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Los atentados de Casablanca acercan a España y Marruecos

Las autoridades españolas se muestran preocupadas por la estabilidad del país vecino

La sangre de marroquíes y españoles corrió junta el pasado viernes por la noche en el patio, convertido en restaurante, de la Casa de España en la ciudad marroquí de Casablanca. Este trágico atentado ha contribuido mucho más que reuniones ministeriales y conferencias de expertos al acercamiento, iniciado a finales de enero tras una larga crisis diplomática, de los dos vecinos del Estrecho. "Es la solidaridad en el dolor mutuo", explica un diplomático.

La visita a Agadir y Rabat, hace cuatro meses, de la ministra de Exteriores, Ana Palacio, supuso la normalización de las relaciones diplomáticas entre Rabat y Madrid con la vuelta de los embajadores a sus puestos. Quince meses antes, el rey Mohamed VI había llamado a consultas a su representante en Madrid, Abdesalam Baraka.

Desde aquel viaje de Palacio, grupos de funcionarios y ministros intentan reconstruir los puentes, pero la aproximación seguía encallando en la inmigración ilegal que desembarca en España desde de Marruecos. Anunciada hace más de un mes, la visita a Madrid de Driss Jettu, el primer ministro marroquí, no acababa de concretarse.

Desde que la Casa de España saltó por los aires, las autoridades españolas han multiplicado, sin embargo, los gestos hacia Marruecos. El primero y más llamativo fue la visita relámpago a Casablanca, el sábado, de Jorge Dezcallar, el director del CNI, el servicio secreto.

Antiguo embajador de España en Rabat, Dezcallar quiso expresar así su solidaridad. Se reunió con el general Hamidu Laanigri, que manda la Dirección de Vigilancia del Territorio. Dejó en Casablanca a agentes de su servicio, que junto con policías españoles expertos en la lucha antiterrorista, deberían ayudar a los marroquíes en las investigaciones.

Dos ministros españoles, Palacio y el titular de Interior, Ángel Acebes, quisieron también manifestar su apoyo viajando enseguida a Casablanca. La ministra postergó el desplazamiento porque su homólogo, Mohamed Benaissa, se encuentra de visita en EE UU, y Rabat estimó preferible esperar a su regreso para acogerla, según fuentes diplomáticas españolas. El Ministerio de Exteriores español ha evitado además incluir a Marruecos entre los países a los que desaconseja viajar.

Los marroquíes han sido sensibles a estas muestras de simpatía. Su prensa destaca los pésames remitidos desde España. Mohamed VI recorrió el domingo el local devastado de la Casa de España, junto con el embajador Fernando Arias-Salgado.

Más allá del gesto que supuso, el viaje de Dezcallar pone de relieve la preocupación por una desestabilización del vecino meridional. "Por mucho que podamos tener problemas bilaterales, los marroquíes deben comprender que nuestra prioridad es la estabilidad de su reino, porque cualquier alternativa a sus actuales instituciones siempre sería peor para España", explica un diplomático español.

La oleada de violencia que ha sacudido Casablanca estaba ante todo dirigida contra instituciones marroquíes, aunque de forma accesoria golpeó a españoles y judíos, según se analiza desde Madrid.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 20 de mayo de 2003