Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
REPORTAJE

No hay freno a la violencia doméstica

El aumento de las denuncias judiciales por malos tratos no ha hecho disminuir el número de víctimas

Ningún plan de choque de los dos que ha puesto en marcha el Gobierno desde 1998 contra la violencia doméstica ha conseguido frenarla. Las campañas publicitarias abundan en Europa. Pero nada parece frenar el número de muertes, que en España alcanza una media superior a la de una mujer por semana, y en el Reino Unido, una cada tres días. El caso de Alicia Arístregui, que falleció apuñalada por su marido el 8 de abril en Navarra, después de haberlo denunciado varias veces, nos ofrece todo un manual de aprendizaje sobre errores que la sociedad ha de ir enmendando.

El número de mujeres que ingresa en las universidades españolas es ya mayor que el de hombres. La tendencia va en aumento cada año en favor de las mujeres, según ha hecho público el Ministerio de Educación esta semana. Además, el número de las jueces recién licenciadas supera también al de jueces. Pero la cantidad de mujeres que ingresa en los cementerios asesinadas por sus parejas no disminuye. Con un factor más grave respecto a los años anteriores: los malos tratos se extienden también a las parejas más jóvenes, según señala la Federación de Asociaciones de Mujeres Separadas y Divorciadas. Y con otro factor igual de preocupante: muchas de las fallecidas habían denunciado previamente los malos tratos y el acoso del marido.

'Alicia aguantó 14 años y sólo se separó cuando los hijos veían normal lo del padre'

'Para evitar algunas muertes de mujeres bastaría con ejecutar las leyes que existen'

'No le haré nada, dejádmela sólo un rato', dijo el marido de Alicia antes de apuñalarla

'Los maltratadores dicen que querían mucho a su mujer', relata un psicólogo

El 8 de abril murió Alicia Arístegui a los 37 años en el pueblo navarro de Villaba (9.500 habitantes). Alicia había denunciado a su marido al menos unas diez veces, según la versión de sus ocho hermanos. El caso de Alicia es especialmente interesante porque en él se dan paso a paso casi todos los errores, negligencias y descuidos que suelen concurrir en la muerte de la mujeres previamente maltratadas.

Tan paradigmático y preocupante es el caso de Alicia que el propio presidente del Tribunal Superior de Justicia de Navarra, Rafael Ruiz de la Cuesta, encargó una investigación de oficio en la Fiscalía y los cinco juzgados de Pamplona para ver si se había actuado de forma correcta.

Contra el marido de Alicia pesaba una prohibición de acercamiento a menos de 500 metros.Tras varios días de investigación, el pasado miércoles el presidente del Tribunal dictaminó que de 'cinco denuncias' presentadas en un plazo inferior a dos meses por la propia Alicia 'no era fácil deducir una ulterior acción violenta como la que desgraciadamente tuvo lugar'.

Si los jueces aseguran que actuaron de forma correcta; y la policía local de Villaba mantiene que hizo todo lo que estuvo en su mano; y los ocho hermanos de Alicia la apoyaron en todo momento, ¿qué enseñanzas se puede extraer del caso de Alicia para que el número de 16 mujeres asesinadas por sus parejas en lo que va de año no ascienda a las más de 50 o 60 que van a fallecer en manos de sus cónyuges antes de que termine el año, a un ritmo superior al de una muerte por semana?

¿Qué se puede aprender del caso de Alicia Arístregui?

'Primero, que las mujeres maltratadas callan durante demasiado tiempo', señala el médico forense, autor del libro Mi marido me pega lo normal, Miguel Lorente.

Alicia llevaba 14 años casada. Tenía con su marido un hijo de nueve años y otro de 14. Pero sólo empezó a contarle a su familia las agresiones que sufría hace unos meses. Alicia y su marido, Jesús Gil Peláez salían con dos matrimonios del pueblo. 'Y los dos matrimonios se llevaron las manos a la cabeza. Les parecía imposible lo que había ocurrido. Alicia les decía a veces: 'Tengo el mejor marido del mundo' relata el alcalde del pueblo, Miguel Alfonso Ucar.

'El tipo tenía una doble cara', comenta el alcalde. 'En la calle se comportaba de una manera y de puertas adentro era otro totalmente distinto. Y esa doble cara se reflejó hasta en la forma de asesinarla, según nos contaron los testigos'.

Alicia calló durante mucho tiempo, tapó las agresiones del marido 'porque esperaba cambiarle', según cuentan los hermanos de ella. ¿Pero qué más se puede hacer para evitar tanta muerte anunciada? ¿Cambiar las leyes? ¿Crear una ley general sobre violencia doméstica?

