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Reportaje:

Adefesios urbanos reunidos

Arquitectos y urbanistas describen los efectos del abigarramiento del mobiliario sobre la estética de la ciudad

El horror ha alcanzado su techo en Madrid. En cuanto a estética urbana se refiere, claro. A esta convicción llegaron desde diferentes puntos de vista los arquitectos Vicente Patón y Javier García Gutiérrez Mosteiro, el crítico de arte Javier Maderuelo y el dibujante Máximo San Juan. Todos ellos participaron el martes en un primer debate sobre el paisaje urbano convocado por el Colegio de Arquitectos de Madrid en la sede de su fundación, en la calle de Piamonte, 23. Se trataba de abordar algunos de los grandes problemas y desafíos que la ciudad afronta.

El mobiliario urbano centró el primer coloquio y acaparó la atención de los coloquiantes, familiarizados con el urbanismo y la estética, que desplegaron desde incisivas chanzas hasta demoledora ironía o bien trazos de esperpento para definir de horroroso el aparato supuestamente ornamental con el que muchas calles y avenidas de la ciudad se ven dotadas.

Madrid cuenta con 1.851 hitos de ornato urbano, y sólo 1.319 de ellos son municipales

Sigfrido Herráez, concejal de Vivienda y Rehabilitación Urbana, también arquitecto, confesó compartir algunas de las percepciones de los otros conferenciantes. Pero, por mor de su responsabilidad municipal, describió algunas de las causas que explican la presencia, en zarabanda, de las decenas de objetos que inundan sin orden ni concierto muchas de las principales vías de la ciudad afeándola hasta extremos horrorosos. 'Todos quieren estar en el mobiliario urbano', dijo, en referencia a quienes promueven la presencia de sus productos: señales, farolas, armarios, taquillones, bancos, chirimbolos y numerosos otros objetos.

Previamente, había abierto el fuego crítico Máximo San Juan, quien, con irreverencia, describió Madrid como un paraje desolado por la profusión de objetos inútiles, cuando no perturbadores y casi siempre innecesarios. Fustigó a 'quienes intentan rellenar los huecos urbanos con recetas historicistas', esto es, esculturas o estatuaria basadas en figuras de significación histórica, como las que decoraron durante siglos las principales arterias urbanas europeas.

'Las cosas que pueblan la ciudad deben ser coetáneas de sus gentes', dijo Máximo. 'Recuperar tiempos pasados me parece ridículo', añadió, pese a haber formulado más adelante un canto a un paraje de Madrid arcádico, como él creyó ver en la antigua glorieta de Ruiz de Alda: 'Durante años tuvo dos isletas de césped y tres cipreses excéntricos, todo ello de gran belleza'.

Tras mostrar su apuesta y su añoranza por los árboles, 'que nos regalan sombra, dan cuenta de las estaciones y subrayan la presencia y la memoria humanas sobre el asfalto', pasó el dibujante a resaltar algunas 'rejerías de faralaes' como la que ornamenta la boca de metro de la estación de Gregorio Marañón, 'cuya fealdad', dijo, 'justificaría su dinamitación'.

Después de recomendar a los responsables del ornato público que visiten algunos museos de arte contemporáneo, denunció el frenesí que en la carrera por ocupar el espacio urbano despliegan el Ayuntamiento y los contratistas. 'No sé si con la complicidad, o no, de los arquitectos', añadió.

Sigfrido Herráez, por su parte, subrayó: 'La ciudad no debe ser una foto fija desde el punto de vista ornamental y tanto el mobiliario como la escultórica han de estar de acuerdo con la evolución social de los gustos y con sus cambios'. Se refirió después a que hay algunas actuaciones urbanísticas que no admiten alternativas. '¿Quién es el juez que juzga la estética urbana?', se preguntó. A su pregunta sobre quién habría de determinar la idoneidad de una actuación sobre mobiliario urbano o sobre la estética de la ciudad, él mismo contestó: 'Casi nunca el responsable es el alcalde, que llega a las inauguraciones con una idea ya plasmada, muy mediatizada antes por los promotores del hito urbano propuesto, los técnicos municipales y los concejales del distrito', subrayó.

El concejal de Vivienda y Rehabilitación Urbana brindó datos: 'Madrid posee 1.851 hitos o piezas de ornato urbano, de los cuales 1.319 son de propiedad municipal y el resto, hasta 532 elementos, de propiedad privada o similar'. Precisó además que hay 285 estatuas y 360 grupos escultóricos. 'Habría que reconsiderar alguno de los elementos monumentales de la ciudad', admitió, para matizar luego: 'Hay muchísimas instancias que quieren promover estatuas, desde los agentes comerciales, valga el ejemplo, hasta la comunidad ecuatoriana en Madrid, o familias que desean honrar a un deudo suyo'. Y agregó: 'No es posible satisfacer casi ninguna de tales demandas'. Más adelante remarcó: 'Pese a todo, no hay otra ciudad como Madrid que cuente con una Comisión de Estética Urbana, formada por técnicos, artistas y responsables de la administración, para recoger estas peticiones y tramitar las de mayor interés'.

Javier García-Gutíérrez Mosteiro, arquitecto y anfitrión del acto por parte del Colegio madrileño, anunció nuevos debates sobre arbolado y ruido, para destacar como expresión suprema de la inutilidad de algunas ornamentaciones una fuente de fábrica relativamente reciente, situada en al paseo del Prado. 'La fuente de marras no tiene agua, posee un cartel donde dice Agua no potable y, para colmo, no permite sentarse en los bancos de piedra que la flanquean'.

Por su parte, Vicente Patón, arquitecto, realizó un paseo fotográfico por Madrid, iniciado en Estrecho, no lejos de Cuatro Caminos. Con fina sorna, mostró la proliferación de señalizaciones confusas, coexistentes con otras anteriores y contradictorias, u otros hitos de mobiliario urbano que se han convertido en rotundos obstáculos para la racionalidad y el tránsito.

Especial atención le merecieron esos armaritos o taquillones de contenido variado, generalmente cableado eléctrico, cuya ubicación en medio de vías naturales de paso dificulta angustiosamente el circular de los transeúntes.

Como ejemplo de horror supremo puso vicente Patón la plaza de Quevedo, donde se alinean hasta cuatro taquillones de ese tipo en pleno itinerario vial.

Otro de sus hitos elegidos por su fealdad fue la glorieta de Ruiz-Giménez, en San Bernardo, receptáculo, a su juicio, de casi todos los desatinos mobiliarios. Las descripciones del arquitecto sobre maceteros, pies metálicos de árbol, salvaesquinas, rejas y farolas provocaron la hilaridad de los asistentes.

Por último, el crítico de arte Javier Maderuelo puso de relieve la evolución del ornato en el espacio urbano concebido en el Renacimiento como enseñanza a través de la belleza escultórica, hasta su desmitificación por Baudelaire, con su frase 'la escultura es aburrida', y por Rodin, con su estatua informe de Balzac. Maderuelo habló del secuestro del espacio público de Madrid por un tripleta compuesta por los automóviles, la publicidad y el mobiliario urbano.

Los ponentes asumieron reflexiones del público sobre la necesidad de eludir el debate en términos de buen o mal gusto, para considerar que lo bello siempre es actual. Asimismo, admitieron que el arte figurativo puede cumplir la función de relato artístico que el ciudadano ve interrumpido al culminar su bachillerato.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 16 de junio de 2002