"Sólo hay dos maneras de salir: un susto o el desencanto"

"Sólo hay dos maneras de salir del rollo: un susto con la policía o desencanto", cuenta Juan. "El desencanto viene cuando te encuentras con un escritor famoso -somos escritores, porque lo que hacemos es escribir nuestra firma en todas partes- que no tiene para vivir y gasta todo su dinero en botes. A mí me pasó con uno de mis ídolos. Le conocí en La Ventilla, charlamos, le enseñé mis fotos y me llevó a su casa para enseñarme las suyas. Vivía en una chabola sin agua caliente. Me quedé alucinado. Se gastaba miles de pesetas para pintar sin parar, pero no tenía para vivir. No entiendo cómo puedes sacrificar tu futuro por una diversión a la que no le das ningún sentido. Es absurdo. Por desgracia, la gente de ahí dentro tiene poca madurez intelectual, pero como pasa en todos lados. Hay muchos que se compran un cochazo y no tienen para vivir".

Juan ilustra su discurso con las fotos de sus fancines, por si hay dudas. "Son niños de papá que pintan en el metro. Mira, se ve perfectamente la ropa de marca". Dice que también hay vigilantes que pintan: "Mírale. Delante del tren que acaba de pintar. Éste es jurado para poder pintar".

Interesado por mostrar su trabajo y el de sus colegas, sigue sacando fancines; los hay de varios países y en todos se muestra alguna foto del metro de Madrid. "Es que es el más difícil de pintar de todo el mundo, porque es el que más vigilancia y medidas antigrafiteros tiene, y además, lo limpian rapidísimo. Es tan difícil, que luego Europa se queda pequeña. Todos los guiris que van por ahí diciendo que tienen los huevos grandes es porque han pintado el metro de Madrid. Están orgullosos, aunque hayan hecho una mierda".

Trabajos de restauración

No todo son fotos. Ahora señala un texto sobre la empresa AGS (Antigraffiti System), escrito por un miembro del personal de ésta (hace tres años) en una revista que se vende en la Fnac. Juan va leyendo. "Los trabajos de restauración oscilan de 90 a 1.800 euros. El coste de un metro cuadrado es de seis euros. Esta empresa limpia 200 metros de fachada al día. Su nuevo filón son los cristales. Entre sus clientes figuran Caja Madrid, Caixa Barcelona, edificios culturales de Telefónica, Metro, ayuntamientos, cuarteles de la Guardia Civil y edificios de Renfe". "Pero no estaciones de Renfe", añade Juan, que ya ha dejado de leer, "porque sacan a concurso público la limpieza. AGS tiene siete coches de limpieza inmediata que también graban lo que limpian. Para que sirva de prueba, por si lo vuelven a pintar".

"Me gasto 250 euros al mes ahora que estoy en temporada baja, pero un grafitero activo, entre 500 euros, 6.000 euros al año. En un muro de cuatro metros de alto por 20 de largo se gastan 250 euros de media. Hay marcas que patrocinan movidas. ¿Por qué un grafitero no va a ser accionista de esas marcas? Es una sociedad cerrada en la que concurren emisoras de radio, casas de discos, revistas, marcas de pinturas. Hay mucha hermandad entre nosotros".

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 30 de diciembre de 2002.

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