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Reportaje:

Signos de contrarreforma en Marruecos

Los centros culturales extranjeros minan la identidad musulmana". La frase no ha sido pronunciada por algún clérigo del Hezbolá (partido de Dios) libanés ni por un talibán afgano en fuga. Es el último exabrupto en el Parlamento marroquí de Mustafa Ramid, uno de los dirigentes del Partido de la Justicia y del Desarrollo (PJD). Ante un hemiciclo atónito, acabó preguntándose si eran de verdad marroquíes aquellos que habían estudiado en institutos de enseñanza extranjeros.

Vencedor, con 42 escaños, de las elecciones legislativas de septiembre -triplicó su representación parlamentaria-, el PJD era descrito hasta entonces como la rama moderada, casi domesticada, del islamismo marroquí. A su lado, los seguidores del jeque Abdesalam Yasin, reagrupados en el movimiento Justicia y Caridad, eran unos radicales peligrosos.

El mayor atrevimiento del PJD ha consistido en señalar al rey la vía a seguir para reformar el estatuto de la mujer rechazando las tesis feministas

Hará falta algo más que una ONG de defensa de la modernidad para que la sociedad marroquí no se impregne de los valores islámicos al estilo integrista

El éxito electoral ha dado alas al PJD, la única formación que ejerce una auténtica labor de oposición parlamentaria al Gobierno de Driss Jettu. No hay día en que no arremetan con virulencia contra alguna producción artística o interpelen al Ejecutivo sobre supuestas corruptelas.

El mes pasado cargaron contra varios directores de cine marroquíes, especialmente contra Nabil Ayuch. Su último largometraje, Une minute de soleil en moins (Un minuto menos de sol), no ha podido ser estrenado a causa de la campaña islamista que lo tacha de "pornográfico" porque contiene tres escenas de sexo. "No he cometido el pecado de verlo", asegura Ramid mientras denuncia la "obscenidad" de la película.

Días después de esta andanada, los militantes del PJD boicotearon activamente el espectáculo que daba en Casablanca el humorista francés Laurent Gerra atribuyéndole simpatías "prosionistas". Nueve de ellos fueron detenidos.

El último en ser colocado en la picota ha sido Mohamed Chukri, una de las glorias de la literatura marroquí. La furia islamista se ha desatado contra el Instituto Real de la Cultura Amazig, que se ha propuesto subvencionar la traducción al bereber de El pan desnudo, la novela autobiográfica prohibida durante el reinado de Hassan II.

Contenido ofensivo

"Su contenido ofende a la identidad islámica (...)" porque está "repleto de escenas de perversión, de homosexualidad, de adulterio y de insultos a los padres", sostiene el diario islamista At Tajdid. "Espero que el Estado asuma sus responsabilidades y se oponga a los impulsos de aquellos que están en contra de la creación", respondió Chukri desde Tánger.

La hiperactividad del PJD no se circunscribe a la calle o a las denuncias en su prensa. En el Parlamento no ceja de pedir explicaciones al Gobierno sobre los integristas supuestamente desaparecidos, desde mayo, a manos de los servicios secretos, o sobre la transformación en prostíbulos de algunas casas solariegas de la medina de Marraquech adquiridas por extranjeros.

El ministro de Derechos Humanos, Mohamed Aujjar, negó la primera acusación, pero su colega encargado de las relaciones con el Parlamento, Mohamed Saad el Alami, reconoció la segunda e informó de las investigaciones policiales en curso.

La última iniciativa parlamentaria de los islamistas, que presumiblemente no prosperará, ha consistido en presentar una proposición de ley para prohibir la producción, distribución y consumo de bebidas alcohólicas. Su compra está ya, teóricamente, vetada a los no musulmanes en Marruecos.

El mayor atrevimiento por parte de la dirección del PJD, que reconoce al rey su título de Comendador de los Creyentes, ha sido, sin embargo, indicar a Mohamed VI cuál era la vía a seguir para reformar la mudawana (estatuto legal de la mujer).

El estancamiento de los trabajos de la comisión incitó al monarca a nombrar, en enero, a un nuevo presidente, Mohamed Bucetta, un conservador del Istiqlal nada sospechoso de ceder a las reivindicaciones progresistas.

Aun así, el diputado Mohamed Yatim advertía en la portada de At Tajdid que "la monarquía marroquí (...) no puede, ni ahora ni en el futuro, utilizar los esfuerzos de interpretación para deformar los textos religiosos con el propósito de que sean conformes con la legalidad internacional y con los caprichos de las organizaciones feministas".

