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De la Gran Pirámide al escarabajo

En una crecida similar a la del Nilo llega una oleada de libros sobre el Antiguo Egipto que abarca todos los aspectos del viejo país de los faraones. Entre las novedades, la traducción por fin del gran clásico de I. E. S. Edwards sobre las pirámides, una guía de sitios y monumentos del popular Christian Jacq y estudios sobre la religión y los templos.

Sus pilones alcanzan los cielos y las astas de los estandartes, las constelaciones". La frase del templo de arenisca de Amenofis III en Soleb, en la Alta Nubia, se refiere a las grandes construcciones faraónicas, pero también puede aplicarse a la magnitud de la bibliografía sobre el Antiguo Egipto, una bibliografía que crece -felizmente- de manera prodigiosa. La última crecida de este fertilizante Nilo de publicaciones viene bien surtida, de la alta pirámide al humilde escarabajo (y sin embargo símbolo solar), y todo egiptófilo notará su pulso acelerarse ante tanta momia, tanta tumba, tanto sabio.

De entrada, hay que saludar, agitando sistros, la aparición de una nueva colección, en Crítica, consagrada al Egipto faraónico. El libro escogido para inaugurarla, junto al simpatiquísimo Destellos de Osiris, del profesor de egiptología en Cambridge John Ray (una serie de encantadoras semibiografías de personajes del Antiguo Egipto -el autor traduce un título de la reina Hatshepsut como "la diosa platino", lo que habría encantado a Terenci Moix-), es un gran clásico, la obra por antonomasia sobre las pirámides, Las pirámides de Egipto, de I. E. S. Edwards (1906-1996), que por fin se traduce al castellano.

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Editado por primera vez en 1947, el libro ha conocido continuas reediciones actualizadas, hasta 1993 (la que aparece en España), lo que permitió al autor introducir, por ejemplo, el tema de los controvertidos pozos de ventilación de la Cámara de la Reina de la pirámide de Keops. Edwards fue un verdadero erudito: responsable del departamento de antigüedades egipcias del British Museum, organizador de la gran exposición en Londres sobre Tutankamón (1972) y uno de los artífices del salvamento del templo de Philae, que tantos suspiros provocó a Loti. Su obra Las pirámides de Egipto es un pormenorizado estudio científico de esos monumentos que sigue cronológicamente las etapas de su desarrollo -deteniéndose especialmente en el grupo de Giza- con un capítulo final sobre la finalidad y la forma de construirlos.

Obra de referencia, llena de interesantísimos detalles y alguna ironía anglosajona ("¡qué poco podían imaginar estos reyes las oportunidades para hacer hipótesis que estaban dando a la posteridad!"), el libro de Edwards es muy útil incluso sobre el terreno, como puede atestiguarlo quien firma estas líneas que lo llevó como guía a una estremecedora excursión en solitario a las entrañas de la Gran Pirámide en pos de las grietas que supuestamente amenazaban la estabilidad del monumento. Tiene además el libro de Edwards la honestidad de establecer los límites de nuestro conocimiento sobre las pirámides y de admitir que siguen existiendo puntos oscuros en los propósitos y métodos de su construcción que sólo podrán aclararse con más investigación y nuevos descubrimientos.

En la estela del libro de Edwards -y sin dejar de recomendar los estudios sobre el tema de José Miguel Parra Ortiz publicados por la editorial Complutense- hay que señalar la próxima aparición en España de la obra del hombre que ha recogido el testigo mundial de la investigación de las pirámides, Mark Lehner, del que Destino anuncia para septiembre la traducción de The complete Pyramids (Thames & Hudson, 1997), un libro sensacional, espectacular, del mismo estilo de aquel Todo Tutankamón, de Nicholas Reeves, o del reciente (2002) y maravilloso Los templos del Antiguo Egipto, de Richard H. Wilkinson (ambos también en Destino).

No es mala idea ya que hemos hablado de Edwards hacerse con sus memorias (From the pyramids to Tutankhamun: Memoirs of an egyptological life, Oxbow Books, 2000), pues el sabio tuvo una vida muy plena y vivió aventuras como el adentrarse en el desierto durante la II Guerra Mundial en busca de pirámides sin conocer los emplazamientos de los campos de minas. Son novedad las memorias de otro gran personaje de la egiptología: la faraona Christiane Desroches Noblecourt, que acaba de publicar Sous le regard des dieux (Albin Michel, 2003), en el que pasa revista a sus 62 años de apasionante carrera profesional.

Otras dos interesantes novedades son las que publica el sello Oberon (Anaya) en su colección de egiptología -en la que apareció el Akhenatón (2002) de Reeves, un título indispensable, y más ahora con todo el revuelo en torno a la supuesta momia de Nefertiti-. Se trata de dos serias monografías sobre temas religiosos: Ra, el dios del sol -que posee un muy interesante capítulo sobre, precisamente, Akenatón y otro sobre el significado solar de pirámides y obeliscos- y La religión en el Antiguo Egipto -que incluye un capítulo sobre los dioses egipcios en el extranjero-, ambos de Stephen Quirke, conservador del Petrie Museum de Londres. Otra novedad sobre las divinidades egipcias es el estudio iconográfico de María José López Grande, Damas aladas del antiguo Egipto (Museo Egipcio de Barcelona, 2003).

Para el final queda uno de los libros que más expectación despertará entre muchos aficionados: la Guía del Antiguo Egipto (Planeta, 2003) que ha pergeñado el novelista Christian Jacq y que constituye un agradable y oportuno acompañante para viajar, con documentación, consejos y el tono entusiasta del autor, a los parajes arqueológicos más conocidos del país.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 21 de junio de 2003