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CRÓNICA

El Barça ejerce de perdonavidas

El Atlético empata después de que el equipo azulgrana reventara en juego y ocasiones

No cura el Barça, que a mayor esfuerzo menor fortuna tiene con independencia del torneo en juego. El Atlético le empató en un partido que por su dedicación los azulgrana merecían llevarse con la gorra. Resultados como el de ayer irritan y al tiempo abaten a la hinchada y al equipo, que al fin y al cabo fue muy escrupuloso con cada una de las consignas del entrenador, y ahí está justamente el problema: jugar como quiere Van Gaal no garantiza el triunfo. El botín no se correspondió para nada con el esfuerzo y, sin embargo, no hay a quién cargarle el muerto si no es al azar. El Barça más trabajado y trabajador de hace mucho tiempo no pudo con un Atlético al que le alcanzó con apretar cuando el marcador se lo exigía.

BARCELONA 2| ATLÉTICO 2

Barcelona: Víctor Valdés; Puyol (Reiziger, m.83) , Frank de Boer, Navarro; Mendieta, Xavi, Cocu, Gabri; Saviola (Riquelme, m.79), Luis Enrique; y Kluivert. Atlético Madrid: Burgos; Otero, Coloccini, Hibic, Sergi; Emerson, Albertini; Aguilera (Correa, m.65), Dani (Stnakovic, m.55), Luis García (José Mari, m.49); y Fernando Torres. Goles: 1-0. m. 5. Xavi saca una falta y Luis Enrique remata a bote pronto. 1-1. M. 45. Otero entra por banda derecha y su centro chut sorprende a Víctor Valdés; 2-1. M. 55. Tuya-mía entre Saviola y Luis Enrique que el asturiano remata a gol. 2-2. M.85. Correa engatilla en el segundo palo un centro de Stankovic. Árbitro: Pérez Lasa. Mostró la tarjeta amarilla a Coloccini, José Mari, Stankovic, Otero, Navarro, Puyol, Fernando Torres, Reiziger. Camp Nou: unos 90.000 espectadores.

Respetuoso con la tradición, el partido resultó volcánico, de una intensidad deliciosa, muy del agrado de la hinchada. Al Barça se le vio sobre todo motivado y comprometido, tal como quiere Van Gaal. Jugaron muy abiertos los azulgrana, con Xavi pintando las líneas y Luis Enrique y Saviola entrando con saña por las bandas. Incontenible como estaba el Barça, el Atlético no tuvo tiempo ni de tomar posición en la cancha. A los cinco minutos ya cargaba con un gol, concedido a la salida de una falta, mal defendida por Emerson, al que Luis Enrique le pilló el número y le dejó retratado en el punto de penalti.

Una y otra vez llegaron los barcelonistas frente a la meta contraria para acabar doblándose de mala manera, un asunto que se repite a cada partido y remite a la falta de un goleador, cosa grave tras lo sucedido con Morientes. Por juego y ocasiones, el Barça mereció atrapar el descanso con la contienda solucionada y, sin embargo, el Atlético atrapó el empate en la prolongación del primer acto con un centro-chut con efecto de Otero que Víctor Valdés se comió.

Por idéntica razón que el Barça necesita desangrarse para marcar un gol, al contrario le basta con aguardar a que alguien la pifie para mantener sus opciones al triunfo. Pese a que el Atlético había defendido mal y el Barça atacado bien, el marcador certificaba un empate a uno.

El resultado animó al Atlético. Por un momento, pareció que el Barça flaqueaba, demasiado exigido como estuvo largo rato, así que Luis comenzó a mover el banquillo pensando que tenía el partido a huevo de tan maduros como estaban los azulgrana. Falsa impresión. Por la misma vía que en el primer gol, los azulgrana obtuvieron el segundo: Saviola serpenteó frente a los centrales, que cerraron mal la jugada iniciada por De Boer, y al pase del argentino le puso la rúbrica Luis Enrique, excelente en la definición, redentor del equipo a falta de un ariete y de volantes o de jugadores de banda.

Valiente, ambicioso y agresivo, el Barça domó de nuevo el partido y obligó al Atlético a retroceder un paso. Las idas y venidas se sucedieron, y los dos porteros tuvieron que sacar los puños mientras Kluivert se enredaba a cada remate. Víctor Valdés, meta de buenos reflejos, estuvo especialmente diligente, y durante media hora alivió a su equipo, falto de recursos, sin la profundidad de banquillo que tienen la mayoría de los grandes, pese a la suplencia de Riquelme. El argentino ayuda a oxigenar al equipo en ataque y es un jugador muy capaz de ser origen y final del gol, pero en el sistema de Van Gaal no resuelve ninguno de los problemas estructurales del equipo, como son su falta de pegada y también el sobreesfuerzo al que se ven obligados los dos volantes.

El Atlético supo esperar y, una vez el Barça hubo reventado, con Puyol fuera de escena por lesión, logró el empate con una relativa comodidad.

Así de previsibles y mecanizados se han vuelto los partidos del Barça, que ha perdido talento, imaginación y también seducción a cambio de ser infalible con la libreta del entrenador. El resultado agrandará por lo demás el debate alrededor de la alineación azulgrana, que echa en falta un jugador desequilibrante, intimidador, capaz de resolver por sí solo las disfunciones colectivas, cosa que al fin y al cabo ya se sabía antes de comenzar la Liga y a la que ni el entrenador ni el presidente han puesto remedio. A tono con el discurso de Van Gaal, el Barça ejerce de momento de perdonavidas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de septiembre de 2002