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Entrevista:Salman Rushdie | Escritor | 61ª FERIA DEL LIBRO DE MADRID

'Todos nos convertimos en una historia'

Relajado, contento, siempre de buen humor, Salman Rushdie ha viajado a Madrid para presentar Furia, su novela 'americana', en la que mezcla su autobiografía con la historia de un asesino en serie. Es también una novela triste de emigrantes y desarraigados.

La vida de Salman Rushdie (Bombay, 1947) empezó a cambiar cuando, en 1998, el Gobierno iraní levantó la fatwa (decreto religioso) que había dictado contra él nueve años antes el ayatolá Jomeini. Dejó a su familia en Londres y se fue a Nueva York, donde se instaló en Manhattan y donde se casó con una bella modelo india de 29 años. Atrás quedaban años de cambiar de casa continuamente, hasta 30 recorrió, siempre bajo la protección de la policía británica.

'Furia' es un libro triste, que he querido escribir como si fuera una historia divertida'

'Creo, estoy convencido, de que no se puede volver atrás en la vida'

Algo parecido le ocurre al profesor Malik Solanka, el protagonista de su nueva novela, Furia (Areté); como él, nació en Bombay y estudió en Cambridge. Solanka lleva dentro una furia terrible que viene de muy lejos. Una noche, casi sin saber cómo, se encontró frente a las camas donde dormían su mujer y su hijo con un cuchillo de trinchar carne en la mano. Horrorizado por lo que había estado a punto de hacer, Solanka, al día siguiente, tomó el primer avión para Nueva York sin dejar siquiera una nota de despedida.

Pero la furia no le abandona y, además, se encontrará en Manhattan con otras furias, que conseguirán que pierda el control de sus pensamientos. En noches oscuras, perdido en la amnesia del alcohol, creerá incluso que es el asesino del trozo de hormigón que ha matado a tres jóvenes bellas y ricas de la mejor sociedad neoyorquina. Furia cuenta la dura travesía de este hombre para expulsar los demonios que lleva dentro.

El Rusdhie que pudimos ver el jueves en el cóctel de bienvenida que organizó su editorial no se parece al malhumorado profesor Solanka. Relajado, simpatiquísimo, se acercó a todo el mundo y con todos charló distendidamente. Ayer se sometió con el mismo buen humor y con disciplina espartana a la rueda de entrevistas que le prepararon sus editores.

Pregunta. ¿Recuerda aquel 30 de julio de 1992 en El Escorial cuando el diario Abc anunció que usted asistiría al acto y la policía estuvo a punto de suspenderlo?

Respuesta. Era una época muy dura y desafortunada, que ya ha terminado. Hasta qué punto fue necesaria toda aquella protección y hasta qué punto no, es difícil saberlo. La gente estaba muy nerviosa. Tengo la sensación de que ha pasado mucho tiempo de todo eso. Vivo en la normalidad desde hace muchos años y, excepto cuando hablo con los periodistas, no lo recuerdo, no quiero recordarlo.

P. ¿Cuánto hay de autobiográfico en Furia?

R. Muchos de mis libros tienen una parte autobiográfica. En Hijos de la medianoche, hablaba de mi infancia y de los orígenes de mi familia, aunque los personajes eran diferentes y también cambié muchos elementos de mi vida. Lo que ahora es diferente es que la gente sabe mucho de mi vida.

P. Solanka tiene muchas cosas en común con usted.

R. Esa parte biográfica es evidente. Nació en Bombay, tiene mi misma edad y también se va a vivir a Nueva York. Y allí se enamora de una mujer, con la que vive. Me ha divertido mucho hacer el retrato de la mujer de la que estoy enamorado. Pero eso sólo es un punto de partida de la novela.

P. ¿Sólo un punto de partida?

R. Sí, porque lo que les ocurre a los personajes a partir de ese momento tiene un desarrollo literario, no biográfico. El malhumor de Solanka, su infelicidad, ese episodio en Londres cuando casi asesina a su mujer y a su hijo, o cuando se cree que es un asesino en serie, todo esto es ficción. La forma en que se van desarrollando los personajes tiene muy poco que ver con la vida real. Es extraño, pero hay cosas de verdad que la gente cree ficticias y otras que son inventadas creen que son ciertas.