Pilar Dávila del Cerro, presidenta del Instituto de la Mujer cree que una ley general no sería ninguna panacea. 'Es muy probable que este año entren en vigor los juicios rápidos. Y eso va a ser determinante', señala Dávila. 'El agresor será castigado de inmediato y la víctima podrá sentirse más protegida'.

'Basta con hacer cumplir las leyes que existen', sentencia Carmen Larramendi, coordinadora del servicio de atención a la mujer del colegio de abogados de Pamplona. 'No hay una solución mágica a este problema. Pero ¿por qué nunca los fiscales y abogados pedimos dos o tres años de prisión para los maltratadores que incumplen las sentencias de alejamiento. Los jueces se quedan en condenas inferiores a dos años, y claro, en el derecho español si no tienes antecedentes, te suspenden la pena y no vas a prisión'.

'Un forense debe entrevistar al maltratador tras la primera denuncia y determinar si es peligroso', propone el forense Miguel Lorente.

'Nosotros vimos desde el día en que llegó Alicia con su primera denuncia al Ayuntamiento que ella estaba en situación de peligro', comenta el jefe de la policía local Javier Aoiz. 'Y le dijimos: 'En cuanto veas la mínima duda, nos llamas y te ponemos escolta las 24 horas del día. Pero nunca nos llamó'.

'Es verdad que nos resultó muy raro', comenta otra fuente del Ayuntamiento, 'que la policía local se enterase por la propia víctima. Cuando ella ya había acudido a los juzgados de Pamplona. Los juzgados tendrían que haber alertado a la Policía Nacional y los nacionales a los municipales'.

Otra lección: se necesita más coordinación entre las autoridades afectadas: fiscales, jueces, policías... Pero del caso de Alicia aún se pueden extraer más enseñanzas. 'Ella no se atrevió a separarse antes porque se veía incapaz de sacar la situación adelante. A pesar de que tenía trabajo como limpiadora, y había medios para vivir. Pero él le tenía minada su autoestima', continúa su hermano Eugenio.

'El gran error consiste en pensar que la violencia empieza con las agresiones, en vez de asumir que la violencia se inicia cuando el hombre le dice a la mujer una y otra vez 'no vales para nada' y comienza a faltarle al respeto', señala el médico forense Miguel Lorente, autor del libro Mi marido me pega lo normal. 'La violencia psicológica es más sutil que la física, y si cabe, más dañina. Paraliza a la víctima', añade la abogada Ana del Campo, de la Federación de Separadas y Divorciadas.

'Antes de irse de su casa el 1 de diciembre de 2001, mi hermana había caído dos veces por depresión en el hospital', relata Eugenio Arístregui. 'Estaba en tal estado depresivo que no reconocía a la familia. El psiquiatra dijo que ella tenía un sufrimiento derivado de su convivencia. Pero Alicia lo ocultaba todo. Y lo único que la llevó a decidirse, lo único que de verdad la llevó a dar el paso de la separación fueron sus dos hijos de nueve y 14 años. Ella vio que los niños estaban reproduciendo la conducta del padre. Le llamaban loca y lo único que les faltaba ya era agredirla'.

El marido de Alicia siguió el camino marcado por tantos maltratadores asesinos: 'Cuando ella se separó de él, el tipo se despidió del trabajo, con tal de no pasarle la manutención', comenta Eugenio. 'Ella tenía la custodia de los chiquillos, pero él los tenía comprados . Cuando no era con una bici con el móvil de última generación'.

Hasta un mes después de mudarse ella a la casa de su madre, de 73 años, Alicia no empezó a contar el gran trauma de sus 14 años de matrimonio: 'Que le pegaba, que ni la dejaba ir con la familia, ni con las amigas, que a veces dormía en el balcón...'

'El 9 de enero él llamó a mi hermana con el pretexto de que quería arreglar las cosas por las buenas [de nuevo se repite el guión]. La llevó al camino de Urbi, un sitio apartado del pueblo. Le dijo que quería el piso y la custodia de los hijos. Le dijo: 'Y si no, mato a tu madre, te mato a ti y después me pego un tiro'.

'Los maltratadores', explica el médico forense José Miguel Lorente, 'amenazan con un fin claro: que la mujer vuelva. Ellos, en su fuero interno creen que ella volverá, que no se vale por sí misma. Y cuando comprueban que no es así, es cuando pasan a la agresión directa. Por eso, la mayor parte de las asesinados lo son en el momento de la separación. Esos meses en que el proceso judicial se alarga eternamente'

'Ése mismo día en que amenazó a mi hermano, se llevó a los niños por la tarde y le sacó a un hermano nuestro un cuchillo. Entonces mi hermana acudió por primera vez a la policía y entonces sí, entonces lo contó todo, el martirio de su convivencia. El juez decretó los 500 metros de distanciamiento. Lo detuvieron y a los tres días lo dejaron en libertad. A los tres días, él ya estaba merodeando alrededor de Alicia'.

