OPINIÓN DEL LECTORCartas al director
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Filosofía despreciada

El sistema educativo es objeto de interés y debate social. Ley de Calidad, Reforma de las Humanidades, LOU, Reforma de la Formación Profesional, etc. son buena muestra del debate que viene suscitándose tanto en el ámbito académico como en el social y político. En este contexto, quiero manifestar mi indignación, como profesional de la enseñanza, por la humillante degradación a la que se ha sometido a la asignatura de Filosofía. La filosofía, asignatura de bachillerato, ha sufrido una injustificada pérdida de horas lectivas (la mitad de las horas que hasta ahora tenía en los programas de bachillerato de la CAV).

Esta medida del Departamento de Educación ha degradado el ejercicio del pensamiento, la reflexión crítica, la cultura humanista y el pensamiento autónomo a la más abyecta de las devaluaciones imaginables. Parece que a esta consejería no le parece formativo el conocimiento de pensadores como Platón, Aristóteles, Ockham, Descartes, Hume, Rousseau o Kant. Constato que desprecia que nuestros jóvenes conozcan, gocen, coincidan o discrepen de Marx, Nietzsche, Wittgenstein, Unamuno, Camus o Foucault. Ahora que, espantados, vivimos cierto revival tardofranquista de sistemas y planteamientos regresivos (la potenciación de la asignatura de religión es el último disparate), vemos cómo la regresión también es practicada por las autoridades educativas de Lakua. Sorprende que en la CAV se refuercen las Humanidades humillando la asignatura de Filosofía. No hay una sola comunidad autónoma en el Estado que empeore la oferta de Filosofía en el bachillerato.

Corren tiempos en los que la reflexión y el humanismo, también en la enseñanza secundaria, están de más. Estamos ofertando una enseñanza castrada y castrante, castrense y uniformizadora, si sobre todo omitimos la formación humanística que la Filosofía, por ejemplo, nos permite trabajar con nuestros jóvenes. En este desconcierto de despropósitos educativos parece que Pilar Del Castillo y Angeles Iztueta se apuntan al 'muera la inteligencia' de Millán Astray en vez de apostar, desde nuestras competencias en materia de educación, por el compromiso educativo real también en Humanidades. Les deseo suerte a ambas en la carrera de quién aplica reformas más regresivas, empobrecedoras y alienantes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 14 de mayo de 2002.

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