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La vida cotidiana en el mundo árabe irrumpe en Berlín con una exposición

La muestra del Museo Vitra propone un viaje imaginario por las viviendas y diseños

Tanto o más que a través del pensamiento, ya sea político o religioso, es en la vida cotidiana donde se comprende al otro. Eslo que sostienen los organizadores de la exposición Vivir bajo la media luna. Las culturas del hábitat en el mundo árabe, presentada ayer en Berlín. La muestra del Museo Vitra de Diseño, que el próximo verano se verá en el IVAM de Valencia, propone un viaje imaginario por dentro y por fuera de la vivienda árabe. Es una forma distinta de instalarse en el mundo, sin duda, pero en muchos sentidos es modélica por su funcionalidad y belleza.

'Vivir bajo la media luna' incluye viviendas nómadas, tradicionales y modernas

"Creemos saber mucho sobre el mundo árabe, pero en cuanto nos acercamos a él nos damos cuenta de que no es así. Sabemos muy poco sobre su cotidianidad", afirmó ayer Mateo Kries, comisario de la exposición Vivir bajo la media

luna, que desde hoy estará abierta al público hasta el 18 de enero.Tanto es así que existen relativamente pocas imágenes del interior de las casas árabes, un vacío que en esta exposición ha sido suplido por sobrias fotografías y varios vídeos de la artista alemana Deidi von Schaewen. Tanto ella como Kries recorrieron una y otra vez el mundo árabe en busca de las últimas aldeas de barro en Siria, de las pocas kasbahs aún habitadas en Marruecos o de la influencia de Le Corbusier en Beirut.

El resultado, según el comisario, es como "la instantánea de un espacio cultural en rápida evolución". Kries y sus colaboradores han organizado la muestra en cuatro partes: la vi-vienda nómada, las aldeas rurales, la ciudad tradicional y las urbes modernas. Pese a las grandes diferencias entre las distintas soluciones arquitectónicas y de diseño, el comisario cree haber encontrado varias características comunes. Así, tanto en una carpa de nómadas en Oriente Próximo como en una vivienda mauritana en la costa occidental de África, la concepción del espacio es similar: los árabes prefieren espacios vacíos, con muy pocos muebles -una hilera de cojines a manera de asiento, por ejemplo-, y sólo unos cuantos utensilios, muchos de ellos portátiles, como la mesita de té en Marruecos. "Se trata de espacios flexibles y multifuncionales, similares a aquellos por los que abogan algunas tendencias del di-seño moderno occidental", resalta Kries.

Otro denominador común es la estricta división entre aquella parte de la vivienda que es accesible a los huéspedes y aquella otra reservada exclusivamente para la familia. De por sí, las casas árabes tienden a blindarse ante el espacio público: con frecuencia no hay ventana alguna hacia el exterior y sólo es posible acceder a sus espacios interiores, incluidos sus hermosos patios, a través de laberínticos corredores y callejones. "En cierta forma, en el mundo árabe ha sobrevivido una arcaica concepción de tener que proteger el horno y el honor, sobre todo femenino", resaltó ayer el arquitecto Stefano Bianca, de la Fundación Aga Khan en Ginebra. La valoración negativa del enclaustra-miento de las mujeres por parte de Occidente (vinculada a la no-ción de harén), según Bianca, es sólo un lado de la moneda: el otro, susceptible de ser valorado de una manera más positiva, es el carácter casi sacro de la vivienda privada, del haram, en el mundo árabe.

Junto al material fotográfico, los vídeos y una serie de maquetas arquitectónicas, la exposición muestra también más de 120 objetos de la vida cotidiana, cuidadosamente seleccionadas para mostrar que su forma, funcionalidad y contenido simbólico no tienen nada que envidiar al buen diseño occidental. Al igual que en el caso de las viviendas -muchas de cuyas características se explican por la necesidad de crear espacios ventilados y frescos en el caluroso entorno del desierto-, muchos de estos objetos son soluciones ideales para determinadas tareas y condiciones de vida: el juego de elaboradas palos con los que un nómada monta su lecho, por ejemplo, o los recipientes tayine en los que los marroquíes hacen y sirven el cuscús. Con frecuencia, además, varios de estos objetos, para deleite de los huéspedes, se reúnen en un mismo lugar, en lo que es una especie de escaparate de riqueza material.

¿Cómo trasladar estas cultura de vivir a la ciudad moderna, retratada ejemplarmente en la muestra con imágenes de ciudades como Beirut y Casablanca y la presentación del trabajo de arquitectos como Hassan Fathy y Elie Mouyal? El comisario Kries confía en que, al igual que en estos ejemplos, también en el futuro se pueda lograr una síntesis armónica entre tradición y contemporaneidad. "El acervo tradicional es tan grande que se puede nutrir una modernidad que no tiene por qué suponer una ruptura traumática con el pasado".

La próxima estación de la muestra será el IVAM de Valencia, que , junto a la Kunsthal de Rotterdam, participó en su concepción y financiación. "Sin ellos no lo hubiéramos podido hacer", dijo el director del Museo Vitra de Berlín, Alexander von Vegesack, que alentó la cooperación entre museos europeos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 19 de julio de 2003