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INVESTIGACIÓN

Científicos de EE UU descubren unas proteínas que impiden el desarrollo del sida

El hallazgo, que llega tras 16 años de trabajos, abre nuevas posibilidades de tratamiento

Un 10% de las personas que se infectan por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) no desarrollan el sida en más de 10 años, aunque no tomen ningún fármaco. La causa está en el llamado factor antiviral de los linfocitos CD8 (CAF en sus siglas en inglés), que se descubrió en 1986, apenas cuatro años después de que identificara al VIH. Pero los científicos han tardado 16 años en identificar qué compuestos de este factor tenían la capacidad de impedir que el VIH se replicara. El hallazgo abre la posibilidad de desarrollar nuevas formas de tratamiento contra la infección.

El especialista en enfermedades infecciosas del Centro de Salud Sandoval de la Comunidad de Madrid, Jorge del Romero, confirma que aproximadamente un 10% de los infectados por el VIH son no progresores a largo plazo, es decir, personas resistentes al virus aunque no se mediquen. Pero hasta la fecha no se sabía por qué ocurría esto, aunque sí se vinculaba su resistencia con el factor antiviral de los CD8. 'Se trata de una de las incógnitas que más intrigan a la comunidad científica', afirmó ayer la presidenta del Comité de Investigación del Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid, María Ángeles Muñoz Fernández.

La respuesta la ha dado un equipo de la universidad Rockefeller de Nueva York y la empresa Ciphergen Biosystems, dirigidos por el virólogo David Ho, descubridor de los inhibidores de la proteasa y promotor de los cócteles de fármacos para luchar contra el VIH. Según han publicado en la edición digital de Science de ayer, la solución está en tres proteínas (que tienen el sugerente nombre de alfa-defensinas 1, 2 y 3) producidas por los CD8.

Acción de las defensinas

El equipo de Ho ha encontrado que las defensinas están presentes en los análisis de los tres infectados resistentes al virus que han estudiado, pero que en cambio faltan en los cuatro pacientes que desarrollaron sida durante el ensayo. Para confirmar sus resultados, han probado el efecto de defensinas sintéticas, y han encontrado que impiden la replicación in vitro del VIH. La acción antiviral de las defensinas ya se conocía, pero no asociada al VIH. Pueden actuar, por ejemplo, contra los virus del herpes humano y el de la gripe. La fuente más frecuente de defensinas son las llamadas células asesinas natas (natural killers en inglés), otro tipo de glóbulos blancos. Por eso a los investigadores no les extrañó encontrarlas en los cultivos de CD8 expuestos a VIH.

Ya en 1995 los científicos identificaron otro componente del factor antiviral de los CD8, las quimioquinas, pero estas proteínas no conseguían detener la replicación del VIH de tipo 1 (el más frecuente) en los laboratorios.

'Este descubrimiento abre la posibilidad de que se desarrollen nuevos tratamientos contra el sida', comentó Muñoz. 'Con el prestigio de Ho no dudo de que le será fácil conseguir empresas que en inviertan en su desarrollo', añadió.

Hasta la fecha, los tratamientos contra el VIH se basan en impedir distintas etapas del ciclo del virus, desde su entrada en los linfocitos CD4 que infectan hasta su multiplicación y salida, pasando por el momento en que replica su material genético. 'Con las defensinas la aproximación es nueva', afirma Muñoz. 'Se trata de un sistema más parecido al de la insulina para los diabéticos, y bastaría con inyectar o suministrar las proteínas'.

Uno de los problemas que prevé esta experta es la producción de las defensinas con la estructura adecuada. Hay que conseguir un cultivo que las produzca, y reproducir su estructura tridimensional.

Los investigadores también adelantan en su artículo algunos reparos antes de concluir que las defensinas sean una terapia contra el VIH. 'No sabemos qué elemento de las alfa-defensinas intervienen en su efecto antiviral', afirman. 'Tampoco está claro el mecanismo por el que actúan', añaden.

Además, durante los ensayos los científicos probaron las defensinas por separado, y vieron que su efecto era muy inferior que si usaban las tres juntas. 'Es posible que la actividad contra el VIH esté condicionada por al acción conjunta de las diferentes defensinas, a lo mejor porque forman heterómeros [conglomerados]', afirman.

Ho y su equipo se muestran humildes. 'Esperamos que las alfa-defensinas 1, 2 y 3 sean el elemento que durante tanto tiempo hemos buscado en el factor antiviral de los CD8, y que abran fructíferos caminos para la investigación', concluyen en su artículo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 27 de septiembre de 2002