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Un trabajo español replantea la forma de detectar la vida primitiva

Las estructuras producidas en laboratorio son muy similares a supuestos microfósiles

Póngase un silicato y una sal de bario en un medio alcalino, a temperatura y presión ambientales y déjese. El producto son microestructuras filamentosas muy parecidas a las que hasta ahora se consideraban las huellas más antiguas de la vida en la Tierra, dejadas supuestamente por bacterias primitivas hace 3.500 millones de años y recuerdan también a las halladas en 1996 en un meteorito marciano. El geólogo y cristalógrafo español Juan Manuel García Ruiz ha dirigido la producción de esta prueba de que no todo lo que parece vida lo es.

"Esto abre una discusión fascinantes sobre cuándo empieza la vida en la Tierra, de qué tipo de vida estamos hablando y, desde luego, sobre la fiabilidad de los criterios para detectar vida en otros planetas", explica García Ruiz, que ve ahora cómo se publica en Science el último resultado de una línea de investigación en la que lleva ya bastantes años y que también es de interés para la ciencia de materiales. Se trata del estudio de minerales autoensamblados que, además, ha conseguido reproducir en laboratorio, en condiciones muy similares a las de la Tierra en el periodo Precámbrico, la era de la vida microscópica. Esta época, hace dos mil, tres mil millones de años, es a la que corresponden los supuestos microfósiles, identificados como huellas de vida primitiva, muchos de los cuales pueden estar ahora en cuestión.

El trabajo es un golpe más de la geología a la biología, comenta Richard A. Kerr en la misma revista. Afecta sobre todo a las hipótesis de William Schopf, que ha asegurado durante más de 10 años que unas formaciones similares encontradas en rocas australianas de 3.500 millones de años (Warrawoona) corresponden a cianobacterias (bacterias que siguen existiendo y producen oxígeno) primitivas, lo que les convertiría en las huellas de vida más antiguas de la Tierra. Schopf ha visto últimamente desacreditado su trabajo en varios frentes.

Meteorito marciano

El experimento ahora publicado afecta también al meteorito marciano ALH84001, de 3.000 millones de años de antigüedad, en el que científicos de la NASA creyeron descubrir huellas de vida primitiva en 1996, aunque esta hipótesis ya está prácticamente descartada por trabajos anteriores en la misma línea. El meteorito fue probablemente arrancado de Marte por un impacto hace 16 millones de años y cayó en la Antártida hace 13.000 años. Fue encontrado e identificado como procedente del planeta en 1984. García Ruiz recuerda que se supone que la geología primitiva de Marte y la de la Tierra fueron muy similares.

Las estructuras minerales autoensambladas producidas por García Ruiz, de la Universidad de Granada, y sus colegas australianos (de la Universidad Nacional y del Geological Survey de Australia occidental) son cristales de carbonato de bario recubiertos de silicio, tienen entre 5 y 20 micrómetros de diámetro y pueden medir hasta varios milímetros de longitud. Se parecen mucho a las cianobacterias modernas. Los investigadores los sometieron a un proceso de envejecimiento por inmersión en compuestos orgánicos y calentamiento que los convirtió en algo muy parecido a los supuestos microfósiles de Warrawoona. "Nuestro trabajo aporta un escenario coherente y totalmente no biológico para la formación de los supuestos microfósiles", comenta Stephen Hyde, coautor del trabajo, quien señala que para achacar un origen biológico a este tipo de formaciones "la morfología y la química orgánica son obviamente insuficientes".

Schopf, por su parte, que está ahora en la Universidad California, ha quitado importancia al estudio de García Ruiz en declaraciones a Science: "Es un trabajo muy ingenioso e interesante, pero también el parecido [con los microfósiles] es superficial".

Conjunto de indicios

El debate no está cerrado todavía, pero todo parece indicar que se van a reexaminar algunos de los diversos ejemplos de vida primitiva hallados en la Tierra. Sin embargo, esto no quiere decir que se retrase la fecha de aparición de la vida en la Tierra, porque aunque se descarten algunos microfósiles, existen otros indicios que la sitúan alrededor de los 3.500 millones de años.

"Aunque algún indicio esté mal apreciado, el conjunto de ellos es indicativo de esa época", explica el geólogo Francisco Anguita, de la Universidad Complutense. Anguita recuerda que existe un ejemplo muy bien estudiado de desequilibrio isótópico supuestamente debido a la vida en sedimentos de hace 3.700 millones de años en Isua, en la costa sudeste de Groenlandia, aunque no hay fósiles de esa época. También están los estromatolitos, huellas de grandes comunidades de seres vivos, los primeros de los cuales, hallados en Australia y África del Sur, serían sólo un poco posteriores en el tiempo.

Poco antes, hace 4.000 millones de años, la atmósfera terrestre no tenía oxígeno y los primeros seres vivos pudieron ser bacterias o arqueas similares a las que existen ahora en condiciones extremas de calor y presión. Luego aparecieron las cianobacterias, que mediante la fotosíntesis liberaron oxígeno a la atmósfera y permitieron el desarrollo de la vida compleja.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 14 de noviembre de 2003