Entrevista:Luis Moreno Ocampo | Fiscal de la Corte Penal Internacional

"En Harvard se estudian los casos de Garzón"

A comienzos de los años noventa, Luis Moreno Ocampo se enfrentó a la corrupción del Gobierno de Carlos Menem y embistió casi en solitario contra "la poderosa coalición de intereses económicos y políticos que sostienen la relación entre corrupción y poder". La fiscalía fue desmantelada, pero sostuvo el combate desde Poder Ciudadano y el estudio de abogados. La organización Transparencia Internacional le invitó a integrarse al directorio. Dictó clases y seminarios en universidades. Este año le eligieron para ser el fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI), a la que se adhieren y reconocen 91 países. Tiene contrato por nueve años, le pagan 12.000 euros al mes y trabaja en la oficina que está montando en La Haya.

"El mundo opera sobre la base de una serie de líderes que se hacen favores entre ellos"
"La comunidad internacional quiere justicia, pero todavía no sabe bien cómo hacerla"

Pregunta. ¿Por qué Estados Unidos no reconoce a la Corte Penal Internacional?

Respuesta. Porque no acepta la independencia del fiscal. Ésa es una novedad para ellos. Estados Unidos se opuso porque pretendía que sólo Naciones Unidas pudiera iniciar un caso. Eso es lo que ellos quieren, pero... no jodamos más, la Corte tiene que ser independiente. El problema es que en el sistema judicial norteamericano no existen los fiscales independientes, salvo en los casos en que investiguen presidentes, como sucedió con Nixon o Clinton. Para ellos es muy raro un fiscal independiente del poder en el mundo, y tienen razón: es rarísimo.

P. ¿El juez español Baltasar Garzón podría incorporarse a la Corte Penal Internacional?

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R. Sí, sí, Baltasar quiere hacer algunas cosas afuera. Yo no pude proponerlo a él como fiscal adjunto mío, pero hablé con él de otras posibilidades. Creo que él es un genio, un tipo impresionante. Garzón investigó el narcotráfico, el tráfico de armas. En Harvard se estudian sus casos, porque Garzón es el único juez en el mundo que investigó a los servicios de inteligencia de su propio país. Además es el tipo que armó el primer caso de jurisdicción universal, es el primer juez que se enfrentó a ETA. La verdad es que así como a Sergio Vieira de Mello, el alto comisionado de Naciones Unidas, necesitábamos que lo mataran para reconocerlo, yo creo que Garzón merece el reconocimiento ahora que está vivo.

P. ¿La designación de la CPI sería un reconocimiento?

R. No, no, yo hablo de un reconocimiento público. Hay países que no quieren que él esté en la fiscalía. Yo tengo que hacer lo mejor para la CPI, pero me parece que Garzón sería perfecto, irreemplazable como fiscal especial. Para cada situación que yo tenga que investigar voy a nombrar un fiscal especial que maneje el caso. Y Garzón sería perfecto para eso.

P. ¿Garzón le consultó sobre el caso de los militares argentinos, si podría llegar la causa a la Corte Penal Internacional?

R. La CPI no puede intervenir en crímenes anteriores a junio de 2002. De todos modos, con Garzón hablamos marginalmente de los temas. La verdad es que él no consulta las cosas que hace. Garzón es un juez juez. En los casos de corrupción te aíslan de la red, de la élite, sobre todo a un tipo independiente como Garzón. Garzón, en ese sentido, le pegó a tanta gente que está marginado de la élite. Garzón es un tipo que convoca la admiración del pueblo y el odio de la élite. Éste es uno de los problemas que genera la idea de que se puede controlar la corrupción o el abuso del poder desde el sistema judicial. El sistema judicial tiene que estar articulado con la sociedad. Garzón es un juez que se toma en serio su función y avanza, de pronto llega muy lejos y ya no tiene retorno. Yo creo que por eso Garzón recurre a los medios, yo también lo hice aquí. Si la gente no te entiende, te cortan la cabeza. Su única protección es que la gente lo entienda.

P. ¿No tiene por momentos la sensación de que parece imposible cortar las redes mafiosas del poder que se extienden por todo el mundo?

R. No, yo no tengo esa sensación. El crimen es como cortar la hierba en el jardín de tu casa. No es que la cortas una vez y terminaste. Es un trabajo permanente, de todos los días. Lo que yo sé es que no lo puedo hacer solo. Básicamente se piensa que mi cargo de fiscal internacional es como el de un fiscal nacional, hay poca comprensión de la complejidad de los casos todavía. La comunidad internacional, los países miembros, quieren justicia, pero todavía no saben bien cómo hacerla. Yo tengo que generar una red, multiplicar esto por mil para que haya gente en todo el mundo trabajando por la paz. Quiero armar una coalición por la paz. Eso es lo que me va a permitir trabajar y ser un fiscal eficiente. Si no, me va a pasar como a los de Manos Limpias, voy a condenar gente, pero después no cambia nada.