P. ¿Existe en la realidad la atractiva serbia Mila Milo?

R. Lo concebí como un personaje secundario, que fue tomando vida a medida que avanzaba la novela. No me inspiré en modelo alguno, es totalmente inventada, pero algunas personas están convencidas de que he vivido una historia de amor con una mujer serbia.

P. Solanka es muy crítico con Nueva York, ¿usted también?

R. Él siempre está de mal humor, y yo quería contar Nueva York desde el punto de vista amargado de este hombre. Mi relación con la ciudad es mucho más afectuosa que la suya. Yo estoy muy contento. Manhattan es un buen sitio para alguien que trabaje en las artes; en Manhattan se pueden cruzar todas las fronteras. Puedes encontrarte fácilmente con gente de cine, con músicos, con pintores... En Londres, cada uno está encerrado en su círculo.

P. El gran placer de Solanka es crear muñecas.

R. Este talento creativo está ligado a un pasado oscuro. La creación y el horror surgen de la misma fuente, una fuente que está en el pasado. Solanka ha intentado enterrar sus recuerdos de Bombay, es para él un tema tabú. He conocido a personas así, que han encerrado en un lugar muy profundo recuerdos dolorosos, hasta que llega el momento y esa caja se abre.

P. ¿Son Mila y Neela las que abrirán esa caja?

R. Los nombres riman, ¿se da cuenta? Mila es un personaje de transición que empieza a abrir el corazón de Solanka. Pero no es amor. De alguna manera, es la conexión perdida con una de sus muñecas y ella se presta al juego. La relación con Neela es mucho más profunda. Ella le ayudará a enfrentarse a sus demonios. La cuestión es si el amor podrá superar los demonios

P. La serbia Mila Milo, la india Neela, el afroamericano Jack Rhinehart, el fontanero alemán Schlink, la limpiadora polaca Wislawa... Furia está llena de personajes desarraigados.

R. Es una novela que trata de emigrantes, de desarraigados que transportan su propia historia y que la cuentan compulsivamente, porque hablando de ella existen. Todos nos convertimos en una historia, esto es lo que pasa.

P. ¿Cuál es su historia?

R. Es una historia demasiado conocida. Debería ser mucho menos conocida.

P. ¿Por qué se fue de Londres?

R. Porque me apetecía cambiar. A veces la gente tiene ganas de cambiar. No es un delito, ¿verdad? Siempre quise ir a Nueva York. Tampoco he dejado Londres, tengo un lugar allí y viajo con frecuencia para ver a mis hijos y a mis amigos. Hoy es normal que una persona viva en más de un sitio.

P. Las primeras muñecas, las filosóficas, que crea Solanka se convierten en personajes de moda y se escapan a su control. Llega a odiarlas. Las que crea luego en Nueva York, Akasz Kronos, Zameen, los Reyes Marionetas, que tienen por lema 'Que sobrevivan los más aptos', se hacen superfamosas y acaban por escapársele también.

R. Pero en este caso es mucho más trágico: sus criaturas se convierten en máscaras que se utilizan para una revolución. Las criaturas escapan al poder de Solanka y el resultado es muy dramático, muere Neela, la enamorada de Solanka, con la máscara de Zameen.

P. En Furia hay numerosas referencias al cine.

R. Sucede en toda mi obra. Quizá porque yo nací en Bombay, la gran ciudad del cine.

P. ¿Volverá a vivir en Bombay algún día?

R. No. Me gusta ir a Bombay, pero el Bombay en el que yo crecí ha cambiado mucho. Y, además, creo, estoy convencido de que no se puede volver atrás en la vida.

P. ¿De dónde se siente usted?

R. De un Bombay que ya no existe, me siento del Bombay de los años cincuenta y sesenta, cuando era mucho más feliz y tolerante de lo que lo es ahora. Se ha vuelto oscuro y violento, con conflictos entre los fanáticos hindúes y los integristas musulmanes. Antes, en Bombay nos sentíamos orgullosos de vivir en una ciudad abierta y generosa.

P. Y Londres y Nueva York, ¿siente que pertenece a ellas?

R. Bueno, quizá un poquito.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 15 de junio de 2002