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La Feria del Libro de Guadalajara acoge la singularidad cultural de Quebec

1.432 firmas de 32 países participan en la cita editorial más importante de Latinoamérica

Las cifras son contundentes: 1.432 editoriales de 32 países, 13.500 profesionales del libro y un espacio de 26.000 metros cuadrados para celebrar la cita más importante del mercado editorial en Latinoamérica. Este año es Quebec el invitado de honor que protagoniza la XVII edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, y acude con un ambicioso programa para mostrar la variedad de su cultura. Entre los escritores que visitarán la ciudad mexicana destaca el brasileño Rubem Fonseca, que llegará para recibir el prestigioso Premio Juan Rulfo.

El pabellón de Quebec se distingue por su estética, que se sirve del agua como elemento esencial. No es una mala imagen para resumir su voluntad de fluir, de derramarse, de llenar el espacio de la feria con la variedad y la singularidad de su cultura. A Guadalajara viajarán en los próximos días 42 autores de la región canadiense, que representan los géneros más variados: narrativa, poesía, ensayo y literatura infantil. Pero habrá también una nutrida presencia de músicos (e incluso un espectáculo circense) para llegar a un público más amplio a través de sonidos que van del folk al jazz, de la música electrónica al pop. Habrá, además, proyección de películas de sus realizadores y exposiciones de sus artistas.

Son 18 las iniciativas que el invitado de honor de la FIL (las siglas con que se nombra habitualmente a la feria) ha organizado y en las que ha involucrado a unos 200 artistas. Una vez más, a las actividades estrictamente profesionales relacionadas con el libro se suman propuestas que procuran convertir la convocatoria en una gran fiesta.

Pero no todo acaba en Quebec. Guadalajara es la excusa perfecta para que los autores se vean las caras y debatan sobre las cuestiones más variadas, para que los editores hagan negocios y para que los lectores sepan de las inquietudes y preocupaciones, de los problemas y conflictos de culturas muy diferentes. Así que hay muchas ventanas para abrirse al mundo.

Fonseca, Porrúa, Glantz

Por ejemplo, los premios. El más prestigioso de ellos, el de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, ha recaído este año en Rubem Fonseca, el escritor brasileño que ha retratado con toda crudeza la realidad de su país y que ha marcado el género negro con un estilo cargado de rabia. El Reconocimiento al Mérito Editorial ha ido a parar a manos de Francisco Porrúa. Para dar cuenta de su historia, basta citar cuatro episodios de su carrera: cuando trabajaba en la editorial Sudamericana, fue quien apoyó firmemente a Cortázar y su Bestiario cuando no había tenido el éxito esperado: lo animó a perseverar, convirtiéndose a la larga en su lector más fiel; fue el que tuvo en sus manos el manuscrito original de Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, y lo empujó a iniciar su vertiginoso ascenso; fundó la editorial Minotauro y fue quien lanzó El señor de los anillos, de Tolkien.

Del resto de los premios (se entregan siete), el tercero más relevante quizá sea el de Sor Juana Inés de la Cruz, que este año recibirá la escritora mexicana Margo Glantz por su novela El rastro, que fue finalista del Premio Herralde y que publicó Anagrama.

Tres grandes nombres propios, pues, para dar lustre a esta edición de la feria. Pero no son los únicos. Mario Vargas Llosa es el encargado de inaugurar el Salón FIL, la iniciativa que sustituye al Salón Literario, y que sirve de escenario para distintas presentaciones de libros. Vargas Llosa hablará allí de su última novela, El Paraíso en la otra esquina (Alfaguara). Por el Salón FIL pasarán también Jorge Volpi, Rodrigo Fresán, Cristina Rivera Galarza, Ignacio Padilla, Julio Ortega y Ernesto Cardenal, entre otros. También estarán el juez Baltasar Garzón y el fiscal anticorrupción Carlos Castresana, que serán investidos estos días doctores honoris causa por la Universidad de Guadalajara.

Otra de las propuestas habituales de la FIL es el ciclo El placer de la lectura, en el que participan escritores de procedencias muy distintas y donde se celebra la riqueza del libro a través del testimonio de cada uno de los participantes, que cuentan sus particularísimas razones que los llevan a disfrutar cuando frecuentan la página impresa. Hay muchos de los autores del Salón que repiten en este ciclo. Pero también se añaden escritores como Héctor Abad Faciolince, José Carlos Somoza, Ana Rosetti, Xavier Velasco, Nuria Amat y Javier Salinas, entre otros.

Junto al Salón y al ciclo que reivindica el "placer de leer" están el bombardeo de ruedas de prensa, las largas colas de público, las intervenciones espontáneas de músicos diversos, la galería de editoriales con sus novedades, gente que va, gente que viene. Y niños, a los que se reserva una zona con actividades especiales y espectáculos (la compañía Motus, de Quebec, los entretendrá con su teatro de sombras). Sin olvidar el II Foro Internacional de Editores, el primer encuentro de promotores de la lectura o el XVII Encuentro Internacional de Ciencias Sociales.

Isabel Allende, Rigoberta Menchú, Rosa Montero, Antonio Skármeta, Quino y Arturo Pérez-Reverte (con la presentación del proyecto de rodaje de la adaptación de su novela La Reina del Sur) son algunos de los nombres que están incluidos en el programa de ruedas de prensa de esta edición, junto a las distintas mesas redondas que invitan a conocer, a través de sus protagonistas y especialistas, el mundo literario de Quebec, el invitado de honor.

La independencia como horizonte

Quebec es una isla francófona en el inmenso territorio de América del Norte. Es una de las nueve provincias de Canadá y la más grande de todas. También es rica: yacimientos mineros, bosques, ríos -posee el 3% de agua dulce de todo el planeta- y un sinfín de industrias de tecnología punta (es uno de los líderes del sector aeroespacial) terminan por hacer de Quebec un lugar lleno de oportunidades, y que colabora de manera decisiva para lograr que Canadá sea uno de los países con mejor calidad de vida de todo el planeta.

En Quebec viven 7,2 millones de personas, el 25% de la población de Canadá. Deben sentirse tremendamente solos, ellos que hablan francés en un lugar donde reina el inglés, y tan cerca de Estados Unidos. Así que Quebec es, en buena medida, un lugar cercado y que resiste como puede la brutal capacidad de Estados Unidos para asimilar a su sistema de vida a quien se ponga por delante: lo hacen con quienes habitan en los rincones más remotos del planeta, ¿cómo no iban a hacerlo con los de al lado?

En Quebec se cuida mucho lo propio, esa cultura que les viene de los franceses. Claro que en el mundo que habitamos las fronteras son cada vez más permeables, más aún allí, donde habita también una importante población anglófona, amén de los autóctonos (innuis, algonquines y otros: unos 75.000).

Son ya tres los referendos que se han celebrado en Quebec por su independencia y los tres se han perdido, por poco. La FIL se convierte así en un termómetro privilegiado para medir la temperatura cultural de esa provincia atípica, llena de contradicciones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 29 de noviembre de 2003

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