Cartas al director
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Gracias, señor Aznar

Quiero expresarle mi más sincera gratitud y admiración por haber sido capaz, en el plazo breve de unas semanas, de lograr lo que yo no he conseguido en 10 años de práctica docente y dedicación a la enseñanza de Historia Contemporánea de España; a saber, que mis alumnos lean periódicos y que tomen conciencia de su realidad de "hombres políticos" en el sentido aristotélico del término.

Todos ellos son votantes potenciales en las próximas elecciones municipales de mayo, y realmente me tenía muy preocupada su escasa implicación con el mundo que los rodea; hoy en día saben, gracias a usted, la importancia que tiene su voto, y todos ellos han aprendido un aspecto de la vida política que parece que últimamente había permanecido soterrado: ustedes, los que se sientan en los sillones azules del Congreso, son responsables ante nosotros (o ante quien les haya votado) de sus actos, y nosotros, con nuestro voto, podemos desalojarles de ellos.

Y en estos momentos en que la aplicación de la Ley de Calidad Educativa y la remodelación de los contenidos de la asignatura que imparto amenaza con retrotraernos a la España del nacionalcatolicismo y del pensamiento único y monolítico, se lo agradezco aún más, porque usted, con ayuda de su ministra de Educación, ha conseguido también lo que la nueva asignatura que empezaremos a impartir el curso que viene, si alguien sensato no lo remedia antes, pretende obviar: el desarrollo de un espíritu crítico en nuestros alumnos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 25 de marzo de 2003.

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