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COLUMNA

Realismo

En tiempos de guerra, cuando parece que el mundo pende de un hilo y el futuro es una ilusión incierta, la literatura, el cine, vuelven sus ojos hacia la vida mínima de personajes que, lejos de cambiar la historia, se ven azotados por ella. Tal vez no sea casual el hecho de que en los últimos tiempos varias novelas, y alguna película, hayan vuelto a situar su acción en nuestra guerra. La guerra como paisaje. El paisaje de Las bicicletas son para el verano que se representa ahora mismo y que encoge el corazón, porque no hay nada más inquietante para el espectador que conocer acontecimientos del futuro que desconocen los personajes. Así vivimos nosotros ahora, ignorantes de qué ocurrirá con el mundo (¿no estaría bien que los profesores de historia o de literatura llevaran a los chavales a ver esta obra que ¡seguro! les iba a conmover?). Así se mueven también los personajes fantasmales de Capital de la gloria, el último libro de Zúñiga, escritor silencioso y asombrado que gusta de situar a sus personajes en ese Madrid en guerra, castigado pero valiente hasta la derrota, ese Madrid por el que pasean mujeres jóvenes que quieren ser amadas, o morir amando, que entre el hambre y el horror viven con los deseos desatados. Qué poco hemos sabido transmitir a los jóvenes el interés por la historia más fascinante jamás contada, nuestra guerra. Casi les hemos alentado a que les parezca poco apasionante. Son antiamericanos, pero se empapan del realismo americano y no toleran el español. Contradicciones. El americano no se preocupó nunca de si sus historias eran o no demasiado locales para el resto del mundo y difundió un realismo sin complejos. Aquí, además de ser una provincia del Imperio, nos ha dado miedo la palabra realismo y los críticos suelen utilizar el término para descalificar. Realista: casposo, antiguo. Dentro del realismo americano, influido seguramente por este clima de fin de los tiempos, Jack Nicholson nos ofrece la extraordinaria recreación de un jubilado en A propósito de Schmidt. Desde una vida mínima, se habla de la soledad y la desesperanza. Es lógico que, cuando los creadores no saben abarcar lo que pasa en el mundo, vuelvan los ojos hacia esos seres que jamás pasarán a la historia. Es otra forma de contar lo que pasa. Es el realismo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 26 de febrero de 2003