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CARTAS AL DIRECTOR

Un 'cowboy' de Valladolid

¿Es que nuestro presidente, José María Aznar, no conoce los límites del ridículo? ¿Hasta cuándo y hasta dónde tendremos que soportar sus faltas de decoro público? No contento con poner los pies sobre la mesa, en flagrante hermandad con el presidente Bush, ahora nos abochorna colocándose un sombrero tejano, que, para más inri, le sentaba fatal.

Si todas estas payasadas fuesen privadas en fiestas familiares, y sin trascendencia para la opinión pública, bien estaría, pues cada cual es libre de regodearse en sus propios fastos y lodos.

Pero resulta que está en juego la seguridad mundial. Resulta que existe un pueblo inocente amenazado por el poderío militar de Washington. Resulta que el 15 de febrero mayoritariamente le dijimos un no rotundo a esta agresión. Resulta que a estas alturas, los españoles aún no sabemos qué oscuros tejemanejes se trae nuestro presidente con esas confianzas fuera de lugar con el mandamás estadounidense, pues se niega a explicarlo en el Parlamento.

Lo que más lamento de todos estos despropósitos es el lapsus histórico del hermano de Bush, otorgándonos una inmerecida República, pues si de verdad obtuviéramos ese favor de los hados, Aznar no sería el presidente, de eso estamos seguros todos los españoles. Y, a todo esto, ¿el Rey no tendría algo que decir sobre todo este asunto?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 26 de febrero de 2003