Crítica:Crítica
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Desde Egipto, con amor

Cualquier entusiasmo es poco ante una fórmula tan deliciosa como la creada por la editorial francesa Plon de diccionario amoreaux, enamorado, es decir, confeccionado desde la personalísima pasión por un país y por tanto desde la más arrebatadora subjetividad. Tras traducir los volúmenes dedicados a la India (de Jean Claude Carrière) y Grecia (Jacques Lacarrière) -¡no se los pierdan!-, Paidós brinda por fin el consagrado a Egipto que ha realizado el escritor y periodista -de Le Monde- Robert Solé, autor de libros tan estupendos sobre el país del Nilo como La expedición Bonaparte (Edhasa, 2001) o L'Egypte, passion française (Seuil, 1997). Profundo conocedor del país (allí nació y vivió hasta los 17 años, hijo de una familia cristiana de origen sirio-libanés), Solé lo ama con locura, lo que no significa que su diccionario sólo incluya aspectos positivos, muy al contrario: en él figuran entradas y comentarios que reflejan y critican "lo que desfigura, debilita y deshonra" a Egipto. Asuntos como la degradación del patrimonio y la ecología, el fanatismo, la censura o la escisión, a la que dedica una entrada para recordar que, según una encuesta de 1995, el 97% de las mujeres egipcias la han sufrido.

DICCIONARIO DEL AMANTE DE EGIPTO

Robert Solé

Traducción de Javier Palacio Paidós.

Barcelona, 2003

528 páginas. 21,50 euros

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La mirada de Solé se plasma a través de 140 entradas, de "Abbasseya", la circunscripción del Gran Cairo donde nació el autor), a "Zaghloul (Saad)", campeón del nacionalismo egipcio, uno de los fundadores del partido Wafd y primer ministro tras la independencia del país. Entre una y otra entrada, a través de términos como "cocodrilo" o "derechos humanos", un paseo memorable por Egipto, el de los faraones, claro ("Akhenaton", "Champollion", "Cleopatra", "Karnak", "pirámides", "Tutankamón"), pero también el islámico, el copto, el colonial, el de hoy y, sobre todo, el de la gente. Entradas como "bakchich", en la que apunta, hablando de la omnipresente propina, por cuántas cosas no se pide nada en Egipto, o "pan", en la que se traza una nostalgia de los diferentes tipos y sabores, o "gallabeya" o "fellah", nos llevan a la esencia más profunda y conmovedora del país. Hay lugar para esas frases y palabras recurrentes ("inch'allah", "malesh") para Durrel y su Cuarteto de Alejandría, para los cafés del viejo El Cairo, el desierto, el cine, la danza del vientre, Dalila, los pájaros... Un libro inolvidable, un verdadero tesoro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 20 de junio de 2003.

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