P. ¿Las relaciones de poder son las mismas en la aldea global?

R. Obvio, los crímenes más serios no son cometidos por individuos, sino por redes que capturan el poder. No basta con encarcelar al ejecutor. Eso no cambia, ni en el mundo global ni en la era medieval. Pero es en el mundo moderno donde el poder empresarial alcanza una capacidad única de extorsión. Cuando trabajas sobre temas de corrupción, lo ves con claridad. En los últimos años estuve dando clases en universidades de Estados Unidos y usé mucho el caso de Vladimiro Montesinos, el jefe de los servicios de inteligencia de Fujimori en Perú, porque es uno de los pocos ejemplos que está filmado en vídeo, que puedes ver y escuchar cómo es la corrupción, cómo funciona, eso de lo que siempre se habla, se sospecha o se dice y que a veces son cosas imposibles de explicar o de entender para un estudiante americano o europeo. El vídeo ese los mata. Les hice un mapa para que pudieran ver las conexiones entre jueces, políticos, empresarios, todos estaban conectados entre sí. El mundo real opera sobre la base de una serie de líderes, públicos y privados, que se hacen favores entre ellos. Todo depende de cuál sea la legitimidad de la sociedad en la cual están.

P. Ese caso seguramente le hacía recordar mucho a personajes y situaciones en Argentina.

R. Obvio, es igual. En Argentina, cuando el vicepresidente Carlos Chacho Álvarez denunció en octubre de 2001 los sobornos en el Senado, hubo una reacción, sí, pero el que voló por los aires fue Chacho, no los funcionarios y senadores involucrados. Yo conozco muchos empresarios y profesionales muy valiosos y honestos que no quieren saber de la vida pública argentina, porque es una mierda. Era sangrienta en los setenta y se hizo totalmente corrupta en los noventa, pero siempre fue una mierda.

P. En octubre se cumplen 20 años de la recuperación democrática y aún no se ha logrado juzgar a todos los responsables de los crímenes cometidos durante la dictadura militar.

R. La verdad es que aquí se demolió un proceso ejemplar. Argentina inventó la Comisión de la Verdad y después hizo los juicios a las juntas, que fue una cosa única en el mundo y todavía no se ha repetido. Eso se demolió con los indultos de Menem y antes con las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Claro, los reclamos continúan, pero... ¡ahora estamos trabajando con escombros! Esto es una catástrofe. Jurídicamente no pega la demanda de justicia y de investigación con lo jurídico, es muy complicado, está todo mal.

P. ¿Pero no cree que ahora la justicia comenzó a funcionar nuevamente?

R. Por supuesto que no me lo creo. Los jueces hacen méritos con blancos fáciles que no son del riñón del poder actual. Los militares retirados, María Julia Alsogaray, los ex montoneros no son hoy relaciones de poder. No es que los blancos elegidos sean inocentes, seguramente cometieron los delitos y crímenes de los que se les acusa y hay que ponerlos presos, pero no así. No con esta justicia.

P. ¿Un juez piensa en cubrirse a sí mismo cuando decide procesar o arrestar a alguien?

R. Ése es su negocio, están lavando su cara. En Argentina hay jueces que son criminales. Extorsionan a gente, por ejemplo. Te meten preso y no te dejan en libertad si no les pagas.

P. ¿Es una ilusión entonces pensar que si la cabeza del Poder Judicial se regenera eso cambiaría mucho las cosas?

R. El sistema judicial es a la justicia lo que el quirófano a la salud pública. Una parte muy profesional, muy importante, pero que no alcanza. Si tienes cólera, el quirófano no resuelve la epidemia.

P. ¿Qué opina de la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final?

R. Bueno, también es una catástrofe. La ley sólo la pueden anular los jueces. Lo que el Congreso intenta hacer es meterle presión al Supremo, y eso no puede ser, es un disparate.

P. ¿Por qué considera que la Corte debió aceptar el reclamo de Videla para no ser procesado ahora por el robo de los niños nacidos en campos de concentración?

R. Videla tendría que estar preso y con reclusión perpetua, pero todo el armado legal fue demolido y Menem le indultó. En el juicio a las juntas decidimos incluir esos delitos, porque era muy importante. Pero teníamos pocos casos, sólo dos. Los jueces dieron los hechos por probados, pero no consideraron que era un método general, un "plan sistemático", y dijeron: 'Hubo militares que secuestraron a los chicos, pero no está probado que Videla los haya incluido en sus planes'. Eso se llama "cosa juzgada".

P. ¿Le cree al presidente Kirchner cuando se compromete a respetar la independencia del Poder Judicial?

R. Bueno, ése es un dato nuevo. Yo me encontré con un juez federal que me decía, asombrado: "No habla con nosotros, no se comunica, no nos llama nadie". Estaba sorprendido el tipo porque, por primera vez, no tienen instrucciones ni conducción política, no lo pueden creer.

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