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Las elecciones serbias tendrán que repetirse a causa de la baja participación

Kostunica logra una mayoría del 66,46% en unos comicios que han sido anulados

Los electores de Serbia han dado la espalda ayer a sus políticos y les han sacado la tarjeta roja. Según los resultados del Centro de Estadística de Serbia con casi un 87% de votos escrutados, la participación electoral en la elección para presidente de Serbia fue del 45,51% y no se alcanzó el quórum del 50% exigido por la ley para la validez de los comicios, que han quedado anulados. De nada le vale al presidente de Yugoslavia, Vojislav Kostunica, su arrolladora victoria del 66,46%, algo más de dos tercios de los votos emitidos, según las mismas estimaciones.

Su contrincante, el viceprimer ministro de Yugoslavia, Miroljub Labus, consiguió un 31,29% de votos. Estos datos coinciden casi con exactitud con los de la muestra del prestigioso Centro para las Elecciones Libres y Democracia.

La elección tendrá que repetirse desde un principio, abierta de nuevo a todos los candidatos que se presenten, pero no se sabe cuándo. La interpretación que se manejaba ayer por la noche en Belgrado sobre el embrollo legal es que las nuevas elecciones deberían celebrarse un mes antes de la salida del cargo del actual presidente, Milan Milutinovic, cuyo mandato expira el 5 de enero. Esto no está del todo claro, porque con la nulidad de la elección queda abierta la puerta a diversas interpretaciones de los textos legales. Más grave aún es que el abstencionismo del electorado deja en entredicho el grado de adhesión al sistema democrático de una población desencantada, tan sólo dos años después de la caída del régimen despótico de Slobodan Milosevic.

De nada sirvieron los llamamientos de los embajadores de la Unión Europea; de la figura del mayor prestigio en Serbia, el patriarca de la Iglesia ortodoxa Pavle; de las organizaciones pioneras en la lucha contra el régimen de Slobodan Milosevic, como Otpor (Resistencia), y de los dos candidatos a la presidencia de Serbia, el jurista de 58 años Vojislav Kostunica, y el economista de 55 años Miroljub Labus, liberal y favorito de la comunidad internacional occidental. Descartada la tercera opción del ultranacionalista Vojislav Seselj, que contaba con la bendición del preso de La Haya y en la primera vuelta logró un 23,24% de votos, y las de los otros candidatos más o menos afines al régimen de Milosevic, que llamaron a la abstención, los electores serbios tenían ayer dos opciones para elegir presidente. Por un lado, un nacionalista democrático como Kostunica, el gran líder surgido en las elecciones federales de hace dos años, cuando derrotó a Milosevic y logró las cotas de popularidad más altas que se recordaban desde los tiempos del difunto Josip Broz, más conocido como mariscal Tito. La alternativa a Kostunica era Labus, un economista de prestigio y corte occidental, paladín de las reformas económicas y favorito de sus interlocutores de la Unión Europea y Estados Unidos.

A la hora de interpretar lo ocurrido ayer en Serbia se puede recurrir a aquello de "entre todos la mataron". Apenas unos meses después de la caída del régimen de Milosevic, tras las elecciones triunfales al Parlamento de Serbia, en la Navidad de 2000, salieron de nuevo a flote las animosidades, rencillas y disputas que los políticos serbios habían barrido, ante el enemigo común, bajo la alfombra de la Oposición Democrática de Serbia (DOS).

Disputa futura

Esta disputa, liderada por el presidente de Yugoslavia Kostunica y el primer ministro de Serbia Zoran Djindjic, ha marcado la política serbia de los últimos dos años. Todo parece indicar que así seguirán las cosas en el futuro, tal vez corregidas y aumentadas. La politiquería se imponía, mientras la población serbia distaba mucho de llegar a palpar las ventajas de la democracia y vivía las penurias del desempleo, la carestía y la falta de perspectivas.

Las fuerzas residuales del régimen de Milosevic, la alianza entre socialistas, marxistas y ultranacionalistas, consiguió con diversos candidatos un tercio de los votos en la primera vuelta. Todos ellos apelaron a la abstención en la segunda vuelta y contaron también con la alianza secreta del maniobrero Djindjic, quien, de forma más o menos solapada, no vaciló en transmitir el mensaje de que no pasaría nada, si la elección se anulaba por falta de quórum. A Djindjic le convenía que el seguro vencedor de la elección, su rival Kostunica, no llegue a la presidencia de Serbia o lo haga lo más tarde posible. Djindjic necesita tiempo para imponer sus reformas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 14 de octubre de 2002