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Portugalete recuerda a sus víctimas con flores y afecto

Dos ramos de flores recordaron ayer en el parque Ellacuría de Portugalete que otros 13 de agosto la violencia terrorista llenó de luto a dos familias de la localidad. Tal día como ayer, ETA mataba en 1979 al policía municipal Manuel Ferreira; siete años más tarde, fallecía el trabajador José Miguel Moros Peña a causa de las heridas que la había infligido días antes la explosión de una bomba en unas obras. El Ayuntamiento de Portugalete celebró ayer un pequeño homenaje en recuerdo de ambos, con el que quiso reparar el olvido al que han sido relegadas sus familias tras sufrir el zarpazo del terrorismo.

El alcalde de Portugalete, el socialista Mikel Cabieces, recordó que el homenaje quería transmitir 'el calor de la sociedad portugaluja' a las familias de los asesinados. 'Si no lo habéis sentido, en nombre de todos, os pido perdón', aseguró el primer edil dirigiéndose a los familiares.

El acto fue breve y sencillo.Margarita Peña y Julián Moros, los padres del policía municipal, y Milagros Castro, la viuda de Ferreira, depositaron, con una emoción contenida a duras penas, sendos ramos de flores junto a un monolito que recuerda en el parque a todas las víctimas del terrorismo.

Poco antes se habían reunido con concejales del Portugalete y otros representantes de partidos políticos, entre ellos el consejero de Vivienda, Javier Madrazo; el parlamentario socialista Rodolfo Ares; el secretario general del PSE de Vizcaya, José Antonio Pastor, y los dirigentes populares Leopoldo Barreda y Pilar Aresti. También acudieron la portavoz de Covite, Cristina Cuesta, y el fundador del Foro de Ermua Vidal de Nicolás. Cabieces explicó que con estos actos de apoyo el Ayuntamiento trata de reconocer a las víctimas como 'lo que son: víctimas, no culpables'.

El consistorio de la localidad vizcaína convocará un acto similar en cada aniversario del asesinato de las 13 víctimas del terrorismo vinculadas a Portugalete, siempre que sus familias aprueben el homenaje público. 'Tendrán intimidad si lo desean, no porque la sociedad se lo imponga', afirmó el alcalde. 'Cuando se impone no es intimidad, es clandestinidad'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 14 de agosto de 2002