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OPINIÓN DEL LECTOR

Viajeros de tercera

Mairena del Aljarafe (Sevilla)

Empiezo a escribir esta carta desde el vagón de cola de la red ferroviaria española: el TRD que une Sevilla con Granada y Almería. El retraso de 30 minutos con el que salimos de Granada se acumula. Son las 14.12 y el tren lleva detenido 10 minutos en la estación de Osuna, donde no tenía ni que haber parado, según la información facilitada por Renfe. Y precisamente hace 10 minutos que ya tendríamos que estar en Sevilla-Santa Justa. Vuelvo de un viaje de trabajo, cuyo trayecto de ida en este mismo medio se saldó con 36 minutos de demora en su llegada a la estación de Granada. Y esto no es excepcional. Soy testigo de que ocurre con una inadmisible frecuencia. En esta ocasión, cuando pregunto por el motivo, el revisor me responde que se debe a instrucciones de circulación. De esta vaga explicación interpreto que el TRD ha tenido que ir dejando paso a otros trenes y me pregunto ¿a cuáles? ¿Sólo a los de viajeros de otras procedencias y destinos o también a los de mercancías? ¿Tenemos más o menos preferencia que un cargamento de cemento?

A los responsables de Renfe les parecen una nimiedad las consecuencias que estos hechos tienen para la vida laboral, personal o familiar de los que viajamos a menudo en este tren, que atraviesa Andalucía de este a oeste, y, por supuesto, mucho menos importantes que las que puedan afectar a los viajeros que van a Madrid. También les parece normal que en un viaje de más de cinco horas no haya que prestar ningún servicio de cafetería, ni siquiera el carrito ambulante con refrescos y aperitivos.

Desde estas líneas quisiera pedir a los medios de comunicación, a los diputados andaluces y a las asociaciones de consumidores y usuarios que pidan a Renfe las explicaciones que no dan a sus viajeros; el porqué de esta bochornosa situación tercermundista en que se encuentran las comunicaciones ferroviarias en nuestra Comunidad. El TRD es de amplio uso entre los turistas que se desplazan por Andalucía. Por tanto, el perjuicio para el turismo, se une a la discriminación de sus ciudadanos.

Llegamos a Sevilla-San Bernardo cuando el reloj marca las 14.56 horas, 58 minutos después de la hora prevista y anunciada en toda la información que se ofrece a los viajeros. Entre ellos, muy pocos conocen que tienen derecho a la devolución del 50% del importe de su billete. Desciendo del tren con el alma de una ciudadana de segunda y una usuaria de tercera. Ya le digo, del vagón de cola.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 21 de junio de 2003