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Reportaje:FIN DE SEMANA

El airoso gótico del páramo

Esbeltas iglesias despuntan en las llanuras burgalesas

El siglo XIII dejó gallardos ejemplos rurales de un nuevo estilo artístico. Reinaban Alfonso VIII y Fernando III, avanzaba la Reconquista, y pueblos como Grijalba y Sasamón alzaban templos luminosos.

De repente el paisaje parece desplomarse y el horizonte se hace todavía más ancho. Ésta es la sensación que se tiene cuando se acaban los páramos de Burgos, la carretera desciende y se abren las vegas que llegan al Pisuerga y la Tierra de Campos palentina. Estas tierras altas, de clima extremo y caminos rectos (muchos todavía flanqueados por hileras de chopos nudosos con su faja de pintura blanca), guardan una memoria histórica y una riqueza artística extraordinarias. Al pie del páramo, entre los modestos ríos Odra y Brullés (que unen sus aguas cerca de Villasandino), hay una serie de construcciones góticas en las que se puede seguir la evolución del estilo desde sus primeros ejemplos en la Castilla rural hasta su esplendorosa despedida en el siglo XVI. A menudo son obras gallardas que se alzan en mitad de pueblos humildes, cuyo caserío tiene más adobe que piedra. Sus orgullosos templos ofrecen al paisaje lo que les niega la geografía: una estampa airosa que los singulariza en la llanura, un perfil capaz de enfrentarse con las cercanas alturas de los páramos y sus peñas. Son un ejemplo de la fe militante y del orgullo municipal de épocas pasadas, y también de su capacidad de sacrificio: a veces, las pestes o las hambrunas eran el acicate para levantar iglesias o retablos hechos a la medida del dolor, la devoción o la vanidad de los pueblos, y no siempre a la de su riqueza. Hoy permanecen como testimonios arquitectónicos de una voluntad desproporcionada, diríamos que unamuniana, de encararse con Dios. Este espíritu es más evidente ahora, en invierno, cuando el paisaje se vuelve solemne y casi épico, y el terrazgo tiene más aspecto de campo de batalla que de labor.

El poder del reino y la fe

La guerra fue durante mucho tiempo una experiencia cotidiana en estos pagos y de algún modo fue lo que conformó su espíritu como nación. En el siglo IX, Castilla era un condado remoto que señalaba el confín del reino asturiano y seguramente (como Roma en sus orígenes) fue refugio de aventureros y proscritos de toda laya. Estos hombres forjarán en la frontera un reino que, en unión con el de León, llegará a ser el más poderoso de la Península. El siglo XIII fue uno de sus momentos de esplendor: Alfonso VIII había ganado el paso de Despeñaperros y Fernando III conquistaba Sevilla. Dos grandes obras vinculadas con ambos monarcas, el monasterio cisterciense de las Huelgas y la catedral burgalesa, se convirtieron en la expresión plástica del poder triunfal del reino y de la fe cristiana, y también de la eficacia de su economía de guerra y feudal. Los pueblos de Sasamón y Grijalba levantaron sus parroquias muy poco después, emulando las hechuras de ambos y su empaque. Para ello no dudaron en derribar las iglesias anteriores, que habían de ser notables (el nombre de Grijalba dicen que procede de Ecclesia Alba, y Sasamón había sido sede episcopal en el siglo XI: quizá por ello en su hastial sur imitaron la portada del Sarmental, que en la catedral de Burgos exalta el poder de su obispo). Sus nuevos templos debieron parecerles magníficos: eran grandes fábricas de piedra de tres naves, la central más elevada, con pronunciados cruceros en planta y alzado, en los que se mezclaban elementos cistercienses (en los soportes o en la severa decoración de las portadas) con otros del gótico más avanzado. Durante tres siglos, ninguna iglesia de sus alrededores tuvo su grandiosidad, aunque la del cercano Villamorón (la primera del gótico burgalés) sí las aventajase en elegancia, encanto y belleza. Los tres templos son padres (o hermanos, junto con otras edificaciones de la época, como las iglesias de Villalcázar de Sirga o la de Alcocer) de las llamadas iglesias fernandinas que en el siglo XIII se construyeron en los territorios recién conquistados de Andalucía.

Después del esplendor, la ruina. Hoy Villamorón es un despoblado, y su humilde iglesia no sólo permanece cerrada y vacía, sino que cualquier día puede doblar las rodillas y desaparecer del todo, tal es la incuria en la que se encuentra. Santa María de los Reyes de Grijalba se salvó de este destino gracias a su restauración en 1988. Además de su noble arquitectura, conserva una hermosa talla gótica de santa Ana con la Virgen y el Niño, su retablo mayor barroco, la pila bautismal románica y unas preciosas vidrieras. Sasamón guarda una pequeña parte de la riqueza que poseyó: su iglesia fue cuartel y polvorín de los franceses durante la guerra de la Independencia, el claustro sirvió de paredón para los fusilamientos, y la sacristía, de burdel. El saqueo del ejército invasor y la rapiña de los guerrilleros nacionales hicieron saca de sus tesoros; el pueblo ardió por los cuatro costados y la nave principal de la iglesia se hundió desde el crucero hasta los pies. Todo ello se fue reconstruyendo como mejor se pudo y, aunque todavía es un edificio herido, la parroquia conserva su estampa aguerrida y mil bellezas que hacen imprescindible la visita al pueblo: sus portadas y esculturas, ricas en iconografía musical; el hermoso claustro, el retablo de Santiago de Felipe Bigarny, el San Miguel de Diego de Siloe, su pila y púlpito góticos, las andas del Santísimo renacentistas, los tapices, el crucero historiado de la ermita de San Isidro...

