OPINIÓN DEL LECTORCartas al director
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Testimonio voluntario /2

No se qué sorpresa puede producir que la señora Botella traslade su concejalía al barrio más caro de Madrid. Ahora, algunos colegas suyos, entre ellos el alcalde, salen a justificar el asunto con unas cuentas extrañas que tratan de convencer a quien se deje de forma simple.

Para los que seguimos pensando que en la política, aunque sea municipal, los gestos son importantes, nos repugna la idea de que una señora que es la encargada de los asuntos "sociales" no se acerque a los mismos, porque quizá mezclarse con los receptores de estas necesidades no sea lo suyo.

El tener a un tiro de piedra las tiendas más lujosas del país es lo que le va. Para los que no conocen la capital, se puede explicar como si los concejales de estos asuntos en París se fueran a la Place Vendome, o los de Roma, a la Via Condotti. Las tiendas son las mismas y con los mismos precios. Pero nadie -yo, desde luego, no- se puede extrañar de que esta señora se siga riendo del personal.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 28 de noviembre de 2003.

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