Crónica:CRÓNICA EN VERDE
Crónica
Texto informativo con interpretación

La casa intoxicada

Greenpeace rastrea la presencia de agentes químicos nocivos en el polvo doméstico

A comienzos de julio los representantes de un nutrido grupo de colectivos ecologistas, entre los que se encontraban Greenpeace, Amigos de la Tierra y Adena/WWF, entregaron a la comisaria europea de Medio Ambiente, Margot Wallström, la declaración Por un futuro libre de tóxicos, que habían firmado más de 22.000 personas. En el documento se solicitaba un mayor control de los agentes químicos nocivos por parte de las autoridades de Bruselas, aprovechando el periodo de consultas que la Comisión Europea había iniciado para dictar nueva legislación al respecto.

Lo cierto es que los consumidores, alertados por este tipo de colectivos, muestran una creciente inquietud por la contaminación invisible a la que están expuestos. Para reforzar esta toma de conciencia, Greenpeace inició la pasada primavera una curiosa campaña bajo el lema de "La casa intoxicada". Se trataba de rastrear en viviendas de España la presencia de sustancias químicas nocivas en el polvo doméstico. A la llamada de esta organización, pidiendo voluntarios para este peculiar examen, respondieron más de 400 personas, aunque sólo 25 hogares fueron seleccionados, cinco de ellos en la comunidad andaluza.

En Granada, además de una vivienda en la capital, se tomaron muestras en domicilios de Motril y Calahonda. Y en Málaga, los especialistas de Greenpeace examinaron una vivienda en la capital y otra en Nerja. En todos los casos se aspiró el polvo de los inmuebles y las muestras fueron remitidas a laboratorios independientes para analizar la presencia de algunos agentes químicos particularmente peligrosos.

La organización ecologista ha anunciado que los resultados estarán listos antes de que finalice el año, aunque de antemano se sabe sobre qué grupo de compuestos han centrado su atención los analistas. Alquifenoles, piroretardantes bromados, sustancias organoestánnicas, ésteres de ftalato y parafinas cloradas de cadena corta, son los grupos elegidos, debido a su presencia en numerosos objetos y productos de uso doméstico y a sus propiedades tóxicas.

Cada una de las sustancias que se integran en los grupos mencionados tiene propiedades y aplicaciones diferentes, pero todas poseen unas características comunes que las convierten en protagonistas de este estudio. Todas son nocivas para uno o más organismos vivos, incluido el hombre, aunque lo sean por diferentes mecanismos de toxicidad y concentraciones igualmente diferentes. Se degradan con dificultad, por lo que tienden a permanecer en el medio ambiente. Y, además, son capaces de liberarse de los productos que las contienen.

Los alquifenoles son particularmente agresivos para la vida acuática, aunque también se ha descrito su efecto pernicioso en el material genético de los humanos. Pertenecen al conjunto de sustancias capaces de modificar el equilibrio hormonal de algunos seres vivos. Están presentes en productos de limpieza industrial, en sustancias utilizadas en el acabado de textiles y cueros, pesticidas y pinturas al agua. También se emplean en algunos cosméticos, champús y otros productos destinados al cuidado personal.

Múltiples son, asimismo, las aplicaciones que tienen los piroretardantes bromados. Están presentes en aparatos eléctricos y electrónicos, vehículos, sistemas de alumbrado e instalaciones eléctricas, productos textiles y material de embalaje. Al igual que los alquifenoles pueden causar daños genéticos y alterar el sistema endocrino.

El tributilestaño (TBT) es el más conocido de los compuestos organoestánnicos, usados como aditivos en la fabricación de PVC y también en la elaboración de pinturas para barcos y productos para combatir los hongos en moquetas o alfombras. Su acción en los seres vivos tiene, sobre todo, consecuencias negativas para el sistema inmunológico.

Los ésteres de ftalato también se usan en la fabricación de PVC, incluyendo juguetes, revestimientos para suelos y otros materiales de construcción, mobiliario, accesorios para vehículos, cables y equipos médicos. También están presentes en algunos cosméticos. Los especialistas consideran a los ftalatos como uno de los contaminantes sintéticos más persistentes, abundantes y extendidos, por lo que no son difíciles de localizar en el polvo doméstico. Pueden afectar, sobre todo, al sistema reproductor, aunque también se ha descrito su efecto nocivo en el metabolismo hormonal y en la función inmune.

Por último, las parafinas cloradas de cadena corta se usan en la elaboración de metales, cauchos, pinturas, sustancias selladoras, y como aditivo en el acabado de cueros y tejidos. Su presencia se ha detectado en tejidos de organismos acuáticos y terrestres, incluido el hombre.

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Limpieza obsesiva

Por término medio, cada familia española de cuatro personas lava, seca y plancha anualmente entre 700 y 800 kilos de ropa. A escala europea España es, curiosamente, el que mayor cantidad de detergente consume por persona y año: cerca de 13 kilos. En Suecia, por ejemplo, no llegan a los 6 kilos, y tan sólo se nos acercan, con algo más de 11 kilos, nuestros vecinos portugueses y franceses.

Esta cierta obsesión por la limpieza se traslada, con igual intensidad, a otros ámbitos domésticos, por lo que son igualmente elevadas las cantidades de lejía, limpiacristales, detergentes para lavavajillas o abrillantadores que se emplean en los hogares españoles.

Aunque no se hayan incluido en el estudio de Greenpeace, hay otras muchas sustancias tóxicas que se manejan a diario, y sin especiales precauciones, en cualquier vivienda y que están presentes, sobre todo, en los productos de limpieza.

Los tensoactivos, que forman parte, por ejemplo, de la composición de los suavizantes, pueden alterar las condiciones de la piel y favorecer la aparición de enfermedades cutáneas. La lejía y el amoniaco, además de desprender vapores que irritan las mucosas y afectan al sistema respiratorio, contaminan el agua y destruyen las bacterias beneficiosas que se ocupan de descomponer nuestros residuos líquidos. Greenpeace advierte de que "La casa intoxicada" sólo pretende describir con más detalle el ambiente químico de las viviendas españolas. Por tanto, los resultados de este examen "sólo serán una pequeña parte de la realidad, y no podrán contestar a la pregunta de qué cantidad de la carga química que llevamos en nuestros cuerpos es debida directamente a la exposición en nuestras casas".

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