Ricas tracerías en las bóvedas

El arte gótico posterior lo encontraremos representado en las interesantes iglesias de Villegas o Yudego (que posee un extraordinario retablo de Simón de Bueras), pero la gran arquitectura no brillará de nuevo hasta el siglo XVI. Entonces se levantan muchos templos en la comarca que recuperan la altivez del XIII: Melgar de Fernamental, Olmillos de Sasamón, Villasilos... Se impondrán las llamadas plantas de salón, con las tres naves edificadas a la misma altura y ricas tracerías en las bóvedas que crean espacios casi mágicos por su fantasía. De todas las iglesias que podríamos visitar, nos detendremos en dos excepcionales: la de la Asunción de Villasandino y la de la Inmaculada de Villaveta.

Villasandino fue famosa por dar apellido al trovador Alfonso Álvarez. Seguramente no hubo un poeta más querido en el cambio de siglo entre el XIV y el XV, aunque los críticos posteriores hayan despreciado su ingenio y su obra. Él apenas paró en su pueblo y, desde luego, no conoció las dos grandes iglesias que se alzan en él, aunque sí el puente gótico con el que el obispo don Mauricio cobraba los impuestos por la entrada de mercancías en la villa. La iglesia de la Asunción parece diseñada por un arquitecto cubista, tan secas y rotundas son sus formas exteriores. Dentro se metamorfosea en un espacio suntuoso, lleno de primor, que Rodrigo Gil de Hontañón supera en la cercana iglesia de Villaveta, quizá el mejor templo del XVI burgalés por la originalidad de su planta (una síntesis de la central y la de salón), su elegancia y la riqueza decorativa de sus nervaduras. Además posee un soberbio sagrario del siglo XVII tallado por Gregorio Fernández.

Ahora podemos perdernos por cualquier camino. Estamos muy cerca del de Santiago y de Castrojeriz; más allá nos esperan Frómista y Villalcázar de Sirga. Hacia el sur, Los Balbases o Santa María del Campo. La belleza no da tregua al viajero sensible.

GUÍA PRÁCTICA

Cómo llegar

- Villasandino está junto a la carretera nacional 120 (Logroño-Vigo), a 38 kilómetros de Burgos. Todos los pueblos citados se encuentran a menos de 20 kilómetros de Villasandino.

Dónde comer

- Gloria (947 37 00 59). Arco, 1. Sasamón. Menú del día, 7,20 euros.

- La Cueva de Mayla (947 36 00 42). Mayor, 11. Villadiego. Menú, 8 euros.

- Linares (947 45 00 22). Rodríguez de Valcárcel, s/n. Villanueva de Argaño. Menú, 7,20 euros.

Dónde dormir

- Las Postas de Argaño (947 45 01 56). N-120, kilómetro 137. Villanueva de Argaño. Habitación doble, 45 euros.

- El Castillo (947 37 00 44). N-120, km 143. Olmillos de Sasamón. La doble, 36 euros en el hostal y 44 en el hotel.

- La Posada (947 37 86 10). Castrojeriz. Casa rural. La doble, 50 euros.

Gastronomía

Son afamados los quesos de leche de oveja de Villasilos y de Sasamón.

Visitas

- Sasamón. Es la única iglesia que tiene organizadas las visitas todo el año. Sus vecinos llevan mucho tiempo comprometidos con la recuperación de su patrimonio y se muestran orgullosos de enseñarlo al forastero. Horario: todos los días, de 11.00 a 14.00 y de 16.00 a 18.00. Entrada: 1,25.

- Villasandino y Grijalba. En verano cuentan con personal de guía. El resto del año hay que concertar la visita con los sacristanes o vecinos voluntarios del lugar, que atienden con gran amabilidad al viajero y le acompañan gustosos. (Villasandino: 947 37 03 15; Grijalba: 947 37 50 65).

- Resto de los templos. La forma más segura de encontrarlos abiertos es acercarse a la misa dominical, que en invierno tiene este horario: Yudego, 11.00; Villaveta, 11.45; Olmillos de Sasamón, 11.45; Villasilos, 12.15; Villegas, 12.30. Villamorón (sin culto) depende de la parroquia de Villegas (a un kilómetro).

Información

- Oficina de turismo de Sasamón (947 37 00 12). Bajos del Ayuntamiento.

- Grijalba: www.lanzadera.com/grijalba.

- Patronato de Turismo de la provincia de Burgos: www.patroturisbur.es.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 4 de enero de 2003

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