España, objetivo militar en Irak /1
Hay una evidente y peligrosa contradicción en la actitud de nuestro Gobierno. Se apoya la guerra y la ocupación en todos los foros internacionales y, al mismo tiempo, se afirma que nuestros soldados no forman parte del esquema militar establecido por Estados Unidos en la posguerra iraquí.
Se apoyó contra viento, marea y el 90% de la opinión pública el "sí" a la guerra. Igual que hicieron al menos otra treintena de países, incluidos algunos europeos.
Pero sus gobernantes fueron muy cuidadosos y evitaron la pompa. Casi nadie se dejó fotografiar con los dos principales líderes bélicos, salvo el presidente José María Aznar. Ni todas las mentiras aparecidas en los últimos meses sobre las razones de la invasión de Irak han debilitado esta peligrosa alianza.
El mundo global en que vivimos permite transmitir en tiempo real una noticia a cualquier parte del planeta. Un abrazo entre Aznar y Bush (ocurrido hace menos de dos meses) es visto en directo en Irak. Un comentario jocoso puede ser interpretado como una razón para matar. Un teléfono satélite puede dar la orden de asesinato un segundo después.
Los responsables de la resistencia armada, formada por grupos divergentes cuyos objetivos comienzan a converger, no van a creerse las palabras de los militares españoles mientras sigan viendo abrazos teatrales en la televisión.
La ambigüedad calculada es saludable en temas escabrosos. Que sigan los pasos de otros países que tienen más soldados que España en Irak (Polonia, Ucrania) y cuyos gobernantes actúan con gran discreción.
Irak es un peligroso polvorín en el que naufraga la política sin sentido de Estados Unidos. Puede que haya un final feliz, pero sólo será posible después de muchos dramáticos acontecimientos. No es inviable una cadena de atentados que pongan en serio peligro a los soldados, funcionarios, periodistas y miembros de organizaciones humanitarias españolas, porque España, guste o no guste, ya es un objetivo militar.
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