Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:SACUDIDA EN EL SECTOR ENERGÉTICO

A la tercera, ¿la vencida?

La fusión entre la eléctrica y la gasista fue intentada dos veces, en 1999 y 2000, pero en ambas ocasiones a iniciativa de Repsol

A la tercera, ¿la vencida? Iberdrola, la segunda eléctrica del país, ha sido una compañía codiciada por el sector petrolero-gasista desde finales de la década de 1990. Repsol YPF, la petrolera con vocación multinacional, lo intentó en 1999 y volvió a plantearlo en el año 2000, con motivo de la frustrada fusión entre Endesa e Iberdrola. Después de ese intento fallido, en enero de 2001, Iberdrola valía 12.485,77 millones de euros. El pasado viernes, su valor ascendía a 12.820 millones.

Las dos ocasiones anteriores fallaron tras intensas peleas entre los accionistas. El presidente de Repsol YPF, Alfonso Cortina, lo intentó en el año 1999, apoyado en aquella ocasión por el BBVA. Endesa, mascarón de proa del club del kilovatio, Iberdrola y La Caixa se opusieron a la idea de Cortina de crear un gran grupo energético difícil de ser engullido e integrado, con intereses en el petróleo, el gas natural y la electricidad. Pero lejos del desaliento, los planes de Repsol YPF reverdecieron, a la fuerza, al año siguiente, cuando se planteó el proyecto de fusión entre Endesa e Iberdrola. Entonces, una vez más, la petrolera ofreció a Iberdrola un proyecto de fusión, esta vez con su participada, Gas Natural, en pie de igualdad. La pelea fue dura. Los entonces presidentes de Iberdrola y de Endesa, Íñigo Oriol y Rodolfo Martín Villa, en plena fase de ajuste de su gran proyecto eléctrico, pusieron el grito en el cielo. Oriol se negó de plano a aceptar los planteamientos de Alfonso Cortina, y el BBVA, que apoyaba las tesis de la compañía petrolera, salió del consejo de Endesa.

Con la OPA sobre Iberdrola presentada ayer por Gas Natural ha llegado el tercer intento. Pero ahora el escenario es muy distinto. Gas Natural ya no es una participada de Repsol YPF, sino que es una empresa independiente, cuyo primer accionista es La Caixa, con el 31,5% -30% directo y el otro 1,5% a través de Isusa, un holding formado con la firma francesa Suez-, mientras que Repsol es el segundo accionista, con el 24%.

La petrolera tuvo el 47,04% de Gas Natural desde la fundación de esta empresa, en 1991, hasta mayo de 2002. En aquella fecha, Repsol YPF vendió el 24,04% de Gas Natural para hacer frente al desequilibrio patrimonial producido por la devaluación del peso argentino. Gas Natural dio la vuelta como un calcetín: los de arriba pasaron abajo (Repsol) y los de abajo, arriba (La Caixa).

El segundo intento de unir Gas Natural e Iberdrola llegó en octubre de 2000. En aquella ocasión, los principales accionistas de Iberdrola, BBVA y Bilbao Bizkaia Kutxa (BBK), se inclinaron por apoyar la oferta de Gas Natural, pero no así el presidente de la eléctrica. Ahora, en cambio, las definiciones son sustancialmente diferentes: el BBVA, alineado de nuevo con Repsol, está en contra de la OPA de Gas Natural; la BBK ve la operación con simpatía y, por su parte, Oriol, a quien el anuncio de la operación pilló ayer en plena visita al santuario de San Millán de la Cogolla, apuesta por esperar y ver.

La formación del conglomerado Gas Natural-Iberdrola, impulsado ahora por el presidente de la sociedad gasista, Antoni Brufau, lleva en su seno los poderes de dos entidades con fuerte arraigo periférico. Por el lado vasco, destaca la presencia del BBVA y la BBK en el accionariado de Iberdrola y, por la parte catalana, La Caixa es, en la actualidad, el primer accionista de Gas Natural.

Este tercer intento lleva también la impronta de la audacia. Su anuncio se produce pocos días después de conocerse el borrador de la ley de OPA, que permitiría a Repsol recuperar el control de Gas Natural sin necesidad de realizar una oferta pública. La mejor defensa es el ataque. Y, además, Gas Natural cuenta con la experiencia de la última vez, cuando, en su segundo intento, irrumpió en plena gran fusión eléctrica Endesa-Iberdrola. Esta última operación, aunque frustrada, fue apoyada desde el Gobierno para limar los cimientos financieros de los nacionalistas vascos -diluyendo la participación en Iberdrola del BBVA y de la BBK- en la macroempresa resultante, de forma similar al proceso de fusión entre el BBV y Argentaria, que dio lugar al BBVA y ascendió a la cima de la nueva entidad a Francisco González, un hombre cercano al poder.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 11 de marzo de 2003