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OPINIÓN DEL LECTOR

¿Alguien puede informarme, por favor?

Me gustaría saber cuál es el procedimiento que actualmente se lleva a cabo desde la Delegación del Gobierno para regularizar la situación de los inmigrantes, pero nadie me informa.

Hace menos de dos semanas, el ministro Mariano Rajoy nos brindaba la noticia de que el Gobierno abría una nueva regularización de inmigrantes para legalizar la residencia en el país a aquellos que puedan demostrar que viven en España desde antes del 23 de enero, día en el que se aprobó la Ley de Extranjería de un Gobierno popular en mayoría absoluta; para qué decir más.

Y desde el momento en el que el ministro lanzó al aire este mensaje, todo ha sido un devenir de extranjeros, de colas infinitas a las puertas de la Delegación del Gobierno, de falsas esperanzas, de abandono y desengaño.

Nadie, ni organismo público ni institución, delegación o delegado, ni encargado especial, ni Dirección General de Extranjería saben, hablan, contestan preguntas; nadie sabe nada, y cuando se les pregunta se sienten ofendidos, como si la pregunta fuera un desacato.

Si el Gobiemo no quiere extranjeros en este país, de acuerdo, que no les permita residencia ni permiso de trabajo ni asistencia sanitaria.

Pero, si lo hace, lo mínimo es que informe de en qué consiste un proceso como éste, que ni siquiera se ha convertido en ley para que tuviera cabida la 'flexibilidad' entendida como arbitrariedad, o lo que es lo mismo, subjetividad.

La política ha sido clara: que se enteren de la noticia y del proceso cuantos menos mejor, que los funcionarios tienen que irse de vacaciones en agosto.

¿Ha sido una cortina de humo?La única ayuda viene de parte de los sindicatos, que se dedican a la única labor que su conciencia les obliga a acometer, a aclarar entuertos, a avisar de que la regularización no es un regalo del Gobierno, sino más bien una concesión obligada, que por ello es sólo una salida farrullera e injusta.

A los extranjeros sólo se les dará permiso temporal de residencia, sin opción a poder trabajar y expuesto a ser retirado en el próximo arrebato de Rajoy o cualquier otro emisario gubernamental.

Y, mientras, los abogados privados hacen negocio y cuentan a cientos de miles de rostros desconcertados que es su última oportunidad para ser algo en España, un número más en las comisarías de policía. Son también funcionarios.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 8 de mayo de 2002