LA TRANSICIÓN EN IRAK | Los islámicos

El clero chií emerge como el nuevo poder en Irak tras el colapso de los suníes

La única vía de activismo político en el país hasta ahora ha sido la militancia religiosa

El peligro de la división, de la guerra civil. La patraña para justificar un "Gobierno fuerte", es decir, una dictadura. Los iraquíes no pueden vivir en democracia porque están divididos. Otra vez el tópico. Y sin embargo, kurdos, sabeos, chiíes, turcomanos, suníes, caldeos... Sea cual sea la comunidad étnica o religiosa, todos se declaran antes que nada iraquíes. Quienes fomentan la imagen de país fragmentado apuntan con miedo a la comunidad chií, a la que pertenece el 60% de los iraquíes. Su aceptación o rechazo a la democracia es clave para el futuro de Irak.

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"En este país no ha habido partidos políticos; la única vía de activismo posible ha sido la religión, de ahí el poder de las mezquitas", dice un observador local. Pero los líderes religiosos suníes estaban cooptados por el régimen y, una vez desaparecido éste, sus mezquitas se han quedado sin imames. Oficialmente no había mezquitas suníes o chiíes, pero todo el mundo sabía cuáles pertenecían a cada comunidad y los pequeños templos construidos con dinero privado permanecen abiertos. La mayoría son chiíes.

Es a través de estos canales como se está organizando la devolución de objetos robados en el frenesí de las primeras horas sin Sadam, e incluso la Administración local en muchos pueblos y ciudades pequeñas. El relieve del clérigo en el islam chií es aún mayor que el del cura de pueblo católico, por cuanto buena parte de las diferencias de esta rama con la ortodoxa, o suní, proviene de su respeto a una fuente de emulación o guía espiritual. Esta ausencia de un líder único es responsable de la eterna división de los chiíes, pero también de la mayor flexibilidad de su doctrina frente a la suní, extremo éste eclipsado por la intensa propaganda estadounidense tras la Revolución Islámica de Irán en 1979.

Iraquíes, iraníes, indios o libaneses, los 130 millones de chiíes de todo el mundo (un 10% de los musulmanes) siguen con devoción a un puñado de grandes ayatolás cuyas escuelas se hallan sobre todo en la ciudad sagrada de Nayaf (Irak) y, más recientemente, en Qom (Irán). Allí peregrinan (físicamente o vía Internet) desde todos los lugares del mundo en busca de orientación. De ahí que en un momento de confusión y caos como el que en la actualidad vive Irak, se mire hacia esos grandes hombres porque de sus palabras va a depender en gran medida el camino que elijan los chiíes de este país.

Tres grandes ayatolás concentran el mayor número de seguidores: Mohamed Baquer Sáder, Mohamed Baquer al Hakim y Alí Sistaní. Sáder fue asesinado en 1980, después de que uno de sus seguidores atentó contra Tarek Aziz. Su relevo lo ha tomado Kadhem al Haeri, cuyo regreso desde Irán se esperaba en estos días.

Una mayor base

Al Hakim también se exilió en Irán y Sistaní, de origen iraní, vive en Nayaf. Su popularidad va por zonas, pero es sin duda este último el que tiene una mayor base. Las últimas revelaciones sobre que algunos de sus seguidores cobraban de los servicios de seguridad de Sadam van a restarle credibilidad.

Además, la permanencia de Al Hakim en Irán y la calculada ambigüedad de Sistaní (ni con Estados Unidos ni con Sadam), dan bazas a la escuela de Sáder. Son mayoritariamente sus seguidores los que han dado un paso al frente en las mezquitas del centro y el sur de Irak para mantener el orden y fomentar la formación de consejos para gestionar las administraciones públicas mientras dure el vacío de poder. EE UU y el futuro Gobierno de transición tendrán que contar con ellos si no quieren desatar las iras de la comunidad chií.

"De alguna manera la escuela de Sáder representa la izquierda del chiísmo", explica el observador antes citado. Aunque a diferencia del clero iraní, el iraquí sigue una línea de pensamiento contraria a la actividad política de los clérigos, Sáder era uno de los líderes de Al Dawa, un importante partido islamista cuyos seguidores se confunden en muchos casos con los del ayatolá. El otro gran grupo político es el de los seguidores de Al Hakim, organizados en el Consejo Supremo para la Revolución Islámica en Irak (CSRII).

"El temor que tenemos es que EE UU fomente la división en su beneficio", confían varios chiíes urbanos y educados, alguno de los cuales se declara laico. No es una mera hipótesis. La llegada a Nayaf de la mano de las tropas estadounidenses de Abdel Mayid al Joie, hijo del asesinado gran ayatolá Al Joie, despertó sospechas. Poco después, unos desconocidos le mataban por proteger al guardián del Sepulcro del Imam Alí, al que muchos consideraban colaborador de Sadam. Unidos, los chiíes podrían hacer presión para exigir la salida de las tropas estadounidenses de Irak.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 22 de abril de 2003.

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