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GUIÑOS

Modelo de identidad

No cabe duda que Elssie Ansareo (México, 1979) es una de las fotógrafas más brillantes que trabajan en estos momentos en el País Vasco. Desde hace seis años reside en nuestra tierra donde vino a estudiar Bellas Artes a la UPV. Con un armario intelectual excelentemente nutrido su todavía breve trayectoria resulta apabullante por lo selecta. Como una muestra más de su buen hacer tenemos una exposición (hasta el 24 de junio) en el Espacio Marzana, esa coqueta sala nacida al borde de la Ría que participa con aires parisinos y donostiarras en la recuperación y transformación de Bilbao.

Para esta artista mexicana, podríamos añadir bilbaína de adopción, la fotografía es un instrumento a través del cual busca respuestas a los distintos temas que se plantea y a través de ellos conocerse a si misma y a los demás. Su obra se presenta en series para intentar desgranar con mayor precisión las distintas vertientes que plantean sus dilemas. Fundamentalmente recurre al blanco y negro, aunque si es preciso recupera los colores del arco iris. Las personas (modelos elegidos) son la materia prima de su trabajo y por supuesto el camino más directo para acercarse al complejo universo de la naturaleza humana.

Desde su primera exposición individual, Variaciones de la piel, posteriormente recogida en un libro del mismo nombre, pregunta sobre el origen e identidad de mujeres y hombres, lo mismo que esboza aspectos de la naturaleza, vegetación y paisaje, para enmarcar sus modelos. Ahora amplia sus primeros esbozos y juega con diferentes formatos y matices más elaborados. Así la nueva serie la constituyen doce fotografías en blanco y negro, algunas de ellas con un suave viraje y tres de ellas en la fórmula de fotomontaje, o más bien de superposición de negativos. Buscando respuesta a la identidad y cuando para ello recurre a la figura de los hermanos gemelos imbuye al espectador en la duda de quién es quién. Le remite al territorio de la ambigüedad donde todo y nada puede ser cierto. Le hace dudar de los criterios de análisis establecidos y le incentiva a indagar nuevos elementos de juicio y valoración.

Algo muy similar podríamos sugerir de los fotomontajes, donde el follaje de un bosque, tal que un velo transparente, envuelve un cuerpo humano. De esta fusión mujer-hombre-naturaleza surge una imagen nueva que, incluso guardando los rasgos figurativos de lo que representa, abre fulgurantemente las puertas de la fantasía e incorpora un dulce halo de sensualidad. En definitiva una exposición para disfrutar con los contenidos, pero también por su originalidad compositiva, tratamiento de luz y, sin duda, por la diversidad de formatos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 3 de junio de 2003