Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
EL CONFLICTO EN ORIENTE PRÓXIMO

La cumbre entre Sharon y Bush finaliza sin ningún acuerdo para poner fin a la crisis

El primer ministro israelí acorta su estancia en Estados Unidos tras conocer el atentado

George W. Bush y Ariel Sharon no se pusieron de acuerdo en casi nada. La reunión en la Casa Blanca, de la que se esperaba al menos un acuerdo de principio para fijar fecha y términos a la conferencia internacional sobre Oriente Próximo, concluyó en vaguedades y en unas sonrisas incompatibles con el atentado en Tel Aviv. Cuando recibieron a la prensa para explicar el magro resultado de su encuentro, ni Bush ni Sharon conocían todavía la gravedad de la última matanza. Fueron informados inmediatamente después; las sonrisas se borraron, y el primer ministro israelí, que hoy debía viajar a Nueva York, decidió regresar a su país.

La visita de Sharon a Washington no aportó progresos. Más bien al contrario. El atentado y la incapacidad de dos aliados inseparables, Estados Unidos e Israel, para alcanzar acuerdos en cuestiones tan concretas como quiénes deberían participar en la conferencia, cuáles serían las condiciones para un futuro Estado palestino y, lo más urgente, cómo afrontar las necesidades básicas de los palestinos tras la destrucción de las pasadas semanas, ensombrecieron aún más un panorama sin atisbo de luz.

Lo único que pudieron anunciar el presidente de Estados Unidos y el primer ministro de Israel fue un próximo viaje del director de la CIA, George Tenet, a Oriente Próximo, para "ayudar a reconstruir las fuerzas de seguridad palestinas y unificarlas bajo un solo mando", en palabras de Bush. George Tenet es autor de un plan de medidas de confianza mutua para lograr un alto al fuego que permita el inicio de un proceso de paz en la región.

Por lo demás, la figura de Arafat siguió separando a Bush y Sharon. Ambos le detestan, pero Bush considera que Arafat es el único interlocutor posible en una negociación con los palestinos. Sharon, por el contrario, se niega a negociar con el presidente de la Autoridad Palestina y exige un relevo en el liderazgo. El primer ministro israelí soportó perfectamente, al parecer, las presiones del presidente de EE UU, y regresó a su país sin haber hecho ninguna concesión. La posición del Congreso de EE UU, volcado a favor del Gobierno de Israel y en contra de Arafat, ayudó sin duda a Sharon a mantenerse firme ante Bush.

Ariel Sharon se había entrevistado el lunes con el secretario de Estado, Colin Powell, para hablar de un paquete de ayuda económica a los palestinos. La ayuda, que por parte israelí debía incluir la cesión a la Autoridad Palestina de determinados impuestos ya pactados en Oslo (1993), y por parte estadounidense consistiría en la creación de un fondo especial dedicado a la reconstrucción del aparato administrativo, había de ser el resultado más tangible de la cita en la Casa Blanca.

Constitución palestina

Al término de la reunión, sin embargo, no se habló de ayuda económica. Bush se refirió a la necesidad de que existiera "una Constitución palestina que asegurara las reglas democráticas y un Departamento del Tesoro que luchara contra la corrupción". Sharon no dijo nada.

Las discrepancias entre Bush y Sharon asomaron incluso en la breve conferencia de prensa conjunta, en la que ambos se esforzaron en expresar repetidamente su amistad mutua y su alianza incondicional. Cuando el presidente de EE UU insistió en su idea de que había que proporcionar esperanzas a los palestinos y destacó, entre las principales, la futura creación de un Estado propio vecino al de Israel, Ariel Sharon comentó que resultaba "prematuro" hablar de ese asunto. Había que esperar, dijo, a que Yasir Arafat democratizara su gobierno. Sólo entonces podría empezarse a hablar.

Otro asunto que quedó en el aire fue el de la conferencia sobre Oriente Próximo, convocada para finales de junio, probablemente en Turquía, por el cuarteto que reúne a EE UU, Unión Europea, Rusia y la ONU. George W. Bush siempre dio por supuesto que la conferencia sería internacional, con respaldo de las potencias convocantes y de numerosos países árabes. Sharon, en cambio, insistió ayer, ante la prensa, que se trataría de una "conferencia regional" en la que israelíes y palestinos sólo estarían arropados por los países árabes vecinos. En cuanto al alcance de la conferencia, Colin Powell y sus socios del cuarteto fueron muy claros el jueves pasado, al anunciar la celebración de la conferencia, al manifestar que la reunión debía servir para establecer compromisos y objetivos a largo plazo y que en la agenda debía figurar, a plazo más o menos largo, la creación de un Estado palestino. Sharon, en cambio, quiere limitar la conferencia a los asuntos más urgentes y dejar de lado las cuestiones trascendentales. Ayer repitió esa idea en la Casa Blanca.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 8 de mayo de 2002