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Reportaje:ELECCIONES 25M | El voto de los inmigrantes

Carboneros frena su repoblación

Es sólo una familia, pero ha sido suficiente para revitalizar la vida de una pequeña aldea de apenas un centenar de habitantes, de las que más de la mitad tienen más de 70 años. Juan Bautista Lupercio, su mujer María Florencia Quinde y sus cinco hijos menores de edad cumplen el próximo día 13 de mayo un año de estancia en La Mesa, un anejo del municipio jiennense de Carboneros, adonde llegaron rodeados de focos y cámaras de televisión. Y no era para menos. Fue la primera familia ecuatoriana, seleccionada entre otras 300 aspirantes, que estrenó la innovadora experiencia repobladora que imita otra similar a la que en el siglo XVIII llevó a cabo Carlos III con criterios reformistas para crear las Nuevas Poblaciones con colonos de los países del centro de Europa.

Pero el proyecto Colons, que así se llama la iniciativa de repoblar con inmigrantes ecuatorianos las envejecidas aldeas de Carboneros, no está cumpliendo el ritmo previsto por el alcalde, el socialista Domingo Bonillo. De momento, la vivienda que ocupa la familia de Juan Bautista -sólo pagan unos 150 euros al año de forma simbólica- es la única adquirida por el Ayuntamiento, con ayuda de la Junta de Andalucía. Las otras cinco o seis todavía están a la espera de financiación municipal y que se inaugure el polígono industrial. "Repoblar por repoblar no tiene sentido, hay que llevar de forma paralela el tema de la vivienda con el del empleo", asegura el primer edil de Carboneros, que no ve peligrar el proyecto pese a que no repetirá como candidato socialista. "Hay mucha gente implicada, e incluso alguna ONG nos ha planteado la posibilidad de seguir con la iniciativa", dice Bonillo, requerido a menudo por alcaldes de Asturias, Cataluña o Aragón para reproducir la experiencia.

Un año después de su llegada a Carboneros, la familia de Juan Bautista se encuentra plenamente integrada: "Nos sentimos como en familia y los vecinos se portan con nosotros maravillosamente". Juan lamenta, no obstante, no tener derecho al voto "y poder apoyar a los candidatos más solidarios y que más se vuelcan con su pueblo". La opinión la comparte el alcalde, para quien "la igualdad de derechos entre inmigrantes y españoles no es real si no se puede ejercer el derecho al voto". Tanto Bautista como Bonillo comparten la idea de que el derecho al voto implicaría a los inmigrantes en el desarrollo del municipio: "Lo sentirían como propio".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de mayo de 2003