Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Tribuna:

2002: un mal año para la exportación española del libro

El año 2002 ha sido especialmente difícil para la exportación de los libros españoles. La razonable satisfacción con la que terminamos el año 2001 al llegar, por primera vez, a una cifra récord de 600 millones de euros, se ha visto truncada con un descenso de casi un 15% para el conjunto de la exportación del sector del libro agrupado en la Federación Española de Cámaras del Libro. Las crisis, de diverso signo, que a través del año se han ido instalando en el comercio mundial, y en particular en varios países iberoamericanos, especialmente importadores de nuestros libros (Argentina, Brasil, Venezuela y Colombia), han pasado factura al sector. No sólo hemos tenido un importante descenso en las exportaciones, sino que la vertiente financiera de estas crisis ha dificultado, y en muchos casos impedido, efectuar los cobros que han ido venciendo por ventas del año 2001, y en algunos casos más antiguas.

Una vez más, el sector del libro se ha visto afectado por la inestabilidad de los mercados internacionales, y en particular por los americanos, nuestra área idiomática, poniendo en peligro no sólo su fortaleza económica, sino también la presencia del libro español en esos países que se han visto privados de una bibliografía esencial para ellos, con insuficiente industria editorial para atender sus necesidades educativas, de investigación, de renovación tecnológica, etcétera. Con el tiempo, seguramente, conoceremos las consecuencias de esta situación sobre el más que seguro crecimiento de la piratería editorial y la reprografía ilegal, auténtico cáncer para el libro español en esos mercados. Los editores estamos, desgraciadamente, bien familiarizados con situaciones semejantes. Posiblemente la actual (¿hasta cuándo?) se sienta con más crudeza por coincidir con una etapa de estancamiento y, en algunos casos (para cierto tipo de edición), de descenso de nuestro propio mercado español. Aún no conocemos estas cifras, pero es muy posible que el crecimiento del mercado del libro en España, si es que lo hay, sea inferior a la propia inflación, que para el año ha sido del 4%.

En exportación hemos cerrado el año en una cifra, para el conjunto del sector, de 514,5 millones de euros, un 14,64% menos que en 2001. El descenso ha sido generalizado en las distintas áreas geográficas a las que se dirigen nuestras ventas, incluida Europa, que en los últimos años había incrementado sus cifras hasta alcanzar las que veníamos realizando a los mercados propios de nuestra área idiomática (América y EE UU). Así, las caídas han sido de un 15,7% en Iberoamérica, un 27,46% en EE UU, un 8,65% en la Unión Europea, un 14,65% en la Europa no comunitaria y un 60% en el resto de países no incluidos en estos apartados. Por lo tanto, un año difícil que está pasando buena factura al sector. El dejar de ingresar una cifra de 90 millones de euros no es una broma para las editoriales españolas. Además, y en lo que se refiere a los países iberoamericanos, este descenso repercutirá más fuertemente sobre pequeñas y medianas empresas del sector que no tienen presencia directa con sucursales en aquellos mercados, como sucede con los grandes grupos editoriales, que, aunque lógicamente también habrán visto afectadas sus cifras de negocio en aquellos países, no son los más perjudicados en las cifras de exportación que ahora estamos analizando.

Algún dato más. Por la especial trascendencia de las exportaciones con los más grandes mercados iberoamericanos para el libro, quiero destacar: las exportaciones a Argentina han caído un 87,19% (de 45 millones de euros a 5,7 millones de euros); Brasil, un 36,58%; Venezuela, un 30,80%; Chile, un 11,69%, y EE UU, un 27,46%.

Ante esta situación, muchos editores venimos reclamando un mayor esfuerzo y decididas políticas de apoyo del Estado para la exportación del libro español. El libro ejerce el mejor clima para una presencia de España en el exterior, de nuestra lengua, nuestra cultura, nuestra investigación, nuestra creatividad, nuestra tecnología, etcétera. Son de reconocer, en este contexto, las políticas de apoyo a la promoción del libro español en el exterior que viene realizando el ICEX. Vamos en la buena dirección y, por ello, consideramos que en situaciones como éstas es necesario intensificarlas para no perder presencia, incluso en mercados en los que a veces se piensa que ya no necesitan de estos esfuerzos, los iberoamericanos. No obstante, sí hemos de reclamar de las administraciones públicas mayor sensibilidad en el análisis de las repercusiones sobre el sector de estas crisis. Pedimos políticas fiscales que tengan en cuenta los retrasos en los cobros y, en muchos casos, lo imposible de cobrar a medio plazo. Hemos venido reclamando, con ningún éxito, la búsqueda de algunas fórmulas financieras que pudieran apoyar a las empresas para hacer frente a estas crisis. Las empresas afectadas son el conjunto del sector y sobrepasan lo que en circunstancias normales se puede considerar como riesgos comerciales. Cuando se diseñan políticas de Estado, que se proponen "vender" la marca España en el exterior, se han de prever también los apoyos en momentos como éstos. Nunca es demasiado tarde. Aún podemos buscar mecanismos de ayuda para este sector. Así lo esperamos muchos editores, no sólo de la Administración central del Estado, sino también de los Gobiernos de las comunidades autónomas que tienen transferidas muchas de estas competencias.

Antonio Roche Navarro es editor, vicepresidente del Gremio de Editores de Madrid.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 14 de febrero de 2003