J. A. Ramírez traza un mapa del cuerpo en el arte contemporáneo
El catedrático asume el "fracaso" de un "proyecto inabordable"
La tortura, el desnudo, la ropa, los fluidos, el cuerpo transparente, el sexo, la huella del cuerpo, el espejo... Ésas y otras reinvenciones del cuerpo humano son el esqueleto del nuevo libro de Juan Antonio Ramírez (Málaga, 1948), Corpus solus (Siruela), proyecto "fascinante, fragmentario, y condenado al fracaso" que traza el posible mapa del cuerpo en el arte contemporáneo a través de artistas como Picasso, Duchamp, Pistoletto, David Nebreda, Cindy Sherman, Orlan, Ana Mendieta y muchos más.
"Es una obra irrealizable. Decir arte y cuerpo es casi un pleonasmo, trazar el mapa del cuerpo en el arte contemporáneo es imposible: el 90% del arte tiene que ver con el cuerpo", empezó diciendo Ramírez en la presentación del libro en La Casa Encendida. "Dicho eso, y después de tratar de buscar un tono, un aire que unificara el fracaso, éste es justo el libro que quería hacer".
A ratos gozoso y a ratos duro, el ensayo es, para su autor, un "inventario" de artistas, obras, problemas, dudas y hallazgos. Y no repara en géneros, famas ni edades. Catedrático de Historia del Arte en la Universidad Autónoma de Madrid, Ramírez relaciona las lágrimas del Guernica de Picasso; la Fuente de Mercurio de Alexander Calder; los maniquíes abyectos de Cindy Sherman; el terror "optimista" de los autorretratos del artista esquizofrénico David Nebreda; el arte quirúrgico de Orlan, mujer "sin nombre ni biografía" que expone sus operaciones, "e inventa su pasado y su cuerpo"; los cuerpos tatuados de Alberto García Álix; los miembros gigantes de Mapplethorpe, el salto al vacío de Yves Klein, el "suicidio-performance" de Ana Mendieta...
"Vicio y virtud"
Y muchos más. Según dijo Valeriano Bozal, "la curiosidad de Ramírez es vicio y virtud". Bozal, catedrático en la Complutense, destacó además su originalidad para narrar desde la doble vertiente de historiador y crítico, "sin hacer juicios morales".
"No me interesa nada definir lo que es pornográfico, lícito o moral", dice el autor. "Eso hubiera sido meterse en el pantanoso terreno de los prejuicios. Pero, en caso de duda, he tratado de mostrar simpatía hacia lo que suele provocar rechazo. Decir que lo desagradable es desagradable ya lo dice todo el mundo".
Bozal alabó el gusto duchampiano por la paradoja de Ramírez: "Desprecio / deseo, desnudo / vestido, dentro / fuera, sólido / líquido, soltero / casado...". Y en la variedad de miradas que reúne la obra (ilustrada con muchas fotos y sobriamente diseñada por Gloria Gauger), Bozal advierte "cómo la violencia marca el tratamiento del cuerpo a partir de la II Guerra Mundial".
"Si se trata de búsqueda o de provocación, da igual", añade el autor. "Eso no es relevante: todos los artistas que buscan de una manera radical provocan las buenas conciencias".
Ramírez, que empieza su recorrido en las vanguardias, cree que ahora mismo vivimos "la edad de oro de la creatividad". Y ve "dos grandes direcciones en las miradas al cuerpo: la afirmación de la corporalidad en todas sus dimensiones y la superación de todas las limitaciones del cuerpo".
El ensayo, que se divide en 20 capítulos, se demora en el trabajo de muchísimas mujeres ("menos abundantes en otros ámbitos del arte") y de numerosos hombres. Y aunque Ramírez sostiene que no todos los artistas de los que habla le gustan, añade que inevitablemente su biografía intelectual se ve reflejada en sus elecciones.
No faltan las reflexiones sobre lo digital y las nuevas tecnologías que, según Ramírez, "incorporan la utopía al cuerpo" y "permiten hacer creíbles a seres que no existen, o hibridaciones, e imaginar cuerpos futuros, supercuerpos, cuerpos pixelados, pigmentados, modificados. Es, en fin, el viejo sueño de los artistas que fantasean con ser dioses". Y cuando los secretos de la genética estén a su alcance, ¿qué pasará? "No es difícil aventurar que los artistas crearán nuevos seres por hacer arte. Es un futuro perfectamente posible".

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