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Crónica:La jornada de Liga | FÚTBOL

El Barça se complica la vida

El Celta reencuentra a Mostovoi y Gustavo López la noche en que los necesitaba frente a un rival víctima del infortunio

Por si no tenía ya suficiente enjundia la esperada semifinal europea contra el Real Madrid, el Barcelona volvió ayer, en el campo de Balaídos, a complicarse la Liga y cedió al Celta su puesto entre los cuatro primeros de la tabla, los que jugarán el próximo año la Liga de Campeones. El Barcelona salió del terreno vigués acosado por las malas noticias: vencido, con Rivaldo otra vez cojo y con Puyol casi seguro fuera de combate para la cita del martes, que cada vez se convierte más en el último madero al que aferrarse para huir del naufragio. Quizá no merecía tanto infortunio el cuadro de Carles Rexach, que incluso con dos goles en contra tuvo entereza para luchar contra la corriente. Pero al Celta le bastó la eficacia de sus joyas, Mostovoi y Gustavo López, que andaban decaídos, pero aparecieron la noche en que su equipo los necesitaba.

CELTA 2| BARCELONA 1

Celta: Cavallero; Méndez, Cáceres, Sergio, Silvinho; Vagner (Giovanella, m. 22), Luccin; Karpin (Gustavo López, m. 55), Mostovoi, Jesuli; y Catanha. Barcelona: Bonano; Puyol (Reiziger, m. 34, Christanval, Abelardo, Motta; Rochemback, Xavi; Gabri (Geovanni, m. 62), Rivaldo, Luis Enrique; y Saviola (Overmars, m. 62). Goles: 1-0. M. 24. Centro de Cáceres desde la derecha, Christanval llega tarde al despeje, Catanha tampoco es capaz de controlar y la pelota, de frente a la portería, le cae a Mostovoi, que no tiene más que empujarla. 2-0. M. 61. Falta al borde del área que Mostovoi saca en corto para Gustavo López, cuyo remate entra tras pegar en Xavi. 2-1. M. 89. Centro de Overmars desde la izquierda que cabecea Rivaldo. Árbitro: Esquinas Torres. Amonestó a Vagner, Gabri, Luis Enrique, Sergio, Juanfran y Christanval. Lleno, unos 31.000 espectadores, en el estadio de Balaídos.

El partido empezó en tierra de nadie y por ahí fue transitando hasta que el primer gol del Celta, mediada la primera parte, rompió el anodino equilibrio. Al Barcelona no le venía mal el empate, que mantendría a raya a su rival. Así, sucumbió a la tentación de gestionar el resultado: salió bastante contemplativo, dispuesto a ceder la pelota al contrario para buscar algún contragolpe que pudiese gestar Xavi en el centro del campo y lanzar el recuperado Rivaldo, con muchas ganas de protagonismo.

Pero el Celta también actuó con cautela y no aceptó con demasiado entusiasmo la invitación del Barcelona. Aunque apretó un poco más arriba, no se decidió a soltar el freno de mano. Como los pasadores de los dos equipos tampoco hallaban pasillos hacia el área, el encuentro se fue aplanando y derivó en un peloteo horizontal, con los dos contendientes medio atascados.

El Barcelona se percató de que el conjunto vigués no pegaba con mucha energía y empezó a soltarse poco a poco. Xavi abrillantó el juego en el centro del campo y el brasileño Rivaldo creó problemas cada vez que recibió de frente a la portería. Saviola, un tanto aislado, apareció menos, aunque siempre apuntando algún detalle.

Y justo cuando el Barcelona parecía coger el aire al encuentro, llegó el tanto local. La sorpresa del día de Rexach había sido la inclusión de Motta en el lateral izquierdo y por allí vino, aunque es verdad que la jugada tuvo bastante de carambola y que fue Christanval el que más trabajó para el adversario en esa acción. El jugador francés se tragó un centro de Cáceres al que tampoco llegó Catanha, enemistado con la pelota. Entre tanta confusión, surgió Mostovoi, uno que no suele hacer concesiones.

Rivaldo pudo arreglar las cosas un rato después, cuando dispuso de un mano a mano ante Cavallero facilitado por un magnífico pase de Motta, pero el portero estuvo espléndido lanzándose con los pies al suelo para evitar su remate.

El equipo gallego se ha curado ya de su antiguo romanticismo y, con el marcador favorable, pasó el timón al Barcelona y se entregó al contragolpe. Dio ciertas facilidades atrás, sobre todo en los balones aéreos, que creaban siempre un incendio en su defensa. Pero al Barcelona, que tampoco jugó mal en esos momentos, le faltó vigor dentro del área, cierta clarividencia en el último envío y más empeño para intentarlo por las bandas.

El encuentro, con todo, se balanceaba de un hilo, pendiente de caerse hacia un lado o hacia el otro en cuanto algún acontecimiento quebrase el equilibrio. Y ese episodio llegó poco después del descanso, en otra acción en la que el Barça no anduvo sobrado de fortuna: el remate de Gustavo López pegó en Xavi y descolocó a Bonano.

El entrenador del Barcelona, no se sabe si pensando en la Liga o en la Copa de Europa, el martes en su terreno prescindió entonces del argentino Saviola y, tras mucho tiempo, retornó a los extremos.

La entrada de Overmars y Geovanni aceleró el juego del conjunto azulgrana y sus ocasiones se sucedieron. El Barcelona tuvo incluso el detalle heroico de que Rivaldo se mantuviese en el campo con una visible cojera, que no le impidió cabecear a gol con el tiempo casi acabado. Demasiado tarde para torcer el destino de un club que parece condenado a jugarse el curso contra el Real Madrid.

Los jugadores del Celta hacen una piña tras su primer gol mientras Christanval personifica el desaliento.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 21 de abril de 2002