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Editorial:

Abandono criminal

La terrible tragedia vivida por un grupo de 18 inmigrantes subsaharianos, con el saldo de 12 muertos por hambre y sed, en una patera abandonada en aguas al sur de Canarias muestra el perfil más cruel y despiadado de quienes trafican con seres humanos, al tiempo que recuerda la necesidad de una cooperación internacional efectiva en la lucha contra la inmigración irregular que evite que este tipo de tragedias se produzcan en la más absoluta impunidad.

Los patronos marroquíes que abandonaron a su suerte en alta mar a los inmigrantes, tras cobrarles un alto precio, no deberían quedar sin castigo. Tanto en España, si se arriesgaran a pisar su suelo, como en Marruecos, donde es más probable que se refugien. No es descartable que estos desaprensivos tengan compinches en España y que la policía española pueda cooperar con la de Marruecos en su detención. En todo caso, corresponde a Rabat la responsablidad de investigar este caso y de evitar otros parecidos. No pueden quedar sin castigo quienes, además de dedicarse a una actividad delictiva, abandonan a un grupo de personas en el mar, sin agua y sin comida, con el dantesco resultado, tras 14 días a la deriva, de 6 supervientes moribundos y 12 muertos de hambre y sed, arrojados por la borda.

Si hay motivos humanitarios para justificar el patrullaje conjunto por parte de la Unión Europea de las aguas marítimas propicias a los flujos de la inmigración irregular, el evitar tales tragedias es el más importante. Se supone que ese patrullaje, además de detener en alta mar a embarcaciones que intentan introducir su carga humana en territorio comunitario, debe servir también para acudir en su ayuda en caso de naufragio o de pérdida en el mar. Es incomprensible que en este caso ningún servicio reparase en su situación y que sólo el encuentro casual de un pesquero evitara que el desenlace fuera todavía más trágico.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 26 de febrero de 2003