. "Los choros lo saben y se van a otros sitios", remata el portavoz. ¿Y qué sitios son esos? Básicamente, los grandes centros comerciales de la ciudad, por donde en un día pueden pasar miles de personas que se convierten en objetivo.

La policía lo sabe y desde hace unos meses están desplegados en esos centros varios agentes camuflados que se confunden entre los habituales compradores, pero que están allí con otra función. En total son una treintena de agentes encuadrados en dos grupos que creó en su día el anterior jefe superior, Miguel Ángel Fernández Rancaño.

Más allá de la represión, fuentes policiales aseguran también que el progresivo descenso en el consumo de heroína que se ha producido en los últimos años explica también la contención de la delincuencia. Los atracos con arma blanca para lograr el dinero que costaba una dosis son menos, "porque los servicios sociales y sanitarios son cada vez mejores y los heroinómanos saben que se les puede tratar allí".

Otra cosa son los robos con fuerza en viviendas y locales efectuados por bandas organizadas, principalmente de países del este europeo. Hasta hace un año estaban muy en auge y llevaban de cabeza a la policía, pero la desarticulación de varios grupos y el encarcelamiento de sus integrantes parece haber disuadido a estos singulares ladrones, capaces de estrellar un vehículo contra un escaparate a plena luz del día en Barcelona para robar el botín de una joyería.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de diciembre de 2003