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Blair pedirá más reformas en la UE para facilitar la entrada del Reino Unido en el euro

Londres afronta el Consejo Europeo de marzo como crucial para el ingreso de la libra

El primer ministro británico, Tony Blair, y el ministro de Finanzas, Gordon Brown, exigirán en el Consejo Europeo de la próxima primavera un compromiso para reformar las economías continentales y un acuerdo político que deje claro, a escala de jefes de Estado o de Gobierno, que el Pacto de Estabilidad no obstaculizará el programa de inversiones públicas del Reino Unido. La cumbre constituirá un momento decisivo para saber si el Gobierno británico apuesta por convocar el referéndum del euro este año o lo deja para la siguiente legislatura.

De momento, Gordon Brown logró el pasado martes un primer paso del Ecofin (cumbre de ministros de Economía de la UE) a favor de sus tesis. Pese a las propuestas de mayor dureza defendidas por España, Dinamarca y Bélgica, los ministros se limitaron a dar un educado tirón de orejas a Brown al recordarle que el déficit público debe situarse a medio plazo en torno al equilibrio presupuestario, rechazando la petición de los duros de aumentar las críticas con una referencia a que el déficit proyectado por el Reino Unido está "significativamente por encima" de ese objetivo.

Aunque la prensa británica hacía ayer hincapié en el revolcón que, a su juicio, recibió Brown, Bruselas interpreta que la resolución del Ecofin es una invitación a la laxitud presupuestaria británica y confirma que no sería un inconveniente grave para la entrada de la libra en el euro siempre y cuando esas alegrías sean transitorias.

Pero Blair y Brown necesitan un compromiso más claro y de mayor rango para impedir que los enemigos del euro utilicen el Pacto de Estabilidad para proclamar que el Reino Unido no podrá llevar a cabo su programa de inversiones públicas si entra en el euro, porque los burócratas de Bruselas no le dejarán superar el techo del 3% de déficit.

Un favor a Brown

La Comisión Europea ya le echó un capote a Gordon Brown al defender la tesis de que ese techo se puede superar si es por poco, de manera transitoria y por causa justificada. Esa filosofía, defendida también por Alemania y Francia, es lo que el Gobierno británico quiere que quede por escrito en la cumbre del 21 de marzo con propuestas concretas.

Las reformas estructurales de la economía europea constituirán el segundo caballo de batalla del Reino Unido en esa cumbre. Londres quiere que se convierta en una reedición de la cumbre de Lisboa del año 2000, pero impregnada de pragmatismo y compromisos concretos. Los Quince lograron un gran ejercicio de propaganda en Lisboa, pero tres años después, y con el estallido de la burbuja de la nueva economía de por medio, el balance que hacen los británicos es bastante pobre.

Gordon Brown advirtió el pasado lunes de que la UE afronta "un inmenso reto" para mejorar su productividad. Lo dijo en la presentación de un trabajo realizado por el Tesoro británico en el que analiza los progresos realizados tras la cumbre de Lisboa. Progresos apreciables en algunos campos, pero muy limitados en otros. "Los Estados miembros de la UE no están haciendo lo suficiente para superar los obstáculos que dificultan la creación de empleo", escribe el primer ministro Blair en la presentación.

Para la estrategia de Blair de convocar este año un referéndum, el Consejo Europeo de Bruselas es un momento decisivo porque es la oportunidad de seguir impregnando el continente con la visión económica británica y porque necesita romper uno de los principales obstáculos que pueden impedir el acceso de la libra al euro: la extendida creencia británica de que la economía continental vive en el siglo pasado y el euro acabaría por adormecer también la más flexible economía del Reino Unido.

"Para tener éxito en la Unión Económica y Monetaria, los países necesitan aún más flexibilidad para afrontar los cambios de los acontecimientos económicos inesperados en un momento en el que en la zona euro ya no se puede jugar con variaciones de los tipos de interés y tipos de cambio", sostiene Brown. Si de Bruselas no sale ese mensaje el 21 de marzo, los defensores de la libra seguirán teniendo, por lo menos, un argumento contra el euro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 20 de febrero de 2003