Crítica:Crítica
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Operación triunfo en Pekín

Wang Shuo (1958) empezó a publicar a principios de los ochenta, cuando en China los aires de reforma entreabrieron la puerta del redil literario, hasta entonces dominado por el didactismo acartonado. Destaca en su currículo una larga experiencia como pandillero y la expulsión de la Marina. Se le considera el precursor de una tendencia literaria llamada 'literatura gamberra'. Es conocido en China, tanto por sus libros como por sus guiones de cine y televisión, pero nada tiene que ver con montajes comerciales tipo Shanghai Baby ni tampoco es reductible a un fenómeno de subliteratura de consumo. Es un extraño cruce de Mrozek y Gombrowicz pero en barriobajero. Y es, como ellos, de una gran eficacia corrosiva.

HAZ EL FAVOR DE NO LLAMARME HUMANO

Wang Shuo Traducción de Gabriel García-Noblejas Lengua de Trapo Madrid, 2002 320 páginas. 17,50 euros

Wang Shuo publicó Haz

el favor de no llamarme humano a los pocos meses de la matanza de Tiananmen. Aunque no hay en ella apenas referencias directas a los tanques (pero sí algunos personajes que acaban engullidos bajo sus ruedas dentadas), el libro destaca por la ferocidad con que retrata la manipulación de masas y al patrioterismo de la China actual. La sátira arranca cuando una especie de ONG autonominada Comité de Movilización Nacional decide fabricar de la nada un superluchador de artes marciales que restituya el orgullo nacional chino herido en los Juegos Olímpicos de Corea. Después de mucho buscar, descubren que un conductor de bici-taxi es el último descendiente de un linaje de luchadores de la Secta del Sueño Revelado. Los miembros del comité le someten a un intenso proceso de reeducación aderezado con las nuevas técnicas de marketing de la China del 'socialismo de mercado'. Este delirante proceso pasa por el cambio de sexo y la iniciación a las maneras modélicas de las nuevas universitarias chinas, tan obedientes al partido como a los dictados de la moda. El resultado es un engendro que está a medio camino entre los nuevos famosos mediáticos y los viejos héroes anónimos como los que proponían las campañas maoístas tipo 'aprended del obrero Lei Feng'.

Sin sofisticación, con un argumento delirante pero nunca gratuito, Wang Shuo consigue desvelar la duplicidad característica de la China oficial de Deng Xiaoping. La traducción es algo gesticulante, con soluciones castizas e inverosímiles, pero no llega a enturbiar el goce de una lectura desternillante y muy ilustrativa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 19 de octubre de 2002.

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