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OPINIÓN DEL LECTOR

Tirso de Molina

Si alguien quiere asistir a un espectáculo dantesco en pleno centro histórico de Madrid, no tiene más que darse una vuelta por la plaza de Tirso de Molina a cualquier hora. Pero ni se les ocurra entrar en ella. Varias docenas de zombies deambulan por ella desde primera hora de la mañana, bebiendo cerveza y Don Simón, trapicheando con drogas, haciendo sus necesidades en plena plaza y dándose unas palizas entre ellos dignas de cualquier película de Hollywood.

Vivo y trabajo en los alrededores y llevo años sin poder cruzarla por miedo a esos personajes que se te acercan, te piden tabaco o dinero y te ofrecen droga u objetos robados. El mismo miedo que sienten los cientos de profesionales que acuden a diario a realizar sus compras a esta zona tan comercial (hay más de mil establecimientos de venta al por mayor).

Yo soy propietario de uno de esos establecimientos de venta al por mayor y, hace aproximadamente un año, nos dirigimos al alcalde, señor Álvarez del Manzano, para plantearle esta situación, a lo que nos respondió de su puño y letra que no nos preocupásemos más, que nos pondrían una patrulla de la Policía Municipal. Ha pasado todo este tiempo, y de policía, nada.

Lo único que se me ocurre pedir es que, al menos, se cumpla la ley y no dejen consumir alcohol en la calle.

Para no parecer un desconsiderado y un clasista, sugiero que, en vez de tomar medidas represivas, la concejalía que corresponda envíe personal cualificado a la plaza a ofrecer ayuda a estas personas que, en el fondo, bastante desgracia tienen con su enfermedad.

Sería la solución perfecta para los que, desgraciadamente, no tienen otro sitio que vivir que en la calle y para los que afortunadamente lo tenemos pero queremos disfrutar de las calles y plazas de Madrid con tranquilidad y sin sobresaltos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de febrero de 2003