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OPINIÓN DEL LECTOR

Cultura no, tortura

El sábado 11 de mayo asistí con unos amigos a la clausura de Solidària 2002. Hablaban Vicente Ferrer y su esposa Anna. La presidenta, Pilar Mateo, antes de cederles la palabra, habla. Nos dice que acaba de llegar de África: En uno de sus países le han pedido que 'aquí' no hablemos de 'prácticas dañinas' y nombra la ablación. Nos dice, en tono serio y firme, que debemos ser muy respetuosos con otras culturas, que mucho ojo y cuidado con otras culturas y sus costumbres que son centenarias, acaso milenarias...

Desde hace varios años pertenezco a varias organizaciones que tratan de ayudar a mujeres que han pasado por esta terrible experiencia y tratan también de informar y terminar con su práctica. A menudo no he podido terminar de leer lo que ellas cuentan. El dolor comienza en el momento de la mutilación genital, parcial o completa, pero el dolor y el daño físico, psicológico y emocional las acompaña el resto de sus vidas. Muchas de ellas mueren por infección o desangradas.

Esta práctica se realiza con gilettes, vidrios rotos, o en ausencia de estos, he leído, hasta con los dientes. ¿Esto es cultura? No, esto es tortura. Esto es uno de los mayores atentados contra los derechos humanos de la mujer. Hay lugares en nuestro planeta donde a las mujeres no se les dejan ni sus cuerpos; y hay mujeres, en otros lugares, que llaman a esto cultura.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 20 de mayo de 2002