'El 16 de enero ella le puso la primera denuncia porque incumplió lo del distanciamiento. Después vinieron otras tres o cuatro por el mismo motivo, cinco o seis por la custodia de los niños que se los llevaba o traía, tres o cuatro que le pusimos los hermanos por amenazas de muerte que nos hacía. Una vez él acudió al pueblo de al lado, a un kilómetro de Villaba, y se quiso acercar a ella disfrazado de encofrador, con un martillo de esos grandes, con la clara intención de matarla. Pero al ver a uno de nuestros hermanos salió corriendo' relata José Mari Arístregui.

'Ella tenía un pánico de película de miedo', continúa José Mari. 'Él tiene un Seat Toledo granate. Y cada vez que mi hermana veía un coche de esos se encogía, se paralizaba y se te pegaba al brazo. Tres días antes de morir le dijo a uno de los hermanos que si le pasaba algo a ella que si hiciera cargo de sus hijos'.

En las películas de terror el homicida suele atormentar a la víctima de día y perseguirla hasta matarla de noche. En el caso de Alicia, el crimen sucedió en plena calle, en una estación de autobús, y a las nueve de la mañana.

Javier Aoiz, jefe de la Policía Local de Villaba resume los hechos: 'Ella estaba en la parada con un matrimonio amigo. A pesar de que él tenía prohibido acercarse a más de 500 metros, se acercó amenazante, con un cuchillo. Ella se metió en el coche del marido de la amiga. Y la amiga lo agarró a él por el brazo', añade el alcalde. 'Y aquí es dónde se ve la doble cara que siempre mantuvo él con la gente. Hubo un momento en que Patricia, la amiga de Alicia, le dijo: 'Jesús, suelta el cuchillo que te vas a perder'. Y él, entonces, dejó de forcejear y de intentar sacarla del coche, cambió la cara por completo, como si no pasara nada y dijo: 'Si no le voy a hacer nada, dejádmela sólo un rato'. Entonces el marido de Patricia le dijo: 'Vale, pero sin cuchillo'. Y ahí fue cuando el tipo le pegó un empujón a Patricia, sacó a Alicia del coche y le pegó tres puñaladas. Ahora todo el mundo estamos preguntándonos si pudimos hacer algo más. Desde el marido de Patricia, hasta la propia amiga y nosotros en el Ayuntamiento'.

'Nosotros también', comenta Eugenio, uno de los hermanos de Alicia: 'nos preguntamos si podíamos haber hecho más. Habíamos planeado poner carteles por las calles para que la gente lo reconociera y estuviese alerta. Pensamos en ir a la tele'.

Los maltratadores suelen asegurar que quieren mucho a sus parejas y a sus hijos, pero entonces ¿por qué llegan a matarlas y dejar huérfanos a sus hijos? Para responder a ésa y a otras preguntas Instituciones Penitenciarias está elaborando un estudio que emprendió en octubre en ocho cárceles con decenas de maltratadores. 'Les hacemos escribir una carta a la víctima en la que ellos traten de explicarse ante la mujer', explica una de las psicólogas a cargo de la investigación. 'Y todos concluyen en que querían a sus mujeres y siguen queriéndola. Un amor patológico, erróneo, pero no reflejaban nada de odio, al revés. Todos dicen que han sufrido muchísimo. Y que han han estado sin dormir cantidad de noches y llorando como una magdalena después de escribir la carta. No se justificaban en ningún momento. Partían de que ellos tenían la culpa'.

¿Y creen los psicólogos que cuando salgan de la cárcel, los maltratadores no van a seguir maltratando a sus nuevas parejas?

'No podría asegurar que no', comenta uno de los psicólogos penitenciarios de Nanclares de Oca. 'Porque hay falta de autocontrol, ideas equivocadas sobre la mujer, autoestima muy baja. Pero, de todas formas es una mejora, una ventaja. A alguno seguro que le surte efecto este programa'.

La mayoría de los expertos en violencia doméstica aseguran que el machismo milenario perdurará durante años y no será fácil evitar los malos tratos a corto plazo. ' A lo mejor el hombre no va cambiar de forma rápida y visible su conducta, pero lo que sí podemos cambiar es que la mujer soporte cada vez menos la violencia. Porque con la violencia sucede los que escribió George Arnaud en un libro de viajes: 'Que nadie busque en este libro referencias geográficas exactas. Por ejemplo: Guatemala. No existe. Lo sé. He vivido allí'. Y hay que lograr que se denuncie, que no tapen a los maltratadores años y años'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 28 de abril de 2002