Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Nueva York descubre el impacto del barroco español en el XIX francés

El Metropolitan reúne en una exposición 240 obras de Manet, Velázquez y Zurbarán

El bufón Pablo de Valladolid, de Diego Velázquez, y el Actor trágico, de Edouard Manet, son las dos obras escogidas para recibir al visitante en la exposición Manet / Velázquez. El gusto francés por la pintura española, que hoy inauguran los duques de Lugo en el Metropolitan Museum de Nueva York. Las dos figuras sintetizan el espíritu de una muestra que examina el impacto de los artistas españoles del siglo XVII sobre la pintura francesa del XIX. La exposición, compuesta por 240 óleos y dibujos sobre papel, permanecerá abierta hasta el 8 de junio.

La muestra peligró por los precios que marcan las aseguradoras tras los atentados

La exposición reúne obras de Zurbarán, Murillo, Ribera y El Greco, junto a los cuadros de los artistas franceses a los que sirvieron de inspiración, como Degas, Delacroix, Courbet y Renoir. Goya, a caballo entre ambos periodos, tiene gran presencia en una exposición que antes visitó el Museo de Orsay, de París.

Es la primera vez que se unen dos escuelas tan alejadas en el tiempo y a la vez tan cercanas. Los maestros españoles del XVII destilaban un realismo del que carecían las estructuras academicistas del neoclasicismo y el romanticismo del XIX. Por eso, al entrar en contacto con las obras españolas tras la invasión napoleónica y, sobre todo, tras la creación por parte del rey francés Luis Felipe de la galería española del Louvre, en 1838, con más de 400 telas, Manet y algunos de sus contemporáneos abandonaron las tendencias rafaelistas de la época para caer bajo el hechizo de un arte cuya influencia queda patente a lo largo de toda la exposición. "Esa evolución fascinante de un modelo de pintura que pasó del idealismo al realismo, de Italia a España, del Renacimiento al Barroco, no es otra cosa que el fundamento de la estética del impresionismo", afirma el comisario norteamericano de la muestra, Gary Tinterow.

La muestra neoyorquina incluye también una sala dedicada a la influencia española sobre artistas norteamericanos que estudiaron en Francia durante el siglo XIX, como John Singer Sargent o Thomas Eakins. "No encontramos un buen título. Podría haberse llamado Manet-Goya-Velázquez o incluso Manet-Goya-Velázquez-Ribera-Zurbarán-Sargent. Tiene muchos componentes, pero la clave es el impacto del arte español en Francia", asegura Tinterow.

El protagonista indiscutible es, no obstante, Manet, con casi 60 obras entre óleos y dibujos. Su encuentro con los cuadros de Velázquez, primero a través de los que conoció en París y posteriormente tras su visita al Museo del Prado en 1865, cambió para siempre su aproximación al arte. En una carta que escribió a su amigo el poeta Baudelaire, algunos de cuyos retratos en papel forman parte de la muestra, Manet escribe: "Velázquez es posiblemente el mejor de los pintores que haya tenido el mundo". Su uso de la luz, del trazo pictórico y, sobre todo, la expresiva utilización del color, así como su acercamiento a personajes callejeros como enanos y saltimbanquis, a los que otorgó la misma importancia estética que a reyes y nobles, influenció a un artista que fue criticado en su época por atentar contra las rígidas normas del estilo vigentes en la Francia de la segunda mitad del siglo XIX. Manet, Degas o Renoir deshicieron los contornos e introdujeron en su pintura una sensibilidad que fue despreciada por sus contemporáneos, pero que cambiaría inevitablemente el rumbo del arte contemporáneo.

Reunir obras como La Inmaculada Concepción, de Murillo, o El enano Don Diego de Acedo, de Velázquez, ambas cedidas por el Museo del Prado de Madrid, junto a cuadros como el Torero muerto, de Manet, procedente de la National Gallery de Washington, o el San Francisco en meditación, de Zurbarán, de la National Gallery de Londres, no ha sido una tarea fácil. La muestra es el fruto de casi dos años de trabajo en los que Gary Tinterow, comisario de Pintura Europea del Metropolitan, y Genevieve Lacambre, conservadora del Museo de Orsay, han buscado las piezas clave con las que reconstruir los pasos artísticos que dieron los innovadores franceses.

Más de setenta instituciones han cedido sus obras para una muestra cuya realización llegó a peligrar por los disparatados precios que imponen las aseguradoras tras los atentados sufridos por Nueva York. Asegurar una obra en préstamo llega a costar hasta 500 veces más que antes del 11-S. El museo ha dedicado una web a la muestra (http://manetvelazquez.accenture.com).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de marzo de 2003