Temeroso, durante mucho tiempo, de despertar al ogro erradicador que hizo estragos en Argelia, el PJD había adoptado hasta hace cuatro meses un perfil bajo que empieza a quebrarse. El éxito electoral, probablemente algo mayor que el número de escaños obtenidos, y la sensación de sintonizar con una sociedad en la que los valores islámicos más conservadores están en auge, le han envalentonado.

Basta con pasear por las calles, y observar el número creciente de mujeres con hijab (pañuelo islámico), o con leer los carteles colocados en las universidades, auténticos bastiones islamistas, para darse cuenta de los derroteros que siguen muchos marroquíes.

La corriente islamista resulta también fortalecida por el acercamiento en marcha entre el PJD y sus correligionarios radicales de Justicia y Caridad que no concurrieron a las legislativas y que rehúsan aceptar el carácter sagrado de la monarquía. Los primeros han endurecido su actitud frente al poder, mientras los segundos han optado por una oposición algo más discreta.

Escasa resistencia

Al PJD le es tanto más fácil sacar pecho que, porque enfrente, entre los partidos no confesionales en el poder, encuentra escasa resistencia. "Las autoridades parecen preocupadas por no enajenarse a la poderosa corriente islamista en vísperas de las elecciones locales" de junio, recalca el rotativo L'Indépendant.

"La respuesta del ministro de Comunicación [el ex comunista Nabil Benabdalah] ha sido tibia", se lamenta Ayuch, el director de cine víctima de la censura islamista. Habib el Malki, el titular de Educación, contestó, por su parte, a las acusaciones proferidas contra los centros de enseñanza extranjeros recalcando que eran pocos los estudiantes que los frecuentaban. Un total de 4.208 alumnos marroquíes están matriculados en institutos españoles.

La prensa francófona, que refleja en buena medida las inquietudes de la burguesía ilustrada, hace llamamientos a los partidos tradicionales para que cierren filas de cara a los comicios municipales. Algunos piden que se reactive la Kutla, la vieja alianza entre socialistas, nacionalistas del Istiqlal y ex comunistas.

Pese a que han proliferado las ONG en estos últimos años, la sociedad civil, empezando por los movimientos feministas, parece paralizada ante la marea islámica. Abderrahim Haruchi, un pediatra ex ministro de Sanidad, ha anunciado la creación de una asociación de defensa de la modernidad.

Hará falta algo más para que la sociedad marroquí no se impregne más profundamente de los valores islámicos al estilo integrista, para que no la sumerja en lo que la prensa oficialista llama "oscurantismo".

Detener la 'marea verde'

"MUCHA GENTE quiere parar nuestro impulso". Abdelila Benkiran, uno de los principales responsables del Partido de la Justicia y del Desarrollo (PJD), expresaba hace unos días el temor de su partido de verse privado de una victoria en los comicios municipales de junio.

Si se proyectan los resultados de las legislativas sobre las municipales, buena parte de las ciudades de Marruecos, empezando por Casablanca, deberían caer en manos islamistas. En esa inmensa urbe, el PJD cosechó, según anunció, tantos sufragios como los otros dos grandes partidos juntos (Istiqlal y socialistas).

De ahí que, según el semanario Le Journal, Driss Behima, el wali (gobernador) de Casablanca, haya empezado ya a redibujar los límites de la circunscripción para evitar que la marea verde la sumerja.

El wali depende de Interior, y es principalmente desde ese ministerio desde donde se intenta obstruir la progresión islamista que ni los partidos tradicionales ni la sociedad civil parecen capaces de frenar.

A instancias de ese departamento y de la poderosa Dirección de Vigilancia del Territorio, el servicio secreto civil, Marruecos va a disponer de una nueva legislación antiterrorista mucho más severa. Alarga, por ejemplo, la detención preventiva hasta 14 días y prevé hasta 10 años de cárcel para los que omitan informar de la existencia de complós.

Destinada a luchar contra los extremistas, que se sitúan al margen de las dos grandes corrientes (PJD y Justicia y Caridad), podría acabar siendo utilizada contra los islamistas legales. Invocando el necesario respeto de los derechos humanos, éstos denuncian de antemano los atropellos que propiciará el nuevo Código Penal.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de febrero de 2003

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