Los tentáculos de Baqueira-Beret

La amnistía urbanística de la Generalitat da alas a la actividad inmobiliariaLa amnistía urbanística de la Generalitat da alas a la actividad inmobiliaria

La revisión de las normas urbanísticas del municipio de Naut Aran (Val d'Aran), aprobada recientemente por la Comisión Provincial de Urbanismo de Lleida, ha significado una amnistía para la estación de esquí de Baqueira- Beret, que a partir de ahora podrá acometer nuevos proyectos de expansión que tenía en suspenso y borrar de su historial una larga lista de presuntas infracciones urbanísticas y de actuaciones polémicas contra el medio ambiente, acumuladas en sus 37 años de vida. La Generalitat ha vuelto a ser complaciente con una empresa privada cuyo accionista mayoritario es la aseguradora Catalana Occidente.

'En otros tiempos se cometieron muchas irregularidades, pero con esta revisión de la normativa urbanística todo quedará legalizado. Ha servido para hacer borrón y cuenta nueva', reconoce el alcalde del municipio de Naut Aran, Víctor León (CiU), convencido de que a partir de ahora podrá controlar mejor el crecimiento de una estación que cada vez necesita más territorio para poder hacer realidad el sueño de convertirse en el mayor complejo invernal de los Pirineos.

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Los tentáculos de Baqueira-Beret son largos, y desde que inauguró el primer telesilla, en 1964, ha ampliado sus dominios en todas las direcciones, hasta el punto de haber agotado las existencias de suelo edificable, principal atractivo del negocio del esquí. Su único lema es crecer cuanto más mejor. En la actualidad es una ciudad levantada a salto de mata, sin planificación alguna y donde, en determinadas épocas del año, llegan a pernoctar más de 20.000 personas a pie de pistas. Cuando se hayan desarrollado todos los proyectos aprobados por la Comisión Provincial de Urbanismo, entre ellos los de Ruda (en la cota 1.500 de la estación), Arties y Bagergue, y la capacidad hotelera de la zona aumente de forma extraordinaria, la estación se convertirá en un auténtico monstruo. A juzgar por los resultados, no puede decirse que la gestión del suelo haya sido un ejemplo modélico.

Con sus 825 hectáreas de pistas, la estación es una de las más grandes de España, pero con la ampliación prevista hacia el valle de Àrreu, en la comarca del Pallars Sobirà, sus dominios esquiables superarán ampliamente las 1.000 hectáreas. Sus instalaciones no han parado de crecer y de modernizarse hasta transformar profundamente los bucólicos paisajes que inspiraron a escritores como Verdaguer, Pla y Cela, entre otros. 'Este valle está irreconocible, no se parece en nada a lo que era hace 20 años', se lamenta un anciano del núcleo de Arties mientras contempla la actividad frenética de las máquinas que aprovechan el verano para hacer obras de ampliación o de mantenimiento de las instalaciones. En la última temporada han pasado por sus pistas de esquí más de 900.000 personas, un nuevo récord de usuarios.

Pero, al contrario de lo que pueda pensarse, no es la venta de forfaits lo que genera más ganancias a la sociedad que explota la estación, sino las operaciones inmobiliarias que empresas de su órbita realizan en sus dominios. La actividad constructora es frenética, especialmente en la franja comprendida entre Vielha y el núcleo principal de Baqueira-Beret, donde está concentrada la mayor parte de la oferta turística. El precio medio de una vivienda en la zona es de unos 240.000 euros (40 millones de pesetas), una cantidad que está de acuerdo con la capacidad adquisitiva de propietarios de segundas residencias.

Las ansias de crecer a toda costa, sin ajustarse a un modelo sostenible y respetuoso con el paisaje, ha llevado a los propietarios de la estación a explotar los recursos naturales como si los mismos fueran ilimitados. En el municipio de Naut Aran la situación está tan viciada que nadie sabe por dónde pasa la línea que separa lo necesario de lo meramente especulativo. Hasta la fecha, la mayoría de las grandes obras ejecutadas en el área de influencia de Baqueira-Beret ha sido cuestionada, bien por los vecinos o bien por las principales organizaciones ecologistas catalanas y del resto de España, que consideran que la estación recibe demasiados favores tanto del consistorio como de la Generalitat.

En el valle existe una opinión muy extendida -aunque pocos se atreven a expresarla públicamente- de que la planificación urbanística del municipio de Naut Aran se ha decidido hasta ahora en función de los proyectos inmobiliarios de la sociedad Baqueira-Beret o de los intereses de otras empresas que trabajan para ella. Además, se alude a menudo a generosas recalificaciones de terrenos o a la concesión de permisos de obras de dudosa tramitación. El valle está lleno de ejemplos de construcciones levantadas sin observar la normativa vigente. En el mejor de los casos, todas las denuncias han acabado en sanciones mínimas.

El síndic del Aran y máxima autoridad política del valle, el convergente Carles Barrera, afirma que con las últimas actuaciones urbanísticas previstas en Ruda, Arties y Bagergue quedará completado el crecimiento en el área de influencia de Baqueira-Beret, que no podrá plantear ninguna otra ampliación hasta que esté elaborada la nueva planificación territorial del valle. Sin embargo, son muchos los que creen que los propietarios de la estación no se conformarán con lo conseguido hasta ahora, sino que dentro de un tiempo volverán a la carga con nuevos proyectos de expansión en las proximidades de las pistas de esquí.

Una de las máximas aspiraciones de Barrera es que la Generalitat traspase al Conselh Generau d'Aran, órgano de autogobierno para el valle, las competencias urbanísticas. Los alcaldes araneses coinciden en que las normas vigentes están desfasadas y consideran que ha llegado el momento de redactar un nuevo plan general que planifique el crecimiento urbanístico de todo el valle en los próximos 25 años desde el propio territorio.

Uno de los aspectos más cuestionados del crecimiento urbanístico es el modelo que se quiere implantar por razones especulativas. Se critica que las nuevas construcciones se aparten de la tipología aranesa, basada en viviendas de tres plantas como máximo. Inicialmente, las normas fueron elaboradas para conseguir un turismo de calidad, pero el modelo constructivo ha sufrido un vuelco preocupante.

Una mole de 14 pisos en la cota 1.500

En el valle de Aran, cuando se habla de controlar el crecimiento urbanístico, todos miran hacia la parte alta. Allí está ubicada la estación de Baqueira-Beret, un complejo que ha generado mucha riqueza pero también muchos agravios y desequilibrios. La revisión de las normas subsidiarias de Naut Aran ha destapado numerosas irregularidades cometidas durante los últimos 20 años como consecuencia de la ambigüedad y el caos urbanístico existente.

Las mayoría de infracciones advertidas, toleradas en su momento por la Administración, están relacionadas con la construcción de edificios en zonas verdes o sin licencias, con un exceso de los volúmenes edificados y también con cuestiones estéticas.

Las chapuzas urbanísticas son muchas, pero las más vistosas están localizadas en la misma zona, en la cota 1.500 de la estación. Una es el edificio Núñez y Navarro, un bloque de 14 plantas y alrededor de 90 viviendas que obtuvo la licencia de obras a pesar de ocupar un solar calificado como zona verde.

También fueron construidos de forma irregular el antiguo cuartel de la Guardia Civil, utilizado para alojar a los miembros de la escolta de la familia real; el inmueble Saforcada, destinado a viviendas, y el hotel Tuc Blanc, levantado en medio de una cañada para el ganado. Otro caso flagrante es el edificio de tres módulos de la discoteca Pachà, concebido inicialmente para ser un equipamiento deportivo (pistas de squash). Muchos edificios construidos en la Pleta de Baqueira, donde tiene la residencia de invierno la familia real, tampoco cumplen la normativa sobre volúmenes máximos edificables. En algunos casos los superan con creces.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 23 de junio de 2002.

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