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La huelga fuerza la suspensión de los dos primeros montajes de Aviñón

Las protestas se extienden a otros sectores y provocan la interrupción de varios rodajes

La música de Mozart no sonó ayer en la Cour d'Honneur del palacio de los Papas, el escenario más prestigioso del Festival de Aviñón, que debía acoger Wolf, un montaje de Alain Platel a partir de la música del compositor. Tampoco los caballos de Bartabás salieron a la pista de Châteaublanc. Eran los dos espectáculos con los que debía comenzar la edición 2003 de Aviñón y ambos fueron víctimas de la jornada de huelga -de "cultura muerta"- convocada por la CGT en defensa del régimen especial de protección social de los trabajadores temporales del espectáculo.

Hoy el consejo de administración del certamen deberá reunirse, convocado de urgencia por Bernard Faivre d'Arcier, su director. Éste ya ha expuesto su punto de vista, comprensivo y solidario con las reivindicaciones de los trabajadores temporales, y contrario a sus métodos de lucha. Faivre d'Arcier ha anunciado que propondrá la suspensión pura y dura de la edición 2003 en el caso de que la asamblea de técnicos y artistas, reunida anoche en Aviñón, se declarara partidaria de una huelga reconducible, es decir, que hay que negociar cada día. Y, efectivamente, pasada la una de la madrugada terminó la asamblea y los trabajadores informaron de que mantenían la huelga, según informa France Press.

Faivre d'Arcier no tiene nada que perder: en tanto que simpatizante socialista, ya sabe que ésta era la última vez que dirigía el festival y que si aún sigue ocupando el cargo se debe a que las programaciones se hacen con mucha antelación; y Jean Jacques Aillagon, el ministro de Cultura del Gobierno conservador, no consiguió convencer a Patrice Chéreau o a otros para que tomasen el volante a media carrera. Para Faivre d'Arcier, si el embrollo explota en las manos del ministro o la alcaldesa de la ciudad, a la que reprocha no haber comprendido nunca la dimensión cultural de un encuentro que enriquece la ciudad, eso no le causa demasiada inquietud. Aillagon, por su parte, dice que no tomará nuevas iniciativas, pues asegura haber ido "hasta el límite" de su responsabilidad "y no me corresponde inventar soluciones", ha afirmado. La alcaldesa, Marie José Roig, señala que no será ella "quien suspenda por primera vez lo que viene desarrollándose desde 1947".

Ayer, miles de profesionales del espectáculo desfilaron por las calles de Aviñón. El cineasta Robert Guédiguian denunció una situación de "especial gravedad". El actor Jean Pierre Darroussin se quejó de un Gobierno que "aplasta a las fuerzas vivas y sigue una política contable a corto plazo". El director y actor teatral Didier Bezace se declaró "indignado ante las palabras de la patronal, que nos trata de pedigüeños y niega al estatuto de los temporales lo que es: un pacto de solidaridad entre la República y los artistas". Otros prefirieron la demagogia simbólica y equipararon sus problemas a una crucifixión.

En Aix-en-Provence, tras cuatro días de festival lírico con sólo dos representaciones, ayer de nuevo el paro fue absoluto y Stéphane Lissner, su director, repitió: "Si no podemos dar las funciones previstas, tendré que acudir al Tribunal de Comercio para declarar la institución en suspensión de pagos". Los temporales también trastornaron el desarrollo del Tour de Francia, retrasando la carrera ciclista, e intentaron impedir el concierto que ayer tenían previsto dar los Rolling Stones en París, pero la policía desalojó a quienes trataban de bloquear la llegada de los camiones de material.

El cine ha mostrado su solidaridad con los temporales. Las películas Comme une image, de Agnès Jaoui; La nuit était-elle plus noire là-bas?, de Nicolas Klotz, y Je suis un assassin, de Thomas Vincent, y varios telefilmes suspendieron sus rodajes.

La patronal opina

Todo el mundo está de acuerdo en que el régimen especial de los temporales del espectáculo necesitaba una reforma, pero casi cada artista, técnico o empresario defiende una solución distinta. Para la patronal y su cabeza visible, Ernest-Antoine Seillière, también había que "poner fin al escándalo de los falsos temporales, a los chóferes, secretarias o telefonistas que cobran como artistas". Si los sindicatos culpan a las empresas de ese tipo de irregularidades, Seillière lo ve de otro modo. Según él, "los sindicatos han demostrado una gran capacidad de control cuando se trataba de comprobar si los cuadros dirigentes respetaban o no la aplicación de las 35 horas. Me gustaría que hubiesen demostrado igual voluntad de vigilancia con los temporales".

Seillière no ha dejado pasar la oportunidad de enfrentar a los temporales y su régimen especial con el resto de los trabajadores adscritos al régimen general. "Esos jóvenes que se tienden por las calles de Aviñón cobran un subsidio cada mes. El sector público, cuando hace huelga, como mínimo deja de cobrar el jornal. Los temporales siguen cobrando. Llamarle a eso huelga se me antoja cinismo", concluyó el barón de Seillière.

El reproche que más a menudo se ha hecho al acuerdo firmado el 27 de junio entre la patronal y tres sindicatos minoritarios se funda en la falta de representatividad de estos. "Es verdad que la CGT es la más votada entre los trabajadores temporales, pero la CFDT, la CFTC y la CGC son los mayoritarios que coadministran la Unedic (los fondos correspondientes a los subsidios de paro), porque la CGT mantiene una postura de oposición sistemática", dijo Seillière, que además amenazó con replantearse una situación que no tiene en cuenta que "la cultura francesa recibe 198 millones de euros de las empresas en concepto de mecenazgo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 9 de julio de 